Grafiti y muralismo, diferencia marcada por autoridades en Guatemala

Las calles del centro y de barrios antiguos de la ciudad de Guatemala se muestran al ciudadano entre pintas atribuidas a pandillas juveniles y murales elaborados por artistas y estudiantes de artes...

Las calles del centro y de barrios antiguos de la ciudad de Guatemala se muestran al ciudadano entre pintas atribuidas a pandillas juveniles y murales elaborados por artistas y estudiantes de artes plásticas.

De acuerdo con funcionarios del gobierno capitalino, el grafiti es “una práctica nefasta, bastante generalizada” en barrios considerados “rojos” por la actividad de la delincuencia, generado por pandillas juveniles o “maras”.

Los “mensajes” de este tipo de grafiti urbano que abundan en paredes de barrios peligrosos se limitan a símbolos, figuras o frases de las mayores y más temidas pandillas como la “Mara 18” o la “Mara Salvatrucha”.

Eunice Vásquez, una universitaria egresada de la carrera de Arte, afirma que las autoridades de Educación y de la capital no apoyan a los jóvenes y, en vez de orientar a los grafiteros, los reprimen y acosan con la fuerza pública.

Los llamados grafiteros “tienen cierto talento que las autoridades deberían de estimular y de encaminar y no perseguirlos y castigarlos porque entonces agravan el problema social y no dejan opciones a los jóvenes que utilizan las calles y muros para expresarse”, afirma.

El grafiti que hacen muchos miembros de maras “es abusivo, invasivo, visualmente feo. Son pintas con letras raras, figuras grotescas que solo manchan las paredes”, explica.

Considera sin embargo que si estos jóvenes recibieran orientación, algún curso de pintura, alguna asesoría académica, la situación mejoraría y se “rescataría” a los grafiteros considerados ahora como vándalos.

“A veces son preciosas las cosas que hacen, son patojos muy pilas (adolescentes y jóvenes inteligentes y activos), pero cabalmente no tiene mucho sentido las cosas que realizan. Son pintas que no dicen nada, lo único que transmiten es lo deplorable que está el país”, sostiene Vásquez.

Antonio Nájera, joven artista universitario egresado de la Escuela Municipal de Pintura, aclara que en su caso “no se dedica al grafiti”, sino a pintar murales callejeros por medio de contratos con el gobierno capitalino.

“La Municipalidad nos busca y nos contrata para realizar murales como una manera de expresión de arte popular y urbano”, explica el pintor, quien baja del andamio y hace una pausa para hablar con Notimex.

Junto con otros dos colegas pintores se encargan de plasmar la obra de reconocidos artistas plásticos en un mural en la décima calle y octava avenida del Centro Histórico, a una calle de la sede del Congreso Nacional.

En una pared del estacionamiento del Palacio Legislativos, donde ubican sus vehículos los “padres de la patria (diputados)”, pintaron “La Arboleda” que pretende unir los trazos del dibujo con las ramas de árboles reales que sobresalen en cada lado de la barda que hace esquina con las dos calles.

“La diferencia es que el grafiti está fuera de la ley por invadir y marchar paredes o fachadas de propiedades privadas. A nosotros nos contratan para hacer murales y de alguna manera llevar el arte a las calles”, asevera.

Nájera, quien hace la observación de que el mural que realiza se hizo sobre una pared manchada con grafiti –del que todavía hay huellas en la parte baja de la barda-, asegura que la gente respeta los murales y no los mancha.

Estima como un acierto que las autoridades capitalinas apoyen las manifestaciones culturales y que en este caso destinen recursos para la compra de materiales y contratación de artistas del mural, “muy apreciada a partir de los maestros mexicanos muralistas”.

De esta manera, mientras las autoridades apoyan el arte y a los jóvenes artistas, pareciera que no existen políticas públicas para acercarse con grafiteros, especialmente de pandillas, quienes son perseguidos penalmente por “manchar” casas y fachadas.

Según fuentes de la policía, en algunos barrios de la capital y del interior del país considerados “rojos” -por el alto índice de delincuenci-a, las “letras y símbolos raros” plasmados en una pared significan el aviso de extorsión para el negocio o la casa elegida.