Por más programas encaminados a otorgar espacios para el desarrollo del arte urbano, el grafiti en México seguirá dándose en el espacio público, ya que tiene la particularidad de mantenerse al margen de la legalidad, aseguró el urbanista Emiliano Duering Cufré.

El coordinador de la Licenciatura en Estudios Socioterritoriales de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ), señaló en entrevista para Notimex que el grafiti se describe a sí mismo como un grafo, una imagen, una pinta en un espacio público con el objetivo de emitir un mensaje.

"Desde la década de los 70, el movimiento grafitero en México ha tenido logros importantes como la consolidación de una cultura global, la identificación y sobreponerse a actos represores", aseveró el arquitecto por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), con maestría en urbanismo.

Duering Cufré recordó que en aquella época llegó de Los Ángeles, California, un grupo interdisciplinario de especialistas para encabezar un programa que consistía en prevenir la delincuencia mediante la enseñanza de técnicas de expresión artística, específicamente a grafiteros.

Sin embargo, el grafitero auténtico se concibe como un artista que precisamente está al margen de lo establecido, que alza la voz a través de tags y bombas, porque históricamente no ha sido escuchado ni incluido en los programas de desarrollo social.

Explicó que un tag es una pequeña firma grafiteada y la bomba es el dibujo grande que hace para expresar una idea.

"El movimiento tiene la particularidad de establecerse en el margen de la legalidad, pues para que sea un grafiti como tal debe ser ilegal y lo demás son obras, murales, intervenciones en el espacio público", abundó el urbanista.

Cabe recordar que en 2015 la Legislatura local aprobó una reforma al Código Penal estatal para estipular que la pinta de grafiti en bienes propios o ajenos ya no es delito en Querétaro, sino una falta administrativa.

Añadió que los grafiteros son contra-Estado, debe desarrollarse en el límite de la legalidad ya que pretenden precisamente hacer valer su voz por años apagada, callada, van en oposición a quienes los pretende hacer invisibles.

Es decir, abundó el académico, quien pretende hacer invisibles a los grafiteros no puede legalizar esa actividad urbana y aunque lo hiciera, seguirían pintando donde no está permitido.

Per se, el grafiti se coloca en los lugares más visibles y con menor accesibilidad como son puentes, bardas y anuncios espectaculares, eso lleva al mensaje urbano a muchas más personas.

Duering Cufré enfatizó que la creación de espacios públicos autorizados para el desarrollo del grafiti invariablemente restará adrenalina a los artistas urbanos: "decir que pinten lo que quieran dentro de cuatro paredes no será bien apreciado por ellos, eso es un hecho".

Manifestó que querer encuadrar al grafiti hace que se pierda el alma del grafitero, que es pintar con libertad, donde él lo decida y sin tintes de regresión por parte del sistema establecido.

El urbanista recalcó que el movimiento llegó para quedarse: "la mejor manera de mantenerlo, es limpiar las paredes y prohibir las pintas".