Rajoy pasa de interinato a gobierno en minoría con oposición dividida

La investidura de Mariano Rajoy para un nuevo mandato en el gobierno de España cierra más de 300 días de presidencia interina, pero abre una legislatura de gobierno en minoría parlamentaria y con una...

La investidura de Mariano Rajoy para un nuevo mandato en el gobierno de España cierra más de 300 días de presidencia interina, pero abre una legislatura de gobierno en minoría parlamentaria y con una oposición política dividida.

El Congreso de los Diputados de España aprobó este sábado con mayoría simple de 170 votos a favor, 111 en contra y 68 abstenciones (del opositor Partido Socialista Obrero Español) la elección de Rajoy como presidente del gobierno, y el lunes podría jurar su cargo.

La investidura es consecuencia de las elecciones del 26 de junio pasado, cuando el oficialista Partido Popular (PP) obtuvo 137 de los 350 escaños, y a pesar de que logró sumar a su favor los 32 de la centroderecha Ciudadanos y uno de Coalición Canaria, solo con la abstención socialista logró revalidar su mandato.

La realidad es que a pesar de tener solo 137 de los 350 diputados de la cámara, no está claro que los otros 213 vayan a querer gobernar desde la oposición, pues sus diferencias ideológicas, programáticas, de objetivos y los personalismos, les divide y aleja de ser una amenaza para Rajoy.

Los socialistas, que atraviesan una crisis interna abierta por la división de sus dirigentes por negarse o no a permitir un gobierno de Rajoy, han dejado claro que su abstención no significa que apoyarán en todo al gobierno, ante el que quieren ser la principal fuerza opositora.

Por ello, al momento de pedir la confianza de la cámara, Rajoy reconoció que necesitará del apoyo de otras fuerzas políticas para “tener un gobierno en condiciones de gobernar, no de ser gobernado”.

El mandatario aclaró que negociar los apoyos de los demás partidos políticos tiene límites, y que cambiaría solo aquello que él considera está “dentro de los límites de la realidad”, y más aún expresó: “No estoy dispuesto a derribar lo construido”.

De ese modo respondió principalmente a los socialistas que a lo largo de los últimos años han querido derogar la reforma laboral, la legislación en educación, la de protección ciudadana (conocida como Ley Mordaza), entre otras, en las que en principio también coinciden otras fuerzas políticas.

Sin embargo, el mismo bloqueo partidista que a lo largo del año impedía la formación de gobierno se traslada ahora al actuar de la oposición en el Congreso, donde a pesar de tener más votos que el PP de Rajoy no han superado sus batallas electorales recientes.

El PSOE, con 85 diputados, y la coalición izquierdista Unidos Podemos con 71 escaños, escenifican desde 2015 una fuerte pugna por la hegemonía de la izquierda, que aún estuvo presente en el debate de investidura de esta semana.

El partido de la rosa y el puño no tiene liderazgo tras la renuncia, el pasado 1 de octubre, de Pedro Sánchez a la dirigencia por imponerse en el partido la posibilidad de abstención a Rajoy, y su división se evidenció en que 15 de sus diputados rompieron la disciplina al votar contra Rajoy.

Sobre los socialistas recaería la misma presión política y mediática que motivó el debate interno sobre la abstención, en el sentido de que un partido que ha gobernado España con responsabilidad no puede no ayudar a la gobernabilidad solo por defender colores partidistas.

Además, Rajoy tiene una arma que el PSOE no quiere sea arrojada en su contra, y es la facultad del mandatario de adelantar elecciones y fijarlas cuando sienta que su condición de minoría le impide gobernar.

La razón de abstenerse se basa en la necesidad de evitar unas nuevas elecciones, pues se advierte que tendrían un mal resultado, y que necesitan mucho tiempo de recomposición interna para sentirse seguros de que pueden tener mejores saldos electorales.

Mientras, la coalición Unidos Podemos, que lidera Pablo Iglesias, atraviesa una crisis interna que mina su quehacer político en el Parlamento y no parece tener una pronta resolución.

El líder izquierdista ha vuelto la mirada a sus bases y dispuesto a que la oposición se debe hacer en la calle, pero otros dirigentes apuran a que Unidos Podemos haga oposición parlamentaria y muestre músculo como opción de gobierno.

A pesar de ello, Iglesias ha reclamado ser líder de la oposición al considerar que una vez que el PSOE permite con su abstención un gobierno de Rajoy le desacredita para encabezar la izquierda contraria al gobierno.

Por su parte, Ciudadanos es visto como un partido cercano al PP y desde agosto pasado pactó medidas que le pide a Rajoy sean impulsadas en materia de lucha contra corrupción, regeneración democrática y reforma política, y sobre las que pugnará por su cumplimiento.

No obstante, su líder Albert Rivera sabe que una oposición cercana y colaboracionista con Rajoy le puede minar sus aspiraciones de crecer como alternativa electoral al PP en la centroderecha, por lo que se espera que su labor se conduzca en esa disyuntiva.

El primer ensayo de esta nueva dinámica se dará en noviembre próximo con la tramitación de los Presupuestos del Estado de 2017, en la que verá si el gobierno en minoría tiene capacidad de convencer o si las fuerzas opositoras consiguen modificar el rumbo del gobierno.