“Una oscura pasión por mamá”, la reciente novela del periodista y escritor cubano-mexicano Roger Vilar (1968), lleva al lector por un recorrido quimérico, a lo largo del cual, el protagonista experimenta un sentimiento de amor-odio hacia la figura materna.

El hijo es un exiliado cubano y en un viaje interno regresa a casa, una ciudad de La Habana devastada, en ruinas. Durante este viaje onírico se encuentra con la madre, de quien espera recibir aprecio, sin embargo se habrá de encontrar con ataques tanto físicos como sexuales, explica el autor.

En entrevista con Notimex, el literato nacido en Cuba pero naturalizado mexicano, explicó que, desde su perspectiva, las relaciones hijo-madre están marcadas por una contraposición entre odio y amor.

De ahí que eligiera este tema y lo plasmara en su historia con dos sentidos. Por una parte, el evidente complejo de Edipo que existe y atrapa a ambos personajes.

A pesar de su partida, el narrador no logra separarse de la erotización infantil, de la que habla Sigmund Freud respecto a la madre, explicó Vilar.

Este vínculo estrecho recorre toda la novela y es lo que proporciona el eje. Cuando él vuelve en busca de su nombre a la isla, visita a su madre para que ella se lo diga, agregó.

“También hay que decir que la madre es símbolo de Cuba. En este sentido las relaciones de amor-odio con la madre son relaciones de amor-odio que el personaje establece con su propio país, con su propia patria, que es Cuba”, compartió el creador.

Como metáfora de una nación, “Una oscura pasión por mamá” describe elementos históricos de esa región entre 1990 y 1993.

Roger Vilar expresó que fue la época en la que se desintegra la Unión Soviética y cae el bloque socialista con el cual Cuba tenía por lo menos el 80 por ciento del comercio.

“Se desata una gran penuria y hambruna en Cuba y hay ruinas de todo tipo, incluyendo la falta de democracia, de derechos y el vivir bajo una dictadura”, antecedentes que, reconoció, llevó hasta el extremo fantasmagórico en el relato.

Llegó a un punto onírico y a partir de ahí dibujó esa ciudad de La Habana. Lo que escribió sobre ese sitio en el planteamiento no ocurrió en la realidad. El tratamiento de la novela es una introspección a través de la madre y de Cuba, abundó.

“Mi novela está dirigida a un público adulto y universal. Un mexicano, colombiano, chileno o cubano pueden leerla sin problema, en el sentido de que la relación madre-hijo, con sus indicios de amor-odio se dan en cualquier cultura, concluyó Vilar.