Con el corazón por delante, Rubén Arellano conquista cimas

Aunque un problema en el corazón y dos cirugías parecían terminar con cualquier aspiración deportiva del alpinista Rubén Arellano, fue el mismo órgano el que lo impulsó a lograr lo que los médicos...

Aunque un problema en el corazón y dos cirugías parecían terminar con cualquier aspiración deportiva del alpinista Rubén Arellano, fue el mismo órgano el que lo impulsó a lograr lo que los médicos descartaban y también el que lo llevó a alturas insospechadas, su sigueinte meta: el Kilimanjaro.

Estenosis aortica, un padecimiento incurable, le fue detectado a los 4-5 años y a los nueve lo sometieron a su primera operación a corazón abierto para reconstruir la válvula aórtica, mientras que la segunda fue a los 21 para colocarle una prótesis mecánica.

“El pronóstico de los médicos era que no podía realizar ejercicios de alta intensidad, era simplemente la operación para continuar con vida, pero no se preveía que pudiera realizar ningún ejercicio”, contó Rubén en su visita a Notimex.

La fe de Rubén en que las cosas siempre saldrían bien, lo llevó a realizar actividades como artes marciales y jugar futbol, y aunque después de la segunda cirugía la recomendación era no hacer ejercicio, siguió con sus actividades, entre más podía más hacía y eso lo llevó a correr maratones o escalar las más altas montañas de México y el mundo.

En su familia mucho tiempo hubo temor de que le pudiera pasar, pero con el paso de los años y al ver sus conquistas fue disminuyendo; además, las revisiones semestrales o anuales a las que acude y los estudios médicos, pese a sus recomendaciones, demostraron que no había problemas.

Conoce la montaña

Rubén conoció la montaña en la adolescencia con caminatas lideradas por uno de sus tíos, pero fue después de los 25 años cuando comenzó a buscar las cimas por su propia cuenta, al inicio complicado porque no tenía el equipo adecuado, pero poco a poco se fueron dando las cosas.

“La primera fue el Iztaccíhuatl, una montaña de más de cinco mil 200 metros de altitud, la tercera montaña más grande México, luego vinieron prácticamente todas las del país, el Nevado de Toluca, el Nevado de Colima, el Pico de Orizaba que es la más alta de México y de Centroamérica, de más de cinco mil 600 metros”, contó el alpinista.

Tras llegar a la cima más alta de Centroamérica, buscó nuevos retos y el primero fuera del país y del continente era el Mont Blanc en Francia, la más alta de Europa, para la cual trató por cerca de tres años de convencer a amigos para ir en grupo, pero por diversas razones ninguno pudo y al final se fue solo a la aventura.

Arellano recordó que para llegar a la cima tuvo que poner en riesgo su vida, pues tenía que saltar grietas, “como las que aparecen en películas de montaña que son enormes y que hay que pasar con una escalera metálica, otras las debes brincar”, mismas que en caso de fallar es muerte segura, pues son muy profundas.

“La más complicada fue la primera, no era la más grande, pero al ser la primera de esa magnitud fue ese momento de decir ‘lo hago o no lo hago’. El ataque a la cima se empieza a dar a la 1:00 de la madrugada y esa prueba me la encuentro como a las 2:30, en un ambiente solitario, no había nadie a mi alrededor”, recordó Rubén.

Sin nadie que pudiera auxiliarlo o al menos avisar lo ocurrido en caso de un accidente, era el momento de tomar la decisión, arriesgarse o dar la vuelta y regresar, y con todas las precauciones posibles y con planeación, superó esa grieta y otras más en su camino a la cima.

Como en esa u otras conquistas, el sabor de la victoria llega desde unos 15 o 30 metros antes de estar en el punto más alto, “se empieza a saborear, me doy cuenta que el esfuerzo que hice para llegar está cerca de concretarse”, y luego es el momento de disfrutar vistas inigualables, estar por encima de las nubes, “me doy cuenta de lo mucho que podemos hacer cuando nos esforzamos por algo”.

El Kilimanjaro, su próxima meta

Rubén, de 38 años y quien también es rapero, practica meditación y vinculado con la escalada da conferencias, cursos y talleres, tiene en mente su nuevo objetivo y es el Kilimanjaro, en Tanzania, África, una montaña de cinco mil 895 metros y la cual planea escalar en septiembre u octubre, para lo cual busca apoyo y patrocinio.

“Sería la más alta que haya escalado en mi trayectoria. Esos meses el clima favorece para escalar la montaña, pues entrando el invierno se complica. Estamos haciendo una campaña para conseguir patrocinadores, invitar a empresas, figuras públicas, políticos que se sumen a este proyecto”, apuntó el alpinista.

“Busco a quienes coincidan con los valores que estoy promulgando y se quieran sumar a este proyecto, la idea es posicionar sus imágenes, marcas y figuras públicas para que haya un beneficio en conjunto”, comentó Arellano.

Mientras espera que alguien se pueda sumar al objetivo y pueda ir acompañado a la conquista del Kilimanjaro, no descarta lanzarse solo a la aventura, como lo hizo en 2013 en el Mont Blanc, y hacerlo sin ponerse límites, “Bruce Lee decía que no existen límites, que existen fases, que lo que llaman límite son fases que vas superando”.

“El límite se lo pone cada uno, es algo que tenemos en nuestras mentes y en la medida en que vayamos expandiendo nuestros límites serán cada vez más altos y las fases que rompamos serán cada vez más elevadas”, y él, pese a las indicaciones médicas y con su corazón como principal motor, así lo demuestra.

“Metafóricamente no hay duda que es el mismo corazón el que me ayuda a salir adelante, porque cuando nosotros nos proponemos un objetivo nos damos cuenta que los límites están en la mente, podemos realizar cualquier cosa que tengamos nosotros como proyecto”, acotó Rubén Arellano.

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