Afiladores buscan refugio en mercados municipales de Mérida

El sonido del silbato que anuncia el pronto paso de los afiladores se vuelve cada vez más escaso en las calles de la capital yucateca, pues cada vez son menos las personas que deciden dedicarse a...

El sonido del silbato que anuncia el pronto paso de los afiladores se vuelve cada vez más escaso en las calles de la capital yucateca, pues cada vez son menos las personas que deciden dedicarse a este antiguo oficio.

Hasta hace algunos años, su presencia era común y constante, sin embargo, poco a poco desaparecen y salvo algunos pocos casos de afiladores que siguen en busca de clientes por las calles, muchos han buscado refugio en algunos mercados populares y de la periferia.

Ahí se han resguardado afiladores que en su mayoría trabajan con motores de afilado eléctrico, pues los que hacían el trabajo con un mecanismo que funcionaba con una banda y una rueda de bicicleta que hacia girar una gran piedra para afilar, es muy difícil encontrarlos.

Francisco Javier Navarrete Martínez, tiene 32 años que se dedica al oficio y aunque comentó a Notimex, que aún sale a la calle, desde hace poco más de 15 años su padre Francisco Javier Navarrete Solís, decidió establecerse en un local del mercado Lucas de Gálvez, en pleno Centro Histórico.

“Toda mi familia se ha dedicado a esto desde hace muchos años y aunque por mucho tiempo el negocio estuvo en las calles, muchos de nosotros empezamos a establecer locales como una especie de cuarteles o centro de operaciones en los mercados más concurridos”, explicó.

Consideró que esa medida les ha permitido mantener vigente el oficio, e incluso permite que muchos de ellos puedan retomar sus recorridos en las calles, al tener un sitio que garantiza cierta clientela.

“Yo por ejemplo, trabajo no sólo en Mérida, también suelo viajar a sitios como Cozumel, en Quintana Roo, estoy ahí por 10 días y me traslado a otros destinos de la región a realizar trabajos”, expuso.

Indicó que un trabajo puede costar entre 20 y 50 pesos, de acuerdo con su tamaño, si es un cuchillo pequeño o algo más grande como un machete o un hacha y que además del servicio de afilado se apoyan con la venta de cuchillos, lo cual también ha ayudado a mantener vigente el negocio.

“Eso nos ha permitido salir adelante, pues tenemos la oportunidad de captar clientes tanto en los recorridos callejeros como en nuestros centros de servicio, en nuestro caso ubicado en el Lucas de Gálvez”, añadió.

También es posible encontrar algunos afiladores en mercados como el de Chuburná de Hidalgo, Santos Degollado y en algunos puntos de la periferia de la ciudad, sin embargo, aquellos que antaño que salían a la calle con el silbato, cada vez es más difícil encontrarlos.

José Villanueva Puc, quien da el servicio de afilado en Chuburná de Hidalgo, indicó que el decidió incorporar esa actividad a su vida laboral hace seis años, cuando él y sus compañeros que venden carne en el mercado municipal se percataron de que ya no pasaban muchos afiladores por la zona.

“Ya no los ves como antes y para nosotros se nos hizo más fácil poner nuestro sistema de afilado, el cual está a disposición de los clientes que vienen a comprar carne y que ya saben que podemos afilar sus cuchillos”, expuso.