El grafiti por décadas ha sido una forma de expresión en la ciudad de Los Ángeles, California, pero a la vez un cáncer social y un dolor de cabeza para las autoridades locales.

Autoridades de Los Ángeles confirman tener contrato con dos compañías que cada año repintan más de ocho millones de pies cuadrados de grafiti en paredes, postes, callejones, parques, negocios y residencias privadas.

“El gran problema es que aún no ha secado la pintura y en uno o dos días vuelven a aparecer más grafitis” en una historia que no se ve cuándo terminará, declaró a Notimex el concejal de Los Ángeles, Gil Cedillo.

“Pero las autoridades deben seguir redoblando sus esfuerzos y buscar nuevas formas de comunicación con la sociedad para acabar con este mal”, sostuvo.

Por un lado, el grafiti ha sido una forma de expresión de las pandillas, con las que marcan su territorio mediante símbolos.

Pero también han aparecido grafitis que polarizan a la ciudad como hace unas semanas en la universidad Loyola Marymount, donde estudiantes usaron sus paredes para expresar su respaldo a la comunidad indocumentada.

Los estudiantes habían colocado mensajes en una pared con leyendas como “Ningun ser humano es ilegal” “Basta de deportaciones” y “#Not1more” (Ni uno más), como una forma de solidarizarse con estudiantes indocumentados.

Sin embargo, poco después, en la misma pared apareció la palabra “Trump” con la frase “Deporten a todos los ilegales”.

El condado de Los Ángeles tiene un número telefónico gratuito las 24 horas del día para que una cuadrilla acuda a repintar muros, parques y áreas de recreación, servicio de transporte público y oficinas de unas 12 ciudades del área.

Las compañías Graffiti Control Systems e Hydro Pressure Systems tienen un contrato anual para lavar a presión el grafiti y cubrir las áreas afectadas.

Tan sólo en 2007, dichas empresas recibieron 42 mil 300 solicitudes para reparar daños por grafitti.

Los grafitis han aparecido en lugares tan inusuales como una patrulla del Departamento de Policía de Los Ángeles, las ancas de uno de los caballos de la policía montada y hasta en la fachada de la residencia del alcalde angelino Erick Garcetti.

Jesse K, un reconocido artista del grafiti, señaló a Notimex que cuando era adolescente, para ser aceptado como miembro de una pandilla, su reto fue hacer un grafiti en el barrio del grupo rival en el sur de Los Ángeles.

“Cuando lo hice sólo quería estar en la pandilla y como sabían que era muy bueno para dibujar me lo ordenaron y lo hice aún cuando un pandillero del grupo contrario a distancia me apuntaba con una pistola”, recordó.

“Tuve mucha suerte porque me pudieron haber matado en ese momento, pero como vieron mi decisión y que no me espantaron, no me hicieron nada y me aceptaron en la pandilla”, apuntó.

“Después de eso y por estar en la pandilla caí varias veces en la cárcel. Ahora estoy fuera de todo eso y me dedico a vender mi arte del grafiti en pinturas, playeras y gorras”, comentó.

Los Ángeles es considerada la ciudad de las pandillas, en especial en el área del sur-centro, donde conviven las más peligrosas.

En la zona sur de Los Ángeles, los miembros de grupos como Barrio 18 y la Mara Salvatrucha iniciaron a finales de los años 80 una sangrienta guerra de pandillas.

En la primavera de 1984, el gobierno del entonces presidente Ronald Reagan emprendió una limpieza de las calles de Los Ángeles debido a que ese año se celebrarían los Juegos Olímpicos en la ciudad.

Las calles se militarizaron, hubo redadas y detenciones colectivas, y a partir de ese año, las autoridades adoptaron una actitud mucho más restrictiva ante las pandillas.

Tres décadas después, las calles aledañas a la 18, como la avenida Union, son similares a las de cualquier otro barrio de Los Ángeles.

Apenas quedan grafitis que recuerden la etapa más violenta de la lucha entre la Mara Salvatrucha y la Barrio 18, pero con todo y eso el grafiti sigue siendo parte del mosaico visual cotidiano.