La ministra de Comercio de Canadá, Chrystia Freeland, puso fin hoy a las negociaciones con la región belga de Valonia con miras a permitir la ratificación del tratado de libre comercio entre su país y la Unión Europea, conocido como CETA.

La decisión fue anunciada luego de dos días de intensas pláticas con el ministro-presidente valón, Paul Magnette, cuyo visto bueno es necesario para que el gobierno federal de Bélgica ratifique el pacto.

“A lo largo de los últimos meses, hemos trabajo mucho con todos los actores europeos”, dijo una Freeland visiblemente emocionada y “muy decepcionada”, antes de regresar a su país.

“No obstante, parece evidente para mí, para Canadá, que la UE no es capaz ahora de tener un acuerdo internacional con un país que tiene valores tan europeos, tan gentil y con tanta paciencia como es Canadá”, afirmó.

Por su parte, la Comisión Europea (CE) se apresuró en afirmar que las negociaciones no han sido rotas, sino que se toman una “pausa”.

La noche del jueves, el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, advirtió de que el fracaso de la UE en ratificar el acuerdo negociado con Canadá durante siete años supondría un duro golpe a la estrategia comercial europea, centrada en los tratados de libre comercio con terceros países o bloques.

“Si no somos capaces de convencer a la gente de que los tratados comerciales les interesan, de que nuestros representantes los negocian para proteger a los intereses del pueblo, entonces no tendremos posibilidad de construir apoyo público para el libre comercio”, observó.

Al justificar su rechazo, Magnette afirmó que el problema no reside en las relaciones comerciales con Canadá, sino en el tipo de mundialización que buscamos.

“No bloqueamos (el pacto) por placer, sino porque nos encontramos en un momento de ruptura o delante de un salto cualitativo como la historia de la democracia ha conocido. Estamos construyendo la democracia”, sostuvo.

El líder valón señaló que el CETA es “un precedente que fijará el modelo de las futuras negociaciones conducidas por la UE con Estados Unidos o Japón, por ejemplo”.

En las últimas horas, Magnette se había dicho contento con el progreso de las negociaciones, aunque afirmó que aún no se habían ofrecido suficientes garantías jurídicas para los cambios exigidos por el parlamento valón.

“Tenemos que ir hasta el fin de las cosas para fijar patrones de muy alto nivel”, dijo.

El ministro-presidente de esa región belga de 3.6 millones de habitantes cuenta con el apoyo de los principales sindicatos del país, de organizaciones no gubernamentales y de muchos representantes de la sociedad civil.

En las redes sociales, algunos saludan su “valentía” por enfrentar sólo “los intereses de las multinacionales”, mientras que otros lo critican por “bloquear la decisión de otros 27 países”.

Para añadir a la tensión de las últimas horas, la cuenta del canciller belga, Didier Reynders, en una red social fue pirateada y publicó un mensaje insultando a sus socios del otro lado del Atlántico.

“Hey Canada, fuck you”, decía el mensaje, que permaneció en la red por al menos tres horas.