La cooperación colectiva es crucial para construir comunidades resilientes, es decir, aquellas capaces de mantenerse y adaptarse a los retos impuestos por el cambio climático y las tendencias económicas actuales.

Una investigación de la estudiante mexicana de doctorado Marina Montelongo Arana, y el investigador Rafael Wittek, publicada en la revista Building Research & Information, revela que la decisión individual de cooperar en favor del bien común, es influenciada por las dinámicas intravecinales.

Saber qué condiciones motivan la participación individual es crucial para que los distintos actores urbanos implementen las estrategias adecuadas para enfrentar los retos sociales, económicos y ambientales actuales, señala la investigación realizada con apoyo del Conacyt en la Universidad de Groningen en Holanda.

Y es que, los reducidos espacios privados y comunes, nuevos vecinos, la falta de recursos económicos y la ausencia de acción por parte de las autoridades cuando la capacidad interna de la comunidad para solucionar conflictos es rebasada, son factores que influyen negativamente en el surgimiento y mantenimiento de la cooperación entre vecinos.

Estas conclusiones están sustentadas en un ejercicio realizado en cuatro viviendas colectivas (vecindades) ubicadas en las delegaciones Cuauhtémoc, Benito Juárez y Gustavo A. Madero de la Ciudad de México.

De acuerdo con Montelongo y Wittek, existen múltiples formas de cooperación incidental, pero la de largo plazo es difícil de lograr, ya que múltiples factores influyen en su aparición y permanencia.

Los resultados muestran que en las comunidades con cooperación colectiva permanente pueden reconocerse todos los principios de gobernanza establecidos por Elinor Ostrom -premio nobel de economía 2009- para el manejo sustentable de recursos naturales comunes.

En el caso urbano, un patio central relativamente amplio fue percibido como un valioso recurso común que motivó la organización colectiva relacionada con su uso y mantenimiento.

La existencia de un bien común, la confianza, la reciprocidad, la reputación y un efectivo sistema de monitoreo y control juegan un papel crucial en el éxito de la cooperación colectiva, señala la investigación de la doctorante mexicana.

De igual manera, se detectó que formas de cooperación incidental o de corto plazo facilitan la formación de la identidad colectiva, que junto con la creencia en la realización de los diferentes proyectos, favorecen el cumplimiento de las normas sociales y motivan al individuo a cooperar en favor del grupo.

En contraste, la falta de una estructura de gobernanza interna y una constante violación a las normas sociales fueron observadas en las comunidades sin acción colectiva permanente, revela la investigación "Community resilience: sustained cooperation and space usage in collective housing".