Los “cácaros” se transformaron en operadores de cabina de cine

“¡Ey cácaro!” gritaba el cinéfilo cada vez que la proyección de una película se interrumpía. En cabina, el encargado se apresuraba a corregir el desperfecto en el proyector en el antiguo formato de...

“¡Ey cácaro!” gritaba el cinéfilo cada vez que la proyección de una película se interrumpía. En cabina, el encargado se apresuraba a corregir el desperfecto en el proyector en el antiguo formato de 35 y 16 milímetros.

Sin embargo, con la llegada de la digitalización a las salas cinematográficas el reclamo fue quedando en el olvido; y al “cácaro” no le quedaba otro camino más que capacitarse para continuar activo, señaló el proyeccionista Gerardo Sanzón, quien labora en la Cineteca Nacional desde hace 10 años.

“En la Cineteca se sigue proyectando en ese formato y como ‘cácaros’, nos encargamos de revisar el material, hacer pruebas de audio e imagen, y algunos ajustes si lo requiere. Ahora, con la llegada de las tecnologías, impera lo digital, y debemos dejar todo listo para exhibir la película al público”, expresó Sanzón.

Aunque el término “cácaro” proviene de distintas historias, muchas contadas de boca en boca, “la más sonada en la Cineteca Nacional data de una historia antigua. Un proyeccionista estaba cacarizo, entonces, cuando surgía un retraso o error en la proyección, la gente le gritaba al ‘cácaro’ para que lo corrigiera y continuara la función”, indicó.

“En la actualidad, a algunos todavía nos llaman ‘cácaros’, pero sin duda, el término ha ido desapareciendo poco a poco y el grito ha quedado en el olvido”, agregó.

En entrevista con Notimex, el operador de cabina confesó que a muchos “cácaros” de aquella época, les dio miedo la tecnología y se fueron retirando de esta actividad.

“A mí me capacitó Fernando Solorio y hasta donde tengo conocimiento, él aún opera en la Filmoteca de la UNAM, pero con la llegada de lo digital, para algunos fue el fin de su trabajo, porque la tecnología los rebasó”.

“No es muy complicado, pero la gente mayor es de otra época así que se les hizo un poco difícil todo lo referente a lo digital y se hicieron a un lado”.

Sanzón explica que hace varios años, desempañarse como “cácaro” implicaba grandes riesgos, sobre todo porque el material (el celuloide) de antes era muy flamable, lo que provocó varios incendios y quemaduras al manejarlo. Afortunadamente, en la actualidad el accidente más grave que pueden tener, es romper la cinta.

“En aquellos años, al momento de proyectar en aquel formato de 35 mm, se creaba una pequeña fricción, había calentamiento y sumado a la intensidad de la lámpara, se generaba más calor, así que la película viejita se podía incendiar automáticamente. Las pelis actuales cambiaron de material y ya no sufren esos imprevistos”.

“En dicho formato (de 35 mm) hay dos formas de proyectar: rollo a rollo y sistema de platos (un rollo gigante). La más compleja es de rollo a rollo porque te pueden salir mal los cambios, la mezcla de audio e imagen, que falle tu conteo, la visualización de la marca que te dan para el cambio, que no metamos audio y exista sólo imagen”.

Pese a todo esto y a la facilidad de la proyección de hoy, para Gerardo, sus antecesores se divertían más y apreciaban de una manera distinta la cinematografía, actualmente, con lo digital, “todo lo hacemos con el dedo, programamos las máquinas para que lo hagan todo, ya no hay reto”.

“Cuando proyectábamos en 35 mm, éramos los responsables de todo, ajustar y operar de forma manual”.

Sanzón recuerda que antes no era muy amante del cine y no tenía ni idea de lo que era ser un “cácaro”. Visitaba cines pero nunca se imaginaba todo lo que se hace en una cabina de proyección.

“En lo personal, me gusta más el formato de 35 mm, y de rollo a rollo, eso sí es proyectar cine, se disfruta más”, puntualizó.