Francisco Porrúa, leyenda editorial, a dos años de su muerte

Francisco Porrúa, editor de obras esenciales como “Cien años de soledad”, de Gabriel García Márquez, o “Rayuela”, de Julio Cortázar, así como de narraciones fantásticas de J. R. R. Tolkien y Ray...

Francisco Porrúa, editor de obras esenciales como “Cien años de soledad”, de Gabriel García Márquez, o “Rayuela”, de Julio Cortázar, así como de narraciones fantásticas de J. R. R. Tolkien y Ray Bradbury, es recordado a dos años de su muerte, ocurrida el 18 de diciembre de 2014.

Paco Porrúa, como se le conocía, nació en 1922 (se desconoce el día exacto) en Corcubión, un pueblo costero de Galicia pero por circunstancias familiares, se trasladó a Comodoro Rivadavia, al otro lado del Océano Atlántico. Nueve años después su madre enfermó y se vio obligado a regresar a su país natal.

La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes detalla que cuatro años antes de iniciar la Guerra Civil en España, Porrúa viajó a La Patagonia, donde permaneció por un corto período hasta trasladarse a Buenos Aires, Argentina, donde estudió Filosofía y Letras.

Inmerso en temas de ciencia ficción, el editor quedó impresionado tras leer un artículo en la publicación “Les temps modernes”. Después de este episodio, el escritor tomó la decisión de fundar “Ediciones Minotauro” (1954), la cual se convirtió en referente del género en idioma castellano.

De acuerdo a un texto publicado por la Universidad de Guadalajara en el sitio “www.fil.com.mx”, un año después de la creación del proyecto, se publicó el primer título “Crónicas Marcianas”, de Ray Bradbury, con prólogo de Jorge Luis Borges.

En 1957, Francisco Porrúa fue nombrado asesor de la Editorial Sudamericana, fundada por argentinos y españoles radicados en Buenos Aires. Actualmente es un sello del grupo Penguin Random House. En 1962, se convirtió en director literario de la compañía, hasta 1972.

Durante el período que estuvo al frente, se publicaron las primeras ediciones de “Las armas secretas” (1959), “Los premios” (1960) y “Rayuela” (1963), de Julio Cortázar. Así como “Cien años de soledad” (1967).

También rescató los trabajos olvidados del poeta argentino Leopoldo Marechal (1900-1970) y el novelista Adán Buenosayres (1900-1970), así como de Sergio Pitol, Álvaro Mutis, Alejandra Pizarnik, Antonio Cisneros, Alberto Girri, Hector Bianciotti, Juan José Saer, Severo Sarduy, Clarice Lispector, Antonio Skármeta y Manuel Puig.

En el área académica, editó volúmenes de filosofía como obras de profesores latinoamericanos y de la escuela de Frankfurt. Se dedicó a la tarea de traducir y en ocasiones utilizaba pseudónimos como: Francisco Abelenda, Ricardo Gosseyn, José Valdivieso y Manuel Figueroa.

Entre 1957 y 1964 redactó numerosos artículos para revistas y periódicos argentinos sobre ciencia, música y literatura. En 1973 dejó la Editorial Sudamericana y cuatro años después se instaló en España como director literario de Edhasa y continuó a la cabeza de Minotauro.

En este período presentó “El Señor de los Anillos” (1977), de J.R.R. Tolkien y obras de J.G. Ballard, Philip K. Dick, Angela Carter, Doris Doris Lessing, Gore Vidal, William Burroughs, Kurt Vonnegut, William Gibson, Anthony Burgess, William Golding, Arno Schmidt, entre otros.

Bajo el sello de Edhasa introdujo en España la novela histórica con piezas de John Steinbeck, Robert Graves, Gore Vidal, Marguerite Yourcenar, y editó los “Aforismos” de G. Lichtenberg. En 1992 fundó la editorial Interzona que en 2004 anunció la publicación de una antología temática de Julio Cortázar.

Su papel como editor de Sudamericana, sello del cual fue Gerente General, fue crucial para que miles de lectores en el mundo conocieran a Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, Manuel Puig, Alberto Girri, Juan José Saer y Alejandra Pizarnik, entre otros, señala “elclarín.com”.

Asimismo, rescató del olvido a Leopoldo Marechal y tradujo al español la maravillosa trilogía de Tolkien, “El Señor de los Anillos”. Autores y obras que dieron forma al imaginario de varias generaciones hispanohablantes.

Estuvo casado en tres ocasiones y procreo dos hijos –Antonio y Sebastián- y un pequeño nieto que conoció y disfrutó durante un año.

El Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) -ahora Secretaría de Cultura federal- Francisco Porrúa llevó a cabo una nueva forma de editar literatura de ciencia ficción.

Además, contribuyó a ampliar de manera significativa el número de escritores del género que llegaban al público lector y que los volvió populares. Estos dos aspectos se resumen en su forma de editar libros.

Porrúa fue reconocido con el Mérito Editorial en 2003, que concede la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Obtuvo el Premio Gabriel a la Labor de una Vida en 1999, otorgado por la Asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror. Y el reconocimiento por 30 años de dedicación al género, de Editoral Gigamesh.

El 18 de diciembre de 2014, medios internacionales dieron a conocer la muerte de Francisco Porrúa, a los 92 años de edada, víctima de una neumonía que lo tuvo internado en un hospital de Barcelona durante tres semanas.