Analizan especialistas literatura infantil y políticas públicas

Bajo la premisa de que el diálogo es la mejor forma de atrapar al lector, el escritor mexicano Andrés Acosta inició uno sobre literatura juvenil contemporánea, a partir de un cuento-ensayo de su...

Bajo la premisa de que el diálogo es la mejor forma de atrapar al lector, el escritor mexicano Andrés Acosta inició uno sobre literatura juvenil contemporánea, a partir de un cuento-ensayo de su autoría, en el Teatro Julio Castillo, donde se realiza el Congreso Iberoamericano de Lengua y Literatura Infantil y Juvenil (CIELIJ).

Dos chicos discuten sobre literatura mientras viajan en el tren suburbano. Uno opina que los libros canónicos, como “El Conde de Montecristo” son superiores a los contemporáneos. La otra prefiere las sagas “best-sellers”, distópicas o de aventuras, como “Los juegos del hambre”, que se ha llevado al cine y tiene cientos de fanáticos en varias comunidades virtuales.

Después de que otros viajeros del vagón comienzan a dar su punto de vista, el escritor también lo hizo, al preguntarse “¿Por qué a veces se vuelve un reto demostrar que la literatura juvenil no existe?”.

Los defensores de esta idea argumentan que el propio concepto de juventud es un constructo. “De acuerdo: la juventud es una forma de ficción, pero también lo son las fronteras entre los países; el contrato social lo firmamos imaginariamente, las costumbres son convenciones”, dijo el autor.

Por ello, confesó, su ambición es “difuminar las barreras entre literatura juvenil y literatura a secas”.

A los booktubers se les achaca la falta de calidad, pero lo que buscan es explotar al máximo la literatura, añadió. “Son jóvenes que mediante videos acarrean lectores. No me atrevo a censurar esta moda. Yo no siempre leo alta literatura ni textos constructivos”, expresó el autor de “Olfato” (2009), novela ganadora del premio Gran Angular de SM.

Por separado, en el Teatro El Granero, Daniel Goldin fue el encargado de comenzar la discusión en el coloquio Impactos de las políticas públicas en la producción y circulación de la Literatura infantil y juvenil.

El director de la Biblioteca Vasconcelos leyó un ensayo al que respondieron María Elvira Charria, João Luis Ceccantini y la colombiana María Osorio, editora y librera fundadora de Babel Libros.

Osorio planteó diversos cuestionamientos en torno a la compra pública de libros, que pretenden entregar más y mejores libros a la población pero que tienen efectos colaterales innegables en la industria editorial. “¿Qué pasa si compra pública se termina, como sucedió en Brasil, o se disminuye drásticamente, como en México”, planteó.

“La tarea pendiente no sólo es volver la mirada a la región latinoamericana, sino a las redes de distribución independientes y a las librerías como espacio de diversidad”.

Para Goldin, la política pública de LIJ no necesariamente debe centrarse en los libros y la industria editorial, sino, quizá, enfocarse más en el acceso a la literatura, tan escaso en los países latinoamericanos.

Libros informativos para niños y jóvenes: diversidad y calidad fue otro coloquio ofrecido la tarde del miércoles 16 de noviembre, donde la argentina Paula Bombara dialogó con Carla Baredes, Maia Fernández Miret y Krystina Libura en el Teatro Orientación. Un grupo de ilustradores, liderado por Ciça Fittipaldi y Manuel Monroy reflexionaron en el Teatro el Galeón sobre los procesos creativos en la ilustración para este tipo de literatura.