Enclavado entre las montañas de las Sierras Madre Occidental y del Sur se encuentra el Bosque de Maple de Tlapa de Allende, uno de los tesoros forestales más importantes del país por su riqueza y vestigios que datan de la última era glaciar.

Es precisamente esta última característica la que coloca a este recinto forestal como uno de los bosques “relictus” del mundo y en donde el tiempo parece haber dejado un vestigio de la historia de la tierra durante los últimos 10 mil años.

El lugar cuenta con una vegetación endémica que fue acumulándose a lo largo de las diferentes glaciaciones y períodos interglaciares, relató el subdelegado de la Región 10 de la Secretaría del Medio Ambiente de Jalisco, Gerardo Lara Gómez.

Es por ello que a lo largo y ancho de sus 150 hectáreas se pueden encontrar hasta 60 especies de árboles y arbustos que han llevado a la autoridad a declarar el lugar como Área Natural Protegida (ANP) con la categoría de Parque Estatal.

Durante un recorrido ofrecido a Notimex a lo largo de un sendero de cerca de 800 metros, el especialista detalló que como parte de su declaración como ANP, el parque cuenta con un programa de aprovechamiento conforme lo marca la Ley Estatal de Equilibro Ecológico y la Protección al Ambiente de Jalisco.

A grandes rasgos, explicó Lara, dicho programa tiene seis componentes importantes de los cuales el primero es el de conservación, seguido de los de manejo, restauración, ciencia e investigación, cultural y de gestión forestal.

Todo ello responde a la actual dinámica de aprovechamiento sustentable y que busca la generación de riqueza a partir de los recursos forestales, garantizando su integridad y biodiversidad, así como el bienestar de la población propietaria del lugar.

Como salido de un cuento de hadas

Es precisamente bajo este esquema que se aplica el programa de difusión cultural y que consiste en hacer visitas guiadas, las cuales se llevan a cabo desde principios de año, procurando no exceder un número prudente de visitantes y respetando el sendero abierto para tal fin.

Y es que basta con introducirse por la pequeña vereda que da la bienvenida al lugar para darse cuenta de la magnitud de biodiversidad con que cuenta el lugar, y que a primera vista se aprecia enmarcada por cedros, pinos, maples y helechos, entre otros.

No pasan más de 10 metros para que el visitante entre en contacto con un lugar como salido de un cuento de fantasía, en el que solo hace falta que salgan las hadas o los personajes que narran los cuentos.

La diversidad de la vegetación ofrece una amplia gama de matices verdes, los cuales varían conforme la luz solar ingresa por los densos follajes de los encinos, pinos y los mismos maples, cuyas hojas aún son de esmeralda, pero no tardan en pintar de ocre el lugar.

No por nada el lugar es considerado un bosque “relictus”, por la naturaleza de la misma vegetación que no se encuentra más que en lugares fríos de Canadá o los cálidos bosques de Colombia y templados de Argentina.

Esta diversidad, reveló Lara Gómez, es el resultado de la presión climática que ejerció en su momento la era glaciar, la cual empujó a la vegetación canadiense hasta lugares que ahora son más cálidos pero que en su momento eran tan similares como los prevalecen ahora en el país norteamericano.

Lo mismo ocurre con los helechos sudamericanos, que junto con el resto de la vegetación del bosque mesófilo de montaña combaten por sobrevivir en una armónica batalla natural que ha dado lugar a la generación de nuevas especies que, pese a sus orígenes, ya no se parecen a sus antecesoras.

Un cofre del tesoro de origen natural

A todo lo anterior se suma un fenómeno geológico más y que es el que dio origen a la formación de la Sierra Madre Occidental, la Sierra Madre del Sur y el mismo Eje Neovolcánico, entre otras cadenas montañosas, conformando así un nicho natural que resguarda cual cobre un tesoro forestal.

Así, quienes visitan el lugar, pueden recorrer con cuidado el sendero, apreciando incluso insectos espectaculares entre los que destacan pequeñas avispas negras, mariposas transparentes y gusanos medidores, eso sin contar con el hecho de que en el lugar habitan las especies endémicas de las montañas mexicanas.

Desde luego, a pesar de ser uno de los bosques más ricos por su biodiversidad, su extensión de bosque mesófilo no representa ni el uno por ciento de los bosques mesófilos del país.

Aun así, el aura mágica que envuelve el lugar no deja de sorprender a los visitantes, quienes durante el recorrido pueden oír, cual si fuera una ola, el sonido de los insectos que pasa a lo largo del bosque anunciando la llegada de la neblina que se asoma por entre las ramas de los gigantes más verdes del lugar.

A medio camino, el sonido del agua anuncia la presencia de un arroyo natural, el cual fluye de manera permanente a lo largo de todo el año, incluso en los momentos de menor lluvia en los que se presenta con un caudal muy bajo pero que nunca se detiene.

Al subir uno de los dos puentes de madera instalados como parte del sendero temático, Lara Gómez explicó que este cauce de agua es de los pocos que continúan corriendo por el lugar, gracias a la protección natural que le brindan las montañas y cuyas paredes, en forma de cañada, mantienen un clima templado todo el año.

Un Mundo por descubrir

Por si fuera poco, el bosque de Maple aún guarda muchos secretos, no por nada se aplica también el programa de ciencia e investigación, ya que existen especies que no han sido identificadas y entre las que incluso se encuentran algunos especímenes que resultan ser la raíz de muchas familias.

Señalando hacia uno de los árboles más altos del sendero, el guía expone: “Por ejemplo, ese enorme pino que yo realmente no he visto en ningún otro lado y que es un pino “maximinoi”, el cual resulta ser el origen de todos los pinos en México”.

Le siguen otras especies como el Pinus Oocarpa, el Podocapus y el Arce (conocido como Maple), entre otros, conformando así una riqueza de por lo menos 60 especies de leñosas, unas con mucha afinidad de los bosques Apalaches de Estados Unidos, y otras del sur de América.

Esto ha hecho que incluso hoy en día se sigan descubriendo nuevas especies que no se pensaba que estuvieran en este lugar, y que sin embargo se han ganado un espacio en tan competido espacio en donde los arbustos pequeños y grandes conviven.

Vida y Muerte, un ejemplo de armonía natural

Pero uno de los aspectos más valiosos del lugar lo conforma el hecho de que el mismo bosque da un ejemplo de vivir en armonía bajo un principio de sustentabilidad, agrega el subdelegado de la Región 10 de la Secretaría del Medio Ambiente de Jalisco.

Ello se debe a que la misma vegetación ha aprendido a vivir en equilibrio, de manera que entre los senderos y cañadas se pueden apreciar pequeños arbustos que son intolerantes a la luz y que por lo mismo dependen de la sombra protectora de los árboles grandes.

Lo mismo ocurre cuando estos gigantes terminan su ciclo de vida, ya que terminan por caer abriendo claros en el boque y brindando oportunidad a las plantas maduras que habrán de convertirse en los sucesores que los protegieron del sol durante su infancia.

“Como verán, aquí la vida y la muerte se conjuntan en perfecta armonía, en un ciclo que da lugar a cada una en su momento”, refiere mientras cruza el último tramo del sendero rumbo al corazón del mismo bosque.

El también investigador de la Secretaría del Medio Ambiente estatal explicó que incluso este bosque ha dado un ejemplo de su capacidad de adaptación al tiempo, pues las condiciones de tormentas registradas en años pasados dieron lugar a cambios radicales en su estructura.

En ese sentido, Lara Gómez señaló como los vientos del huracán Patricia llegaron hasta este lugar, tumbando un importante número de árboles grandes, pero brindando a su vez la oportunidad de ser relevados por sus pequeños sucesores que aguardaban la oportunidad de recibir la luz directa del sol para crecer.

El reto, resguardar y compartir la riqueza del lugar.

Ante la controversia que se ha generado sobre la apertura de este bosque, Lara Gómez reconoce la importancia de cambiar la visión de conservación que se ha tenido por mucho tiempo de “no tocar para conservar”.

Y es que, “al igual que un músculo, a los recursos forestales hay que saberlos aprovechar, no extrayéndoles de más pero tampoco dejándolos en el abandono”, por ello la importancia del programa cultural que busca abrir este bosque al conocimiento del mundo.

“Se pueden hacer visitas de manera responsable. Con ello podemos ayudar a concientizar a la gente de la importancia que guarda este lugar y de su potencial para descubrir cómo aprovechar los recursos de manera armónica y responsable”, aseguró.

Por lo pronto, dijo, el bosque continuará siendo estudiado ahora como ANP y bajo el esquema de investigación que permita identificar su riqueza, lo cual, seguramente, ayudará a descubrir especies nuevas.

Para visitar el bosque, solo basta llegar al pueblo mágico de Tlapa de Allende, donde sus mismos habitantes han comenzado a incursionar, bajo una política de sustentabilidad responsable, a este y otros tantos lugares que enriquecen la región.