Mujeres latinas en Toronto bordan para contar sus historias

Como parte de una campaña contra la violencia hacia la mujer, en Toronto se realiza el taller “Arpillera”, en el que las madres afectadas cuentan sus historias mientras bordan un lienzo alusivo a su...

Como parte de una campaña contra la violencia hacia la mujer, en Toronto se realiza el taller “Arpillera”, en el que las madres afectadas cuentan sus historias mientras bordan un lienzo alusivo a su proceso de sanación emocional.

El taller es auspiciado por la asociación Counterpoint, que apoya a familias que han enfrentado situaciones de abuso dentro del núcleo familiar y atiende a padres enviados por la Corte a hacer talleres educativos sobre la dinámica de abuso que sufrieron.

La psicóloga Claudia López explicó a Notimex que las arpilleras se hicieron famosas luego que durante la dictadura de Augusto Pinochet, en Chile, un grupo de mujeres bordaba piezas con ropa de los desaparecidos políticos y en la parte de atrás escondía la historia de éste.

Estas arpilleras eran vendidas a Amnistía Internacional y así se conocían las historias de las víctimas del dictador Pinochet, que derrocó al presidente Salvador Allende y gobernó Chile por 17 años (1973-1990).

Las inmigrantes chilenas trajeron a Canadá el arte de las arpilleras, el cual ayuda a sanar las heridas del pasado.

Estas mujeres se reúnen cada semana para hablar de sus situaciones de abuso, en el pasado o en el presente, mientras bordan sus cuadros de yute con vivos colores, inspiradas en las arpilleras realizadas por la fallecida cantante y poetisa chilena Violeta Parra.

“Cuando trabajamos en algo artístico o deportivo el cerebro se conecta con las manos y produce una hormona que nos hace sentir bien, y la arpillera tiene eso”, afirmó la psicóloga López, coordinadora del taller.

Agregó que la forma en que las arpilleras ayudan a estas mujeres es que mientras bordan cuentan sus historias de violencia, y crean un arte que “promueve cambio y sanación”.

El programa Arpillera ha sido aplicado en Toronto en varios centros comunitarios en los últimos 15 años.

“Legalmente las mujeres usan sus arpilleras en sus casos de refugio para mostrar las historias y atropellos de los que vienen escapando de sus países; también la usan como evidencia en la corte criminal para mostrar el impacto de la violencia en ellas y sus hijos”, acotó.

López añadió que las arpilleras les enseñan a “compartir sus dolores, pero también sus alegrías, a crear límites sanos y entender cómo la violencia las ha impactado”.

Para “María”, quien prefirió mantener el anonimato por razones de seguridad, este taller es de beneficio para todas las mujeres que han sufrido abuso o traumas.

“Me siento bien, esto me ha ayudado a sacar cosas escondidas de mi vida que no quería que nadie supiera, pero que al final me estaban haciendo mucho daño y era necesario sacarlas”, expresó.

La facilitadora del taller, Blanca Alvarado, dijo que el grupo de arpilleras no sólo busca que las mujeres sanen sus heridas emocionales, sino también empoderarlas para que salgan adelante en la vida.

“Aquí las mujeres aprenden a conocerse, a quererse, a descubrir su potencial y lo que necesitan para seguir adelante con su vida, cómo enfrentar los desafíos que se les presentan aún en Canadá”, manifestó Alvarado.

Las arpilleras que hizo famosas Violeta Parra, las mismas que se volvieron un arma de denuncia política durante el pinochetismo, ahora son confeccionadas en Toronto por manos latinas para promover una tradición, sanar heridas emocionales y plasmar nuevas metas.