Considerada un museo a cielo abierto por su patrimonio cultural milenario, Roma ha impulsado en los últimos años el “street art”, o arte callejero, al que abrió espacios en un intento de acotar el vandalismo que afecta monumentos y muros a golpes de spray.

El proyecto “Urban Act”, patrocinado por el ayuntamiento romano, nació en 2012 y pretende valorizar el potencial artístico contenido en los “graffitis” y contribuir a mejorar el entorno urbano en áreas periféricas y marginales.

Autoridades romanas indicaron que la propuesta es encontrar vías alternas en grado de contener y de convertir el fenómeno de los “graffitis” en algo positivo y constructivo.

Es bajo esa óptica que nacieron los llamados “muros legales”, es decir, espacios elegidos por ciudadanos, instituciones y asociaciones que son puestos a disposición por el municipio a quienes quieran ejercer su arte respetando la ley y el decoro de la ciudad.

La iniciativa también pretende promover un acercamiento del “writer” (quien produce materialmente el graffiti) a la esfera legal de la expresión urbana, disminuyendo el impacto sobre la ciudad y el volumen de escritos vandálicos.

La condición para otorgar espacio a los artistas es que sus obras no contengan en ningún caso imágenes o escritos contra la moral pública ni referencias racistas ni xenófobas.

Según el experto Mimmo Frassineti, el “street art” vive en Roma una fase de intensa creatividad acompañada de consenso e interés crecientes.

Es un arte público, promovido por galerías y asociaciones culturales y apoyado por la administración municipal, agregó.

Frassineti resaltó, sin embargo, que al lado de los “muros legales” coexisten los espacios de los que algunos “writers” se apropian sin pedir permiso ni dialogar con las instituciones.

“Es también arte, pero ilegal por ideología e historia”, señaló.

“El proyecto de los muros legales ha tenido buenos resultados, pero hay un tipo de arte que quiere permanecer ilegal”, señaló.

“Los dos tipos de arte callejero llegan a enfrentarse, ya que hay writers muy agresivos que se apropian del espacio de artistas que participan en los muros legales, a los que acusan de haber cedido al mercado”, dijo Frassineti a Notimex.

Consideró que la iniciativa de los “muros legales” no ha acotado los grafittis vandálicos de los que está llena Roma, en particular en las estaciones de metro y en los propios trenes y que en la mayoría de los casos son de baja calidad artística.

De cualquier manera, el experto subrayó que desde hace tiempo el mercado ya ha puesto atención al “street art”, como lo demuestra la próxima apertura en París, Francia, de un museo dedicado al mismo y que la carga revolucionaria de ese tipo de expresión podría estar agotándose.

Una de las zonas históricas de Roma, en cuanto al arte callejero se refiere, es la Ostiense, donde figuras colosales se alargan sobre muros de edificios, pero también invaden pasos a desnivel o pilones de vías rápidas.

Ese tipo de expresión artística ha llegado a barrios históricos como Trastevere o San Lorenzo, pero sobre todo a zonas periféricas y marginadas, con una alta población de inmigrantes, como los barrios Quadrato, Tuscolano, Prenestino, Tor Bella Monaca o Torpignattara.

Es ahí donde las obras callejeras han sido usadas para mejorar un entorno caracterizado por la degradación urbana y abrir opciones a jóvenes sin acceso a los canales más tradicionales de difusión artística.

Según Frassineti, el arte callejero cambia la percepción del espacio urbano y su público, a diferencia del de los museos, no es selecciondo por cultura o clase social, sino que está conformado por los residentes de los barrios, por los pasantes, la gente que observa las pinturas desde la ventana del autobús o por los automovilistas.

Muchos de los artistas o “graffiteros” han estudiado en academias prestigiosas, por lo que -de acuerdo con el experto -, no es casualidad que al lado de las técnicas propias del “street art”, como el esténcil o las bombas de spray, haya crecido el uso del instrumento más tradicional de la pintura como lo es el pincel.

El "boom" de los “grafittis” de Roma es tal, que ya están incluidos en una guía turística que abarca 330 obras de arte callejero presentes en 150 calles y seis estaciones de metro.