A casi 300 años de creada, la Ópera-ballet cómica en tres actos “Don Quijote en casa de la Duquesa”, de Joseph Bodin de Boismortier, con Le Concert Spirituel, llegó por fin a México, para deleite del público del Festival Internacional Cervantino (FIC), que concluye este domingo.

El Teatro Juárez fue testigo de este espectáculo subtitulado, que incluyó canto y humorismo a cargo del elenco y de los propios músicos del ensamble francés, que bajo la dirección de Hervé Niquet, cautivó a los asistentes.

Con motivo del 400 aniversario luctuoso de Miguel de Cervantes Saavedra y en el marco del programa Cervantes en la Ópera, del XLIV Festival Internacional Cervantino, se escenificó este estreno en México.

Música, bel canto, narración y sobre todo humorismo, fueron los ingredientes de esta historia de Don Quijote y Sancho Panza, que sorprendió con la inclusión de Merlín y una reina japonesa.

La puesta en escena invitó desde un principio al público a divertirse, pero también a apreciar el arte del bel canto que se conjugó para representar a uno de los personajes clásicos de la literatura universal, como es el Quijote.

Los músicos afinaban sus instrumentos, cuando apareció el director casi corriendo y sin decir nada interrumpió a los ejecutantes para iniciar la función.

Apareció entonces un narrador para explicar al público la historia de El Quijote, acompañado de personajes (cantantes), y decir que esta era totalmente diferente a las demás óperas.

La duquesa conoce a Don Quijote y a Sancho Panza, quienes se internan en su territorio. Ella los reconoce, ya que ha leído la primera parte de la obra de Miguel de Cervantes Saavedra, y los invita a su finca. Advierte a toda su gente para que le jueguen una broma a este soñador.

La obra tiene lugar en la sala de la duquesa, redecorada para que Don Quijote y Sancho Panza crean que es un bosque. Ahí, para demostrar que pueden sustituir a Dulcinea en el corazón de Don Quijote, la duquesa representa el papel de Altisidora, una joven en apuros.

El caballero salva a Altisidora, presa de un monstruo, y después de haber cumplido con su deber, sólo piensa en irse. Para evitar que lo haga, Sancho sugiere a sus invitados contarle al caballero que la primera campesina que conozca es en realidad Dulcinea, víctima de un hechizo.

Altisidora furiosa porque Don Quijote aún no la ama, se disfraza de hechicera y lanza un conjuro que transforma al Quijote en un oso y a Sancho en un mono. Ella promete la muerte a Don Quijote si vuelve a rechazarla y amenaza con desaparecer a Dulcinea. El caballero, ahora convencido de que es malvada, decide irse de una vez por todas.