Un altar lleno de colores, arte y emotividad que conmemora el matrimonio de Rufino y Olga Tamayo se montó en la Sala de Exposiciones Temporales del Museo de El Carmen, donde permanecerá hasta el 20 de noviembre próximo.

La ofrenda de Día de Muertos dedicada a la pareja evoca las memorias de unión familiar, a través de una cena con la tradicional vajilla de talavera y los candiles con luz natural que resalta las formas de un típico mole negro.

El recinto perteneciente al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) ambientó el comedor y el estudio del famoso pintor; así, en este espacio se encuentra un caballete donde reposa un boceto sobre tela de lo que hubiera sido otra de sus obras.

Durante el recorrido del montaje se podrá encontrar la guitarra que acostumbraba utilizar el creador mexicano y la cual cargaba aquel día de 1933 cuando Olga Flores Rivas (1906-1994) lo vio por primera vez e inició su historia junto al pintor.

Más adelante el visitante hallará los pinceles, el caballete y los cuencos en los que Rufino Tamayo mezcló algunos pigmentos que dieron vida a “El hombre y la sombra”, “La mujer alcanzando la Luna”, “El trovador” y “El grito”, entre muchas otras de sus obras.

María Eugenia, Rosa María y María Elena Bermúdez, sobrinas de Olga Flores Rivas, entregaron al recinto alguna fotografías, cuatro sillas del antecomedor familiar, esferas, un relicario y una máquina de escribir pertenecientes al matrimonio.

Al reunir todos estos elementos personales se genera un ambiente que evoca la sensibilidad humana y las emociones compartidas por dos personas que unieron sus vidas durante 57 años, desde febrero de 1934 hasta la muerte del pintor, recordó el INAH.

Rufino del Carmen Arellanes Tamayo nació el 25 de agosto de 1899 y falleció en junio de 1991. Su trabajo se vio influenciado por distintos movimientos pictóricos, como el cubismo, el fauvismo y el impresionismo, aunque su propuesta artística siempre la enfocó en las raíces mexicanas y el arte popular.

Diego Prieto Hernández, secretario técnico y encargado de la Dirección General del INAH, comentó durante la apertura que la huella que dejó el artista oaxaqueño será imborrable, así como el apoyo que siempre le brindó su esposa.

Añadió que la creatividad del maestro hizo vibrar a quienes disfrutaron de su obra y la marca que dejó Tamayo en el arte universal será permanente. El matrimonio fue promotor del patrimonio artístico nacional, concluyó.