Las calles de Buenos Aires son compartidas por artistas callejeros que dejan plasmados murales de gran calidad, grafiteros que pintan como parte de un reclamo social y militantes que estampan lemas políticos.

El rostro inmenso de un niño ocupa la pared completa de un edificio en la esquina de Tacuarí y Venezuela, en el barrio de San Telmo, en donde más se mezcla todo tipo de arte callejero.

Este mural, que suele conmover a peatones y automovilistas por su realismo, colores y dimensiones, es apenas una muestra de las centenares de obras urbanas que pueblan la capital argentina.

“La movida del arte callejero creció mucho en los últimos años, vienen incluso artistas internacionales para pintar las paredes”, explicó a Notimex Matt Fox-Tucker, director de Buenos Aires Street Art, una organización que promueve esta expresión cultural.

Desde 2008 a la fecha, agregó, ya hicieron más de 100 murales en Argentina, Tailandia, Bélgica, Canadá e Inglaterra, además de que ofrecen tours para que el público conozca las obras y a los artistas y ya montaron una galería en el barrio de Palermo.

Tucker precisó que Buenos Aires tiene una gran ventaja, ya que para pintar las paredes sólo se necesita el permiso del dueño de la propiedad, no del gobierno, lo que facilita la expansión de este arte.

“Muchos artistas vienen a Buenos Aires a plasmar su arte porque es una linda ciudad, un lindo lugar para visitar y hay muchas zonas descuidadas y abandonadas en donde pueden pintar”, dijo.

Mientras los miembros del “Street art” expanden y presumen su trabajo, los grafiteros continúan en la clandestinidad porque sus pintadas son contestatarias, de rebeldía ante la autoridad y, en su mayoría, anónimas.

En medio de un debate añejo, ya que los grafiteros consideran que hacen arte pero para otros es apenas vandalismo, calles y mobiliario urbano sirven como una tela en blanco que es transformada con las letras y símbolos característicos del grafiti.

Puestos de diarios, fachadas de edificios, lotes baldíos y persianas de negocios son pintadas generalmente de noche y en operativos artísticos furtivos.

El principal objeto de trabajo de los grafiteros, sin embargo, son los trenes y el metro que son tomados por quienes vienen incluso de otros países.

Este año, por ejemplo, fueron detenidos dos alemanes que viajaron ex profeso para sumarse a la movida grafitera que se esconden en andenes o estaciones para, con aerosol en mano, pintar los vagones cuando ya no hay nadie.

Fuentes del gobierno de Buenos Aires confiaron que tienen detectadas a 12 bandas de grafiteros que trabajan en equipo para pintar los vagones del metro porteño y dejarlos marcados con las iniciales que identifican a cada grupo.

Con fines políticos más específicos, los militantes de diversos partidos también se apropian de paredes para plasmar críticas al gobierno, pedir por la libertad de presos políticos o promover protestas.