Con el paso de los años y la influencia que cobra la cercanía con Estados Unidos, aunado al constante flujo migratorio, habitantes de esta ciudad fronteriza han modificado algunas costumbres, entre ellas la forma de velar y sepultar a sus muertos.

En Reynosa hay ocho panteones, de los cuales seis son municipales, entre ellos el Sagrado Corazón, Guadalupano, Lampacitos, Rancho Grande, Reynosa Díaz y el Alfredo B. Bonfil, así como dos particulares, Gayosso y Valle de la Paz.

El antropólogo y cronista Martín Salinas Rivera refirió que a lo largo de los más de 267 años de esta ciudad, la población ha vivido cambios en varios rubros, que incluyen la alimentación, vestimenta, vivienda e incluso la forma de velar y sepultar a sus seres queridos.

Manifestó en entrevista que basta con visitar los panteones más antiguos para darse cuenta de las modificaciones que se registran en los cementerios, quienes ahora tratan de ahorrar espacio y hacen más pequeños los terrenos destinados a sepultar a quienes fallecen.

El cronista indicó que anteriormente las familias construían mausoleos en honor a sus difuntos y en ellos inscribían sus nombres completos, fecha de nacimiento y de defunción, así como alguna frase bíblica, dedicatoria y algún pensamiento.

“En la actualidad es casi imposible escribir alguna dedicatoria o pensamiento, pues por escribir cada letra en la lápida los panteones cobran siete dólares, cantidad que no está al alcance de un alto porcentaje de quienes pierden a un familiar”, dijo.

Expuso que los costos de los camposantos y todo el proceso que conlleva sepultar a una persona son elevados en esta localidad, que se ha dejado influir con sepulturas estilo estadunidense, que consisten en colocar césped y una pequeña lapida sobre la tumba y ya no se construyen edificaciones dignas “de ser recorridas y admiradas”.

Destacó que algunos panteones, entre ellos, el Sagrado Corazón aún conserva construcciones de mausoleos edificados a principios del siglo pasado, y a pesar de la falta de mantenimiento permanecen como parte de la historia local.

El antropólogo dijo que aunque cada vez menos, algunas personas continúan con la tradición de construir mausoleos, pero hasta en eso se nota el cambio, “pues ahora se hacen con materiales más modernos, incluso algunos instalan música al interior y veladoras eléctricas”.

Consideró que los panteones son un reflejo del modo de vida de una población, que se convierten en historia y espejo de hábitos y costumbres.

Por su parte, Jacinto Rodríguez Aguilar, empleado del área de limpieza de un panteón particular en Reynosa (Gayosso) destacó que este camposanto es uno de los de reciente creación, por lo que aquí el 80 por ciento del terreno destinado a dar sepultura es de estilo americano.

“Aquí el reglamento indica que sobre las tumbas no se pueden colocar árboles, plantas, bancas, cruces, figuras religiosas o cualquier otra cosa que impida la homogeneidad del terreno, ya que solo se permite césped y las lapidas son todas iguales en tamaño, material y dimensión”, dijo.

Rodríguez Aguilar detalló que a solicitud de algunos clientes, recientemente se edificaron unas 10 construcciones que asemejan una mini casa de tres metros cuadrados, en donde se depositan los restos de las personas que han fallecido.

“En este nuevo tipo de construcciones los familiares depositan además de ofrendas, algunos alimentos y bebidas que le gustaban al difunto así como fotografías, incluso instrumentos musicales, imágenes religiosas, discos, en fin, depende de las actividades o gustos de la persona que reposa”, dijo.

Detalló que la celebración del Día de Muertos, el 1 y 2 de noviembre, es el periodo de mayor concentración en todos los panteones de esta localidad, en donde el colorido de flores da vida a las tumbas de aquellos que ya fallecieron y que son recordados por sus familiares.

“Durante esos días y el fin de semana previo, la mayoría de las tumbas son visitadas por sus familiares o amigos, que se llenan de arreglos florales que transforman el lugar con su colorido y aroma por varios días”, resaltó.