'Pureza', retratos de hijas que prometen preservar su virginidad y padres que juran protegerla

  • En la reciente ceremonia cristiana, inventada en los EU en 1998, la niña o adolescente se compromete a permanecer virgen hasta el matrimonio.
  • La serie de retratos, del fotógrafo sueco David Magnusson, muestra a padres e hijas de Luisiana, Arizona y Colorado engalanados para la celebración.
<p>Rose Smoak, de 16 years, con su padre Randall Smoak en Dixie (Luisiana), una de las fotos de ´Purity´</p>
Rose Smoak, de 16 years, con su padre Randall Smoak en Dixie (Luisiana), una de las fotos de ´Purity´
© David Magnusson 2014 - Courtesy Bokförlaget Max Ström

"Me di cuenta de que muchas chicas se comportaban con timidez cuando llegaban al baile. Estaban ahí con sus padres, todas tenían preciosos vestidos blancos y estaban simplemente espléndidas. Algunas habían decidido llevar tiaras y parecían princesas. (...) Hicimos nuestros votos mirándonos a los ojos. En ese momento estaba llorando y podía ver que muchas chicas sacaban la agonía que tenían en sus corazones. Lo hacían porque sabían que sus padres estaban ahí para ellas. (...) Podía notar la completa felicidad de sus almas", recuerda Jasmine Nunley, de 15 años, que rodea de una mística de cuento de hadas una ceremonia que gira exclusivamente en torno a la virginidad femenina y su preservación hasta el matrimonio.

Los Purity Balls (bailes de la pureza) son un invento reciente. Ideada por Randy y Lisa Wilson, un matrimonio de Colorado Springs (Colorado, EE UU) para sus cinco hijas en 1998, la ceremonia colectiva de corte cristiano es un "compromiso de virginidad" de las niñas o chicas protagonistas, que optan con fervor religioso por "una vida de pureza" hasta el día en que se unan en un matrimonio siempre "entregado, fiel y de por vida". Los padres juran defender la virginidad de las hijas en un discurso en el que declaran "ante Dios" que serán "la autoridad y la protección" de esa "pureza". El ritual, con todo el boato de una boda, termina con un simbólico baile que recuerda al de unos novios recién casados.

El fotógrafo sueco David Magnusson (1983) retrata en el proyecto Purity (Pureza) —publicado ahora en un libro por la editorial sueca Max Ström— a padres e hijas de los estados de Luisiana, Colorado y Arizona que han decidido participar en la ceremonia. Junto a cada imagen hay declaraciones de los protagonistas, todas en torno a la importancia de ser "puro", de no dejarse llevar por "pensamientos malos" y de ganarse el cielo. Las niñas más pequeñas (las hay de cinco y siete años) hablan más de la fiesta, de ser "la reina de la noche", de la comida.  

Paisajes áridos y desérticos al amanecer

Con un ánimo documental y sin pronunciar su opinión sobre la nueva celebración, deja que las fotos formulen preguntas al espectador. Cada sesión nunca duró más de una hora y todas las imágenes se tomaron cuando estaba a punto de amanecer, una hora y media antes de que el Sol terminara de salir.

Se abrazan, cierran los ojos para expresar la intensidad del momento, se dan la mano...En las fotos de aire solemne y poético los modelos se abrazan, cierran los ojos para expresar la intensidad del momento, se dan la mano... Como fondos, el autor escoge siempre exteriores: paisajes muchas veces áridos y desérticos con cruces blancas, pozos de petróleo, tanques de agua, banderas de los Estados Unidos, pacas amarillentas de heno y otros elementos inconfundibles del rural estadounidense.

Jasmine y su padre (de Grand Cane, un pueblo de Luisiana de 242 habitantes) posan frente a unos caballos que Magnusson desenfoca convenientemente. Ella, con un vestido blanco de raso y los hombros desnudos, se apoya en el hombro protector de él, que la rodea y sujeta su mano izquierda con una suavidad firme.