Don José Benavidez tuvo una infancia complicada, pero prometió que sus hijos no vivirían lo mismo y ahora puede presumir a dos campeones del mundo en su familia: José Benavidez Jr. y el histórico David.

Nacido en Guerrero, José llegó como indocumentado a Estados Unidos a los 11 años, cruzó por Tijuana con rumbo a Los Ángeles, con el miedo de morir en el intento y una vida difícil por delante.

Necesitado del cariño de su madre, que lo dejó a los dos años, la siguió en busca del “sueño americano”, pero el entonces esposo de ella tomaba mucho y maltrató a José, quien decidió irse de casa para ser pandillero, robar y así sobrevivir.

Con apenas 14 años, su novia salió embarazada y tenía 15 cuando nació José Jr., quien lo motivó a cambiar su vida y darle todo lo que a él le faltó, por lo cual decidió irse a Phoenix, Arizona, donde nacieron sus hijos.

“José empezó a los cinco años, lo empecé a entrenar, yo no sabía nada de box, pero los metí a cualquier tipo de deportes, le gustó, ganó un trofeo y me motivé, me enamoré del boxeo, me obsesioné, entrenamos mucho”, recordó.

Más de cuatro años después nació David, por lo cual Don José tuvo que esforzarse al doble, “fue de mucho sufrimiento, de pasar hambre, destapaba un hoyo para tapar otro, se necesita mucho dinero para apoyar y cumplir los grandes sueños de dos hijos”.

“Uno vive para sus hijos, apoyarlos, para mí era eso, que llegaran a sus metas y estar en paz, hicimos algo que nos gusta a los tres y aprendimos juntos, yo no sabía nada de boxeo, nunca pensé en la vida que llegaran a profesionales", dijo.

A José Jr. lo firmaron con un millonario contrato a los 17 años, fue campeón interino superligero de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB) y ahora milita en la división welter; David tuvo su primera pelea amateur a los 13 años y hoy es el campeón supermediano más joven de la historia y ostenta el cetro del Consejo Mundial de Boxeo (CMB).

“Son dos campeones mundiales, algo que jamás hubiera pensado, hicieron mucho sacrificio, sin niñez, los quería poner fuertes, eso era mi fuerza, nunca los abandoné y aquí está la recompensa, solo les pido que tengan los pies en el piso, que sean humildes, que motiven a otros muchachos”, expresó.