La celebración del Mikistli (muerte en náhuatl) es la más importante de esta localidad ubicada en el norte de Hidalgo, cuando se colocan altares con arcos de caña de azúcar revestidos de flores, pan gigante y se prepara el chocolate a partir del cacao.

En esta fecha se elabora el chocolate de manera tradicional, para lo cual se muele la pepita de cacao en metate de piedra y, una vez listo, se envuelven las cuadrillas en papel de china para utilizarlo durante todo el año.

Además, se hornea el xojol, pan del tamaño del zacahuil a base de masa martajada, canela, coco, piloncillo y manteca, cocido en horno de leña y forrado en hoja de papatla o platanillo, que conserva la esencia y tradición de la Huasteca.

El gastrónomo Martín Trejo Mendoza, originario de esta región y egresado del Claustro de Sor Juana, recordó que en 2008 todas las celebraciones de Día de Muertos en México fueron reconocidas como Patrimonio de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).

En el estado de Hidalgo, la tradición del Día de Muertos es muy variada, pues en el Valle del Mezquital hay una costumbre de celebrar el Halloween, mientras que las personas en la Huasteca disfrutan de su fiesta de Muertos para reencontrarse con la vida.

“Hay un sentimiento de respeto y orgullo por preservar la tradición prehispánica”, dijo.

El origen de los huastecos se remonta a 1500 A.C. y su lengua, el tének es mayense, por lo que los historiadores estiman que provienen de los mayas y están emparentados con los toltecas. Posteriormente fueron dominados por los nahuas, quienes impusieron la lengua náhuatl.

Actualmente abarcan seis estados del país: Veracruz, Tamaulipas, Querétaro, San Luis Potosí, Puebla, e Hidalgo, con una cosmovisión de la vida y la muerte particular, indicó el chef, en entrevista telefónica.

Resaltó que la celebración del Día de Muertos es la fiesta más importante de Huejutla, la cual evolucionó del Mikistli, tras la llegada de los españoles, a la fiesta de Todos los Santos de la religión católica, también llamada Santorum.

Esta palabra no la podían pronunciar los huastecos y derivó a “Xantolo”, una conmemoración que va del 1 al 2 de noviembre.

Trejo Mendoza indicó que el festejo del Día de Muertos tiene que ver con el ciclo agrícola y comienza el 24 de junio, Día de San Juan Bautista, cuando se riega la flor de cempasúchil y prosigue con la primera ofrenda, el 29 de septiembre, Día de San Miguel Arcángel.

El 18 de octubre, Día de San Lucas, se coloca una nueva ofrenda y la fiesta principal inicia el 31 de octubre, cuando por la tarde se preparan los altares en un arco de caña de azúcar que se cubre con palmilla, flor de cempasúchil y papel picado para cubrir el mantel.

El simbolismo del altar de la Huasteca es diferente al del centro del país, pues este último tiene siete niveles, en tanto que en Huejutla de Reyes hay sólo una mesa plana y el arco revestido con cempasúchil representa la puerta por donde ingresan los difuntos, la flor amarilla da vida, purifica a los muertos y los guía.

Además, el copal les proporciona calor y el altar se coloca al lado de la mesa en la que se sientan los vivos, para comer juntos y compartir. El 1 de noviembre se prende una veladora y se coloca un vaso con agua por la noche, para el ánima sola.

El 31 de octubre se espera la llegada de los niños difuntos. Se ofrendan caldos, pan dulce, aguas de sabor, leche y dulces, todo sin picante.

El 1 de noviembre llegan los difuntos mayores, hay tamales con carne de pollo o cerdo, así como de ajonjolí con frijoles envueltos en hoja de maíz. También el tradicional zacahuil, que se cocina en horno de pan con leña, con manteca, carne de cerdo y adobo, envueltos en hoja de plátano.

Además, algunos platillos típicos son las enchiladas con chicharrón y aguacate, la cecina y el xojol, que también engalana la mesa de la ofrenda.

En la ofrenda se coloca lo que al difunto le gustaba utilizar, como un morral, un paliacate, un machete para los hombres e instrumentos para coser y bordar o un libro para las mujeres.

El día 2 de noviembre, los habitantes de Huejutla de los Reyes van al panteón a despedirse de sus seres queridos fallecidos. Llevan ofrendas y las colocan sobre sus tumbas, con un arco de caña cubierto con flores, pan de muerto, que es diferente al del centro del país, pues en la región se elaboran como figuras antropomorfas.

Ese día las familias van por la mañana a desayunar con sus difuntos o por la tarde a comer y se quedan hasta muy tarde, compartiendo con vecinos y familiares vivos y muertos, con música, comida y rezos.

En las primarias y secundarias se realiza el evento del “Xantolo”, del 29 de octubre al 2 de noviembre, cuando hay diferentes actividades y el 2 se suspenden las clases.

Trejo Mendoza señaló que la música es fundamental en esta celebración, con tríos, bandas de viento y grupos huastecos, que acompañan las danzas desde los días previos.

“Acordes del violín, jarana y la quinta huapanguera acompañan las danzas de los huehues (viejos), quienes representan a las almas. Todo es celebración y gozo, pues las lágrimas se convierten en sonrisas”, dijo.

En este renglón, se celebra el baile de cuadrillas, en el que participan grupos, principalmente de entre 10 y 20 jóvenes en cada una, quienes se reúnen para bailar con vestuario poco común que muchas veces perteneció al ser querido muerto.

En esta danza hay cuatro personajes importantes que son el Diablo, que representa el mal en el Universo; la muerte, el fin de la vida; la mujer embarazada, su inicio y el vaquero, el hombre, quien mantiene el orden y el equilibrio, todos con máscara.

Las cuadrillas van a las puertas de las casas y a los panteones para danzar y honrar así a los muertos, la forma en que se les agradece es otorgándoles algo de la ofrenda, como pan dulce, tamales, agua o chocolate.

El experto culinario indicó que el gobierno local impulsa esta tradición, con una serie de actividades, como concursos de altares, cuadrillas y carros alegóricos, así como una ofrenda monumental en la plaza central, donde se coloca una veladora y un vaso de agua para las almas que no tienen hogar.

El Altar de Muertos no se retira, se deja hasta el 30 de noviembre, Día de San Andrés, cuando se realiza la última ofrenda durante una fiesta de las cuadrillas, en donde los personajes se quitan las máscaras y se muestran a la comunidad.