Santa Cruz de Mompox, fundada a orillas del río Magdalena en 1537, es el más bello rincón de Macondo, en donde creció el amor eterno de Gabriel García Márquez, Mercedes Barcha, y por donde pasó siete veces el libertador Simón Bolívar, que la calificó como “Ciudad de Dios”.

En la obra de García Márquez, “El general en su laberinto” hay unos relatos maravillosos sobre la llegada de Bolívar a este puerto sobre el río Magdalena: “(…) José Palacios informó a la tripulación la llegada a Mompox”.

“Tierra de Dios" para Bolívar, quien no volvió a dar señas de estar vivo o muerto, solo cuando José Palacios aseguró ver la torre de la iglesia de Santa Helena, abrió los ojos y replicó: “Mompox, no existe, a veces soñamos con ella pero no existe, sin embargo, accedió a bajar, saludar a la población y quedarse allí unos días”.

“Llego mostrando el ímpetu y la dignidad que aún poseía, en esta ocasión estaba tan decepcionado de su gloria y tan predispuesto contra el mundo que le sorprendió encontrar una muchedumbre amándolo”.

Santa Cruz de Mompox –continúa el relato en la novela- había sido durante la colonia el puente comercial entre la Costa Caribe y el centro del país, esto había dado paso a su opulencia, que más tarde fue arruinada por la guerra y envidia de la política”.

“(...) El general no podía creer que aún existiera, ‘el presidente está en puerto’, gritaban, sin saber que ya no lo era; entre campanas y gritos solo se veían rostros llenos de viruela. Viendo el general que esta enfermedad persistía acudió a un naturista francés, el cual dio como cura ‘el remedio de la vaca’ pero aún así por ser tan peligroso las madres preferían la enfermedad que la cura”.

El territorio de Macondo, creado por la imaginación de García Márquez, es el Caribe colombiano, y Mompox forma parte de la escenografía de la obra del Nobel colombiano, en la que reivindica su historia y su belleza colonial.

“Mompox tierra de Dios, donde se acuesta uno y amanecen dos y si sopla un viento amanece un ciento y si vuelve a soplar no se pueden contar”, son frases que forman parte de los relatos que se escuchan en las calles, en las tertulias familiares y de amigos, en los cafés, en los bares y hasta en las iglesias del pueblo.

Cuando el visitante llega a Santa Cruz de Mompox y ha leído al menos una obra de García Márquez: “Cien años de soledad”, “El coronel no tiene quien le escriba” o “El general en su laberinto”, empieza a comprender aún más la magia del Caribe colombiano con la alegría de su gente entre calles, iglesias y mansiones del siglo XVII.

Ahí está el puerto, que cuatro siglos atrás era el más importante centro de recaudo de la aduana de la Corona Española, pero hoy solo llegan pequeñas embarcaciones con gente de la zona o turistas, que se aprestan a conocer esta joya enclavada al lado de “un brazo del río Magdalena”, el afluente más grande e importante de Colombia.

Recorrer las calles de Santa Cruz de Mompox, al lado de uno de los guías, es recibir una clase de historia, bajo el sol y la temperatura inclemente, en la que se aprende la primera proclama de independencia del Reino de la Nueva Granada, con el grito: “Ser libres o morir”.

El guía también cuenta que Bolívar, después del desastre de la batalla de Puerto Cabello, con 400 momposinos y el refuerzo de venezolanos, emprende la "Campaña Admirable" que culmina en Caracas el 6 de agosto de 1813.

El apoyo de los 400 momposinos llevó a Bolívar a exclamar: "Si a Caracas debo la vida a Mompox debo la gloria".

Las seis iglesias de los siglos XVI y XVII, con campanarios al estilo barroco, entre las que se encuentra la de Santa Bárbara, la misma que visitaba la joven Mercedes Barcha, cuando salía del internado del Sagrado Corazón, están ahí con su belleza arquitectónica como parte de la historia, que parece congelada en el tiempo.

Santa Cruz de Mompox, que no escapó a la rapiña de los piratas, recibe a diario a los turistas con queso de capa, dulce de limón, butifarras, bolón de coco, casabitos, vinos artesanales de frutas, arroz de pajarito, ayaco Momposino, pebre, arroz de chorizo, productos que son parte de la cocina macondiana.

Las tradicionales mecedoras momposinas, las joyas de filigrana en oro o plata y las hamacas de todos los colores constituyen la artesanía del Caribe colombiano, que están ahí junto a su música como parte de la cultura y la sabiduría de este rincón de Macondo.

Santa Cruz de Mompox es otro de los nuevos destinos del programa estatal “Colombia en paz: seguro te va encantar”, con los ancianos sentados en las puertas de sus casonas, mirando el atardecer en el horizonte, o los niños desde las ventanas -forjadas en hierro- con su mirada inocente.