Los éxitos logrados por deportistas del alto rendimiento y del renglón aficionado, se deben principalmente a la exigente preparación física y mental y al sacrificio que experimentan durante sus carreras, sin embargo, la superstición tiene un lugar muy especial entre una gran mayoría de ellos.

Atletas de distintas especialidades lograron traspasar los límites de lo que se considera una hazaña deportiva, hasta convertirse en verdaderas leyendas de tal o cual deporte, sin tomar en cuenta todo el esfuerzo, entrega y sacrificio que existió detrás de ese logro.

Sin embargo, para otros deportistas, todo este esfuerzo, hasta cierto punto "normal" en toda preparación de un atleta, no es lo suficientemente necesario para obtener la meta o el premio buscado, ya que se necesita de una "manita" extra de otros "métodos o recursos" para alcanzar el éxito deseado.

Es aquí donde entra la superstición entre una infinidad de deportistas en general, quienes alcanzaron sus metas, no sólo por su exigente preparación física y mental, sino por utilizar algún "método o ritual" que les dio la suerte necesaria para conquistar el objetivo trazado o vencer al oponente en turno.

Según la Real Academia de la Lengua Española, la superstición se define como aquella creencia extraña a la fe religiosa y contraria a la razón, o como una fe desmedida o valoración excesiva respecto de algo, de ahí que esta "herramienta" ha dado mucho éxito a quienes la utilizan de manera habitual.

Sin lugar a dudas, la superstición ha estado, está y seguirá presente en todos los deportes que existen en el planeta, ya sea a nivel profesional o amateur, incluso, en el que practican los ciudadanos comunes los fines de semana o a nivel escolar en todos los niveles de la educación académica.

Desde el clásico "volado" para escoger cancha, pasando por la utilización de las mismas prendas de vestir y sin lavar, portar algún amuleto familiar o "arreglado", recibir la llamada telefónica de alguien en especial, levantarse por el mismo lado de la cama o poner primero un pie dentro del terreno de juego, hasta incluso, utilizar "hechizos" o "brujerías".

Debido a la mayor probabilidad y cercanía con los accidentes fatales o que dañan en una mayor proporción el cuerpo de los atletas, deportes como el boxeo, lucha libre, fiesta brava, automovilismo, motociclismo o alpinismo, entre otros más, tienen a la mayor cantidad de exponentes supersticiosos y utilizan cábalas.

Todos en México recordamos la ya clásica cinta en color rojo intenso que el legendario peleador sonorense Julio César Chávez y todo su equipo de trabajo, utilizaban alrededor de la cabeza por la frente.

Esta cinta roja la comenzó a usar el "César" del boxeo mexicano, a partir de su pelea ante el puertorriqueño Edwin "Chapo" Rosario, en lo que fue una cábala que le sugirió usar un conocido brujo para así contrarrestar una brujería en su contra, hecha por la madre del púgil boricua.

Un ritual fuera de lo común se dio en la Copa del Mundo Francia 98, el cual consistió en que todos los jugadores galos besaban la cabeza calva de su portero Fabien Barthez antes de cada partido, y al final, les funcionó a la perfección, ya que el conjunto local se llevó el Mundial.

En el peligroso serial de automovilismo de la Nascar, el conductor Rick Crawford no podía observar a alguien en la zona de pits enfundado en una prenda color verde, ya que eso era presagio de un accidente o de alguna situación fuera de control, por lo que pedía a sus cercanos vestir con otros tonos.

Varios toreros, desde los poco conocidos hasta las estrellas de la fiesta brava, no pueden ser vestidos o ayudados por alguna mujer, previo a sus corridas, e incluso, en el pasado, estaba prohibido que alguna dama estuviera en el callejón de las plazas de toros, lo que ahora es permitido.

No sólo el deportista aficionado o casual, utiliza estas múltiples cábalas, como el portar la foto de sus seres queridos o santiguarse antes de cada evento, sino muchas celebridades del mundo profesional recurren a estas prácticas y en todas las disciplinas, sean peligrosas o no.

Por increíble que parezca, en muchas ocasiones el deportista, con una preparación al máximo de su capacidad físico-atlética, y fracasa en su intento por conseguir la gloria, se culpa a sí mismo, por el imperdonable olvido de realizar como "se debía", tal artilugio, ritual o cábala que le hubiera dado el éxito deseado.