El chocolate es fuente de placer y adicción en buena parte del mundo, y un poderoso antidepresivo, según muchos, pero en Brasil la base de este dulce –el cacao- es también un generador de ingresos para agricultores, una dinámica que permite preservar el Amazonas de las feroces motosierras de la deforestación.

Un perfecto ejemplo de ello se produce en la remota localidad de Sao Félix de Xingú, en el estado amazónico de Pará, al centrooeste del país y uno de los más afectados por la deforestación en la última década.

Hace unos años el municipio era uno de los mayores taladores, con miles de hectáreas de madera noble del Amazonas devoradas por el negocio ilícito y peligroso de la deforestación clandestina, que precede a la conversión ilícita de tierras forestales en campos de pasto para vacas.

Sin embargo, desde 2011 algunas organizaciones civiles como el Instituto de Manejo y Certificación Forestal y Agrícola (IMAFLORA) llevan a cabo un programa para promover entre los pequeños agricultores el cultivo y comercialización del cacao, del que Brasil es el quinto mayor productor del planeta.

“Ofrecemos a los productores familiares asistencia técnica, capacitándoles para mejorar la calidad de su cacao, y también para hacer una adecuación ambiental de sus propiedades”, explicó a Notimex Eduardo Trevisan Gonçalves, gerente de mercados de IMAFLORA.

El trabajo con 75 productores locales, que ya se benefician de la venta de una cosecha de 300 toneladas de cacao que está a punto de ser certificado como “biológico”, ha permitido preservar 300 hectáreas de floresta que estaba amenazada de ser arrasada y quemada para devenir pasto del ganado.

Desde hace cuatro décadas, cuando la dictadura militar brasileña (1964-1985) promovió la “ocupación” del Amazonas por medio de construcción de grandes obras de ingeniería y la migración del noreste a los estados amazónicos, la mayor reserva natural del planeta está amenazada por la tala ilegal, la minería y sobre todo por el negocio agrícola y ganadero, que ocupa el 60 por ciento de las áreas deforestadas en todo el Amazonas.

Son miles las hectáreas de bosque que cada año se talan y luego se queman para explotar la madera y, en especial, para abrir nuevas tierras amazónicas a monocultivos como la soja y la producción de ganado.

Una dinámica constante que amenaza seriamente al Amazonas, que ya perdió el 19 por ciento de todo el bioma, el equivalente a 750 mil kilómetros cuadrados (más de un tercio del territorio de México) en las últimas décadas.

Como explica Rodrigo Mauro Freire, coordinador del programa Amazonia en la organización The Nature Conservation (TNC), que promueve también la sustitución de áreas de pastos degradadas por especies forestales amazónicas por medio de su proyecto “Cacao Más Sustentable”, se trata de una problemática compleja.

Ello porque millones de personas en Brasil –una de las mayores potencias agrícolas y pecuarias del planeta- viven de la exportación de minerales, commodities agrícolas y carne de vaca, del que Brasil es el segundo mayor productor mundial.

“Entre 2013 y 2016 hemos logrado que 82 familias de agricultores hayan integrado el programa de plantación de cacao. Ya son 312 hectáreas en San Félix de Xingú”, explicó Freire, cuya organización promueve la creación de cadenas productivas sostenibles en el municipio, uno de los más conflictivos de Brasil por la lucha por las tierras.

“El cacao es más productivo que la pecuaria, cuatro o cinco veces más lucrativo para el productor. Pero haciendo un cacao de mayor calidad y buscando socios comerciales que valoricen ese cacao se consigue un beneficio de casi 10 veces más que con la ganadería extensiva”, coincidió por su parte Trevisan Gonçalves, de IMAFLORA.

Al crecer a la sombra, necesitar la preservación de altos árboles de madera noble, el negocio del cacao incentiva la preservación de la floresta y se crea un negocio cuyo mercado millonario debe crecer a un ritmo anual de 1.4 por ciento hasta 2030, como consecuencia de la demanda de Asia por el chocolate, según la Organización de Naciones para la Agricultura y la Alimentación (FAO).

“No se trata de dejar pecuaria, sino hacer pecuaria de forma adecuada, no extensiva. En esa región hay haciendas de 20 y 30 mil hectáreas”, señaló Trevisan Gonçalves, en referencia a un problema no resuelto en Brasil: la concentración de extensiones enormes de tierra en pocas manos.

TNC, por su parte, tiene el proyecto de expandir a otros municipios de la región el proyecto “Cacao Más Sustentable” hasta llegar a mil familias y un total de cinco mil hectáreas plantadas para 2020, mientras negocia con empresas de chocolate la implantación de fábricas en la región.

En 2015 Brasil fue el quinto productor mundial de cacao, con 255 mil toneladas de cacao producido, y el país lidera la producción de América Latina en un mercado dominado por Costa de Marfil e Indonesia.

Este año, sin embargo, las severas sequías sufridas por le estado de Bahía, al noreste del país y líder en producción, amenazan con provocar una caída de más del 40 por ciento en la cosecha, lo que convertirán al amazónico estado de Pará en el primer productor nacional.