Ante el creciente número de festivales de Día de Muertos en Toronto, las mexicanas Melina Osorio y Cynthia Villalobos abrieron su negocio de calaveritas de chocolate y de amaranto.

“Apenas abrimos en agosto y ya hemos entregado pedidos para la Universidad de Toronto, el Harbourfront Centre y otros festivales, incluso hicimos una (calavera) grande dedicada a Juan Gabriel”, dijo a Notimex Melina Osorio.

La estudiante de Contaduría y Finanzas en el Seneca College, originaria de La Marquesa, explicó que ella y su socia Cynthia son “amantes de la celebración de Día de Muertos”, por lo que el verano pasado aprendieron a hacer calaveritas para venderlas en esta temporada.

“Me di cuenta que crecía el mercado de calaveritas en Toronto donde hay varios eventos en torno a los muertos. Traje de México tres moldes de calaveritas e investigamos cuál sería el chocolate más apropiado”, contó Melina.

Por su parte, Cynthia Villalobos destacó que es importante mantener esta tradición aun viviendo en Canadá, enseñarle a las nuevas generaciones de mexicano-canadienses y a los canadienses lo que hay detrás de México en cuestión de arte y cultura.

Lo más difícil para revivir esta tradición en este país anglosajón fue encontrar los ingredientes con los que se pudiera trabajar.

“Hicimos varias pruebas con chocolates pues algunos no quedaban tan macizos como para aguantar la decoración a mano o no brillaban al secarse. Cuando la calavera ya no brilla, pierde apariencia. También tuvimos que cuidar que el decorado no se cayera al secarse”, señalaron.

Por ahora manejan cinco tamaños, la chica de cuatro centímetros y la más grande de 21 centímetros, todas de chocolate blanco y de colores (naranja, verde, amarillo y café).

“Estamos tratando de incorporar amaranto, el problema es que aquí hay pero no está inflado, tendríamos que importarlo de México, por lo pronto estamos haciendo calaveritas de granola con amaranto, para que sea algo más saludable”.

Las calaveritas las colocan en una pequeña base de cartón adornada con papelitos de colores y envuelta en papel celofán. Sus precios ven de cuatro dólares las chicas y 20 dólares los grandes (21 centímetros).

Aclararon que no les ponen ojos de lentejuela, como en México, porque “los niños ven un dulce y se lo comen”, así que utilizan decorado comestible. Sus calaveritas pueden llevar nombres como Susan, Mattew o Charlie.

“Estamos reviviendo la tradición con los materiales de aquí”, dijeron las jóvenes emprendedoras.

El negocio comenzó, se anunciaron en redes sociales y con amigos y comenzaron a llegar los pedidos.

El Harbourfront Centre, principal centro cultural para las expresiones artísticas internacionales, realizará su festival de Día de Muertos el próximo fin de semana y habrá una ofrenda dedicada al cantante Juan Gabriel, para la cual Melina y Cynthia vendieron dos calaveras grandes incluso con la foto del “Divo de Juárez en la frente”.

Este 1 de noviembre se montará un altar de muertos en la Universidad de Toronto a iniciativa del profesor Juan Carlos Rocha Osornio y apoyada por el consulado mexicano.

“El profesor Rocha nos pidió 30 calaveras, una dedicada a Juan Gabriel y chiquitas con nombres de académicos”, señaló Melina, quien recordó que a su mamá le gustaba hacer dulce tradicional mexicano, como cocadas y garapiñados.

El sábado pasado pusieron su puesto de más de cien calaveritas en el festival de Día de Muertos organizado por artistas latinoamericanos.

Indicaron que aún no elaboran calaveras de azúcar porque “se necesita otro tipo de molde más resistente, es un proceso más difícil porque requiere un tono exacto de temperaturas”, pero no descartan hacerlas.

Por ahora han innovado en hacer no sólo calaveritas sino paletas de chocolate en forma de catrinas decoradas.

Con la imagen del Dios del cacao maya como logo, las mexicanas le pusieron “Cacao” a su negocio y siguen atendiendo pedidos de Toronto y los alrededores.

Cuando la fiebre de los muertos haya pasado, las jóvenes empresarias seguirán haciendo dulces mexicanos, como cocadas, garapiñados, obleas con pepita, higo y camote en dulce y tamarindos.

“La idea es vender dulces frescos, casi acabados de hacer”, aseveraron.

Es un negocio iniciado con mucha pasión para dar a conocer nuestras raíces y nos emociona saber que los canadienses admiran y se interesan por nuestro arte mexicano, añadió Cynthia, de Nuevo León y quien estudia mercadeo en George Brown College.