Las pruebas nucleares que realizó Reino Unido entre 1952 y 1967 provocaron deformidades genéticas, cáncer y lesiones de por vida para el personal de las Fuerzas Armadas que estuvo expuesto a altos niveles de radiación.

Se estima que en la actualidad unas dos mil personas de las 20 mil que estuvieron expuestas a material radiactivo siguen vivas, pero sus descendientes pueden ser miles de personas más que podrían tener problemas genéticos.

El gobierno británico ejecutó sus pruebas nucleares en Australia e Isla Navidad en el periodo señalado, relató Douglas Hern, un veterano de guerra que fue enviado a territorio australiano en entrevista con Notimex.

El gobierno británico se niega a ofrecer una disculpa o a reconocer si las pruebas nucleares afectaron la salud de los veteranos, pero Hern está seguro que la radiación a la que estuvo expuesto durante un año afectó la salud de sus dos hijas.

Narró que su hija menor murió cuando tenía 13 años de edad de un supuesto cáncer en 1977 y su hija mayor, que en la actualidad tiene 54 años, desarrolló trastorno bipolar.

Hern atribuye ambas enfermedades al material radiactivo al que él estuvo expuesto de 1957 a 1958 cuando fue desplazado con la Armada Británica a la Isla Navidad (Christmas Island) en el Océano Pacífico.

“Perdí a mi hija cuando tenía 13 años supuestamente de un cáncer, pero el certificado de defunción dice algo diferente. No fue sino hasta seis años después de que murió que formamos una asociación junto a otros que estuvieron en la Isla Navidad”, comentó.

Hern es uno de los fundadores de la Asociación del Programa Británico de Pruebas Nucleares (BNTVA, por sus siglas en inglés) creada en 1983 y que representa a 20 mil personas que tuvieron contacto con material radiactivo.

El veterano de guerra, de 80 años de edad, señaló que el gobierno se ha encargado de “borrarlo de la historia”, pero las personas desplazadas en el Pacífico Sur han vivido experiencias similares con distintos tipos de cáncer y enfermedades congénitas.

“Durante años hemos tratado de convencer al gobierno para que reconozca que fuimos afectados por estar allí (durante las pruebas nucleares). Yo fui testigo de cinco detonaciones a solo 30 kilómetros de distancia, incluida la bomba más grande que detonó Gran Bretaña”, aseguró.

El 8 de noviembre de 1957, solo dos meses después de que Hern había llegado a Isla Navidad, el gobierno británico detonó la primera bomba termonuclear, la más grande en su tipo.

En la actualidad, un grupo de veteranos de guerra es sometido a estudios sobre genes, cuyos resultados se mantendrán por ahora en secreto.

“Hay una investigación que ya inició, pero que (cuyo resultado) no se sabrá en los próximos años, es un libro cerrado por ahora”, afirmó Hern.

“Yo no busco compensación. Mi energía está enfocada hacia los niños, en asegurar su futuro y el de las siguientes generaciones”, aseguró el veterano de guerra.

El gobierno financia parte de la asociación BNTVA como un reconocimiento de que existe una comunidad nuclear, pero no acepta el término de víctimas nucleares.

Los recursos que ha destinado el gobierno no han sido para compensar a las víctimas, sino para la investigación y el bienestar de los veteranos y sus familias.

“En cuanto a la compensación, no me interesa. Ya tengo 80 años. En cuanto a la divulgación completa de qué fue lo que sucedió, tomará años antes de que conozcamos la verdad”, enfatizó Hern.

Respecto a su salud, señaló que sufre de diabetes, problemas estructurales, osteoporosis y problemas linfáticos, entre otros padecimientos.

El archivo de la BNTVA tiene registrado que los veteranos y sus descendientes padecen males congénitos como abortos naturales y pérdidas fetales, problemas de la piel, cáncer, leucemia, problemas de oído y otras afecciones muy por arriba del promedio de la población.

Reino Unido se convirtió en la tercera potencia nuclear que detonó de manera exitosa un dispositivo atómico en octubre de 1952 en Australia con la operación Hurricane y en Isla Navidad con el operativo Grapple.

Medio siglo después, veteranos de guerra buscan justicia para compensar a las víctimas de la radiación, fondos para la investigación genética y una disculpa del gobierno británico.