Brasil apuesta a sus atletas militares para devenir potencia olímpica

La corneta resuena en la base militar del Ejército brasileño en el barrio de Urca, una de las zonas más exclusivas de Río de Janeiro, donde comienzan a llegar sargentos, capitanes y soldados rasos...

La corneta resuena en la base militar del Ejército brasileño en el barrio de Urca, una de las zonas más exclusivas de Río de Janeiro, donde comienzan a llegar sargentos, capitanes y soldados rasos que, en lugar de trajes de combate, lucen ropa deportiva de última generación, pues integran la delegación de atletas castrenses que lucharán por medallas en los Juegos Olímpicos.

El equipo brasileño olímpico eligió un fuerte militar como su base de entrenamiento y de operaciones durante los Juegos y no es casualidad, ya que el país apostó por la combinación de talento deportivo y disciplina castrense para lograr entrar en el grupo de los diez países con más medallas en los Juegos.

“Un 30 por ciento de los atletas brasileños clasificados para estos Juegos son militares”, explica a Notimex el vicealmirante Paulo Martino Zuccaro, director del departamento del Deporte Militar en el Ministerio de Defensa.

Ello supone, que de los 465 clasificados en el llamado “time Brasil” 143 son militares de las Fuerzas Armadas, según datos provisionales del ministerio.

“La entrada en las Fuerzas Armadas permite a los atletas tener estabilidad económica para dedicarse a su vida deportiva, y reciben todo el respaldo necesario en materia de medicina, nutrición, fisioterapia y centros de entrenamientos”, agregó Zuccaro.

La emergencia de Brasil como potencia deportiva militar no es una novedad, ya que en las últimas competiciones militares el país logró finalizar entre los tres países –junto a Rusia y China- con mayor número de medallas.

En los Juegos Olímpicos de Londres 2012, por ejemplo, el equipo brasileño llevó a 51 atletas militares que ganaron cinco de las 15 medallas que el país sudamericano logró en aquella justa deportiva.

Asimismo, figuras deportivas como el astro del futbol ‘Pelé’ o el actual presidente del Comité Olímpico Brasileño, el jugador de voleibol Carlos Arthur Nuzman, tuvieron un paso por las Fuerzas Armadas.

“Los valores típicos del ambiente militar están presentes en nuestros centros de disputa deportiva: coraje, lealtad, espíritu de equipo, disciplina, respeto a las reglas (...) Todo influencia muy positivamente al atleta. Cuando entran en las Fuerzas Armadas hay también un trabajo de mejora moral”, aseguró el vicealmirante.

Así, la mayoría de atletas de deportes como la lucha, el taekwondo, el boxeo, el balonmano e incluso la vela o el tiro olímpico son militares que deben someterse a una disciplina para recibir los incentivos económicos (entre ellos una beca mínima de mil dólares) y deportivos que les ofrecen las Fuerzas Armadas.

“Son periódicamente examinados durante sus años de entrenamiento para evaluar si siguen en los programas o no”, advierte Zuccaro.

Uno de estos atletas con grandes opciones de medalla en Río 2016 es el boxeador Patrick Lourenço, de 23 años y que con sus 49 kilogramos y 164 centímetros de altura competirá en los Juegos por una medalla en la categoría de peso mosca.

Nacido en la favela carioca de Vidigal, perdió a su padre a los tres años como consecuencia de la violencia, pero gracias a su familia y a las Fuerzas Armadas, logró llegar a la élite de este deporte.

“Estuve cerca de ir hacia el lado oscuro, hacia el crimen y el narcotráfico, porque aquí en la comunidad, en la favela, no tenemos las mismas oportunidades que en los barrios ricos. Pero mi madre y el deporte lograron que fuera por buen camino”, recuerda Lourenço, quien ahora entrena en la base militar de Urca.