“La gran pompa”, clown, acrobacias y mucha diversión sin palabras

Un hombre con sombrero de copa, frac y un pequeño tambor aparece en escena junto a un clown vestido de blanco y tocando una gran trompeta. Juntos se colocan al centro y saludan de manera cordial...

Un hombre con sombrero de copa, frac y un pequeño tambor aparece en escena junto a un clown vestido de blanco y tocando una gran trompeta. Juntos se colocan al centro y saludan de manera cordial; miran al público y les regalan una interpretación divertida con sus instrumentos.

Se trata de “La gran pompa” que esta tarde ofreció el espectáculo “Par de comodines”, en el que mezclan comedia visual y artes circense para entretener al público, al cual hacen partícipes de su locura.

Divida en actos, la representación continúa cuando el hombrecillo con cabello alborotado invita a un caballero que se encuentra entre los asistentes para que haga malabarismo a su lado. Ambos suben al escenario y con dos pelotas azules comienzan a jugar.

Tras terminar de lanzar las bolas en el aire, el comediante despide y comienza a sacar de su sombrero las pertenencias de éste, cartera, llaves, celular y hasta un calcetín.

Para continuar con el malabarismo, sale el “clown” blanco para experimentar con más pelotas, mientras su compañero lo ayuda con una gran bolsa morada con la que atrapa las esferas que se le puedan escapar a su amigo.

La más grande de ellas es lanzada al público, que asustado se agacha para después darse cuenta de que una liga la detuvo.

Risas y aplausos se escuchan mientras los comediantes realizan sus actos sin decir una sola palabra, gestos y ruidos son lo único que emiten. Acompañados por las pistas musicales que le dan un toque especial a sus travesuras.

Un bastón que se suspende en el aire y un sombrero que se mueve mágicamente sin ningún contacto físico son los elementos que utilizan para su siguiente acto, en el que terminan golpeándose con el palillo de madera hasta romperlo.

En el siguiente acto, con agilidad, el hombrecillo mantiene un plato de cerámica sobre sus manos y brazos sin dejarlo caer, con cara de angustia el “clown” blanco observa la astucia de su compañero para después quererlo imitar pero no lo logra y termina haciendo pedazos la pieza.

Con armonía y chiflando barre los restos que están esparcidos en el piso.

Como buenos personajes circenses no les puede falta la acrobacia, así que aparecen con una gran colchoneta marrón y ambos vestidos con shorts y medias para llevar a cabo la función.

Juntos hacen figuras con sus cuerpos, muestran sus músculos y hacen travesuras con unas cintillas que portan en la cintura.

Previo al último acto, el “clown” blanco aparece con una sombrilla, mientras juega con ella aparece una pequeña pelota azul y él la adopta y la alimenta.

Al poco rato surge un dulce pequeño como y el artista lo devora. Luego encuentra una bola más grande y a continuación el dulce es más grande también.

Se da cuenta que entre más grande sea la pelota, él podrá obtener una recompensa mayor, así que se deshace de su primera adquisición y busca una gigante. Para su sorpresa, el único premio que le dan es de vuelta su pequeña esfera. Como moraleja, mira a todos los asistentes y abraza a su objeto.

Finalmente el dúo se despide con una pantomima más, intentan atravesar con una flecha una manzana colocada sobre la cabeza del hombrecillo despeinado. Él intenta evitarlo comiéndose la fruta hasta que le ponen un globo con agua que lo deja empapado.