Por primera vez en la historia se abrirán al público para visitas culturales los aposentos usados por los Papas para pasar el verano en la residencia vaticana ubicada a las afueras de Roma.

A partir del próximo sábado 22 de octubre y por voluntad del Papa Francisco, el Apartamento Pontificio del Palacio Apostólico de Castel Gandolfo se podrá conocer como parte de un recorrido organizado por los Museos Vaticanos.

De esta manera se ampliará el espacio visitable de las llamadas “Villas Pontificias”, algo impensado hasta hace tres años ya que la residencia estaba reservada sólo a los pontífices y a algunos elegidos que obtenían permisos especiales.

Pero eso cambió desde la elección papal de Jorge Mario Bergoglio, quien decidió renunciar a trasladarse del Vaticano hasta Castel Gandolfo (a 25 kilómetros al sur de la capital italiana) para pasar los meses de más calor, como hicieron sus predecesores.

Poco después ordenó que estos espacios sean abiertos al público: primero –hace dos años- se habilitó la Villa Barberini, compuesta por famosos jardines ornamentales a la italiana, junto con otras zonas al aire libre.

Luego, en 2015, fue abierta a las visitas la Galería de los Retratos de los Pontífices y ahora se agregan las habitaciones usadas por los Papas como retiro de verano. Será posible conocer el Apartamento Pontificio todos los días salvo el domingo.

El complejo de Castel Gandolfo está compuesto por tres “villas” (Cybo, Moro y Barberini) y ocupa unas 55 hectáreas en torno al Lago de Albano y en la colina más alta de la zona, de tal manera que -en días con cielos despejados- es posible admirar el Mar Mediterráneo de una parte y la laguna del otro.

Ubicada sobre antiguas residencias del imperio romano, la más antigua villa del complejo -conocida con el nombre de “Cybo”- fue expropiada por el Papa Urbano VIII (Maffeo Barberini) en 1590 y comenzó a ser habitada en 1614.

Antes, en el siglo XII d.C. aproximadamente, una familia de nobles genoveses -los Gandolfo- hicieron construir un castillo sobre lo que se conocía, hasta ese momento, como “Alba Longa”: una población que dataría del siglo XIII a.C.

Ese pasado imperial está aún presente en diversos rincones de los amplios jardines de la residencia papal, donde incluso se mantienen, en discreto estado de conservación, los restos de un modesto teatro romano, con sus gradas y pasillos.

Se trata del testimonio del testimonio de la Albanum Domitiani, residencia de campo del emperador Domiciano (81-96 d.C.).

Pero el vestigio antiguo más impresionante es, sin duda, el “criptopórtico”: un túnel excavado en la roca de unos 300 metros de extensión que fue construido por los romanos para permitir al emperador pasear por los jardines sin mojarse cuando llueve.

La finca de Castel Gandolfo es 11 hectáreas más grande que el mismo Vaticano, que apenas ocupa 44 en el corazón de Roma. Empero, la mayor parte del territorio de ambas propiedades es ocupado por jardines con plantas de todo el mundo.

En la residencia de verano destacan los centenarios “jardines a la italiana”, donde conviven ordenadamente plantas de todo el mundo, tan numerosas que tomaría decenios catalogarlas todas.

Sobre todo porque apenas suman 59 los trabajadores de las villas, la mayoría de los cuales se dedican a la atención de las plantas y a la manutención en general. No superan las 14 familias.

Algunos de ellos administran una pequeña granja local que cuenta con 65 vacas, gallinas y otros animales. Allí se produce leche, queso, aceite de oliva, huevos y otros productos naturales, muchos de los cuales terminan cada semana en la mesa de Francisco.