El sacerdote Rodolfo Mayagoitia es apasionado del deporte, en su infancia practicó natación y en su juventud futbol, hasta que un diagnóstico médico lo encaminó al triatlón, en el cual, asegura, se mezcla la armonía del cuerpo con la espiritualidad de Dios.

Sin ser un atleta de alto rendimiento, el sacerdote, que forma parte de un equipo llamado Corintios, ha tomado al deporte como estandarte para estar bien con Dios.

“Siempre me gustó el deporte, desde niño. En el seminario hay juegos y trato de mantenerlo. Hace como 10 años por problemas de ciática el médico me dijo que dejará el futbol y que mejor caminara; pero caminar es muy aburrido”, expresó.

El sacerdote, que coordina el Regnum Christi en el norte de la capital mexicana, señaló que su pasión por el deporte va más allá de salir cada fin de semana a aflojar el musculo, lo hace por salud mental y estar bien consigo mismo.

“Hacer deporte siempre es bueno, además que la otra parte que veo es que tiene una parte espiritual. Porque después de competir el cuerpo y la mente entran en comunión, entras a pensar y hasta rezar, eso me pasa cuando estoy arriba de la bicicleta por más de tres horas”, aseveró.

Sin embargo, su idilio con el triatlón surgió tras una invitación de los organizadores del evento en Cozumel, donde acudió para probar lo que era competir. Al llegar a la meta sintió una experiencia gratificante que hizo estallar de júbilo por lograr esa hazaña.

“El sacerdocio y el deporte son complementarios. Estoy haciendo un doctorado en inteligencia espiritual y deporte. Mi idea es que el deporte es una actividad integradora, hace conocer a la persona, conocer sus facultades espirituales y además porque integra a la comunidad”, expresó.

Sin embargo, indicó que cuando está ocupado con misas con motivo de bodas, bautizos o aniversarios, deja a un lado al deporte, ya que primero está servir a “Dios Nuestro Señor”.

Aceptó que en cada competencia realiza un pequeño ritual, el cual consiste en rezar y encomendarse a Dios, “ofrecemos nuestra competencia y entrenamiento por una intención y al final agradecemos a Dios por lo que hemos hecho y en mi caso celebro misa después de alguna competencia”.

Comentó que el deporte es tan noble, por lo que hace “héroes” a aquellos que se quedan en el intento o por circunstancias se privan de vivir una experiencia al entrar a la meta de primeros, como sucedió en 2016 en el Mundial en Cozumel con los hermanos ingleses Brownlee.

Ambos marcaron de dramatismo la competición. Jonathan se enfilaba a la meta en segundo sitio cuando una serie de calambres, debido a los estragos del esfuerzo, pegaron fuerte en sus piernas. Alistar no pudo soportar que su hermano desfalleciera a metros de la meta.

Prácticamente lo recogió de piso y lo llevó del brazo a la meta. Así su hermano menor entre segundo. Meses más tarde, en los Juegos Olímpicos de Río 2016, Alistar fue recompensado por los dioses de olimpo con el oro por su generosidad.

Para el sacerdote la prueba que más disfruta es el ciclismo, ya que estar arriba de la bicicleta se viven diversas sensaciones.

“La bicicleta da un sentido de libertad, cuando vas en ella, en lo personal practico ruta y montaña, en la montaña me identificó con la naturaleza, es hermoso ser parte de ella y en ruta uno se siente suelto. Es como estar en una carrera con Dios”, apuntó.

Afirmó que combinar el deporte con el sacerdocio sólo es cuestión de disciplina, “es una manera de trascender, que la inteligencia espiritual es trascender a lo ordinario y eso lleva el deporte, cuando se hace deporte se llega a otro nivel, en mi caso es estar con Dios”.