De maestro de matemáticas en Haití a “viene-viene” en México

Los ojos de Esdras Olivier, un haitiano políglota, revelan su entusiasmo al hablar acerca de sus planes cuando cruce a Estados Unidos; mientras tanto, vive su realidad momentánea al desempeñarse como...

Los ojos de Esdras Olivier, un haitiano políglota, revelan su entusiasmo al hablar acerca de sus planes cuando cruce a Estados Unidos; mientras tanto, vive su realidad momentánea al desempeñarse como un “viene-viene” en Tijuana.

Apostado en el carril que le ha sido asignado por quienes administran el estacionamiento donde labora, Esdras acepta charlar con los reporteros de Notimex, y combinando los cuatro idiomas que habla, se hace entender al exponer sus planes e inquietudes.

Él es uno de los miles de ciudadanos provenientes de Haití que, bajo la promesa de recibir una visa para cruzar a Estados Unidos, recaudó el dinero para llegar a esta frontera, a unos pasos del país en el que aspira radicar y hacer vida.

No lamenta su actual situación económica, pero tampoco se explaya en el optimismo, sabe que el trabajo de “viene-viene” o “franelero” como se le conoce en México a quienes auxilian a los conductores de automóviles a estacionarse, es temporal y vendrán mejores días.

De hecho, en su charla con los reporteros de Notimex, Esdras responde a la pregunta en cuanto a su ocupación en su natal Haití, “maestro de matemáticas”, dice sin más, pero consciente de que en su paso por Tijuana será difícil aspirar a una plaza como docente.

Tan lejano está su país y su familia que, admite, vive una situación difícil si se habla de cuestiones económicas. Esa situación es justo la razón por la que Esdras decidió emigrar hace dos meses de su país y el norte es su objetivo, concretamente Estados Unidos.

La aventura, sin embargo, no ha sido fácil; el español no es el mejor idioma que habla, aunque se hace entender pues a diferencia de su amigo y compatriota Phillipe, con quien comparte los carriles del estacionamiento, él no pasó por República Dominicana.

Esdras, luego de salir de su país, llegó a Brasil, en donde por las circunstancias tuvo que aprender a hablar portugués, ya que en Haití dominó el idioma que ahí se habla, el francés, así como el inglés, en el cual se instruyó en la escuela.

Tiene la ventaja de convivir con otros haitianos en el albergue del Ejército de Salvación en la Líber, en donde ha sido recibido y además, en especial con Phillippe, comparte también el trabajo en el estacionamiento de una tienda de autoservicio.

Esdras y Phillippe comparten parte de las ganancias (15 pesos diarios de cuota) con el sindicato de acomodadores de autos, y obtienen 200 pesos cada día (unos 11 dólares estadunidenses), algunos días unos pesos más, otros, unos menos.

“Ahorro lo más que puedo” comenta Esdras con los reporteros, aunque confiesa que lo poco que gana depende de la buena voluntad de los marchantes que acuden a adquirir su despensa en el mercado o que llegan a otras de las tiendas instaladas en esa plaza.

Luego de salir de Brasil, Esdras viajó por Perú, Ecuador, Colombia, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras y Guatemala, para entonces llegar a México, país que atravesó para llegar a Tijuana, en donde espera con paciencia la fecha de su entrevista.

Esdras tiene su cita con las autoridades estadunidenses el próximo 10 de diciembre, un mundo de tiempo para él, porque ansía llegar a Estados Unidos, en donde un tío y una tía son residentes y lo alojarán mientras se instala y logra un buen trabajo.

El plan siguiente es traer a su esposa y sus dos hijos, quienes por las circunstancias propias tuvieron que quedarse en casa, mientras el jefe de la familia busca acomodo y mejores condiciones para cada uno de los que componen su núcleo familiar.

En ese sueño y aspiraciones, Esdras no pierde ni la compostura ni la elegancia, y cuando los reporteros de Notimex buscan tomar imágenes de su desempeño como “viene-viene”, el haitiano pide tregua, esperar otro día para traer sus mejores ropas.

“Tengo unos mejores zapatos, una mejor camisa y un mejor pantalón”, dice de manera enfática y pide se le permita ir al albergue donde se hospeda y cambiarse de ropa, para entonces sí, ser fotografiado y grabado en video.

Además de su pulcritud en el vestir, Esdras Olivier busca mantener bien definidos sus objetivos y una vez que cruce a Estados Unidos, desempeñarse en ese país como maestro de matemáticas en alguna escuela, aprovechando sus conocimientos del idioma inglés.

Una cosa que no quiso ocultar Esdras es que le cuesta mucho trabajo acostumbrarse a la comida mexicana y sus platillos, todos acompañados con tortilla, “a mí me gusta el arroz, el pollo y la banana (plátano), pero no la tortilla”.

En tanto que manos piadosas le extienden la propina por su trabajo, Esdras es acogido por Salvador Hernández Valenzuela, un nativo de Ciudad Juárez, que al igual que los haitianos, aunque en circunstancias diferentes, han llegado a esta frontera.

Salvador es un migrante mexicano que no hace mucho fue deportado de Estados Unidos y aunque por algún tiempo aspiró al retorno, ha decidido quedarse en México y cada día le representa un esfuerzo para ahorrar y, con el tiempo, poner un expendio de comida.

Cualquiera que sea el derrotero de la vida de Esdras, se ha adaptado a este momento, y a sus 35 años de edad sigue con su silbato orientando a los compradores cuando llegan o salen del centro comercial en el que por ahora trabaja.