Basquetbolista mexicano Manuel Raga aún con la cabeza en las nubes

El legendario Manuel Raga brindó en este 2016 una de las noticias más agradables para el convulsionado baloncesto mexicano, al ingresar al Salón de la Fama FIBA (Federación Internacional de...

El legendario Manuel Raga brindó en este 2016 una de las noticias más agradables para el convulsionado baloncesto mexicano, al ingresar al Salón de la Fama FIBA (Federación Internacional de Baloncesto) de Mies, Suiza, el pasado 28 de agosto.

“Todavía ando con la cabeza en las nubes” expresó entre risitas Raga Navarro en entrevista telefónica con Notimex, al convertirse en el primer mexicano al ser incluido a la inmortalidad del recinto, que da cabida a los más grandes del mundo, entre ellos el número uno Michael Jordan.

Manuel Raga Navarro, quien nació el 14 de marzo de 1944 en Villa Aldama, Tamaulipas, y actualmente reside en Ciudad Victoria, recuerda con alegría que fue una ceremonia muy bonita. “Todo fue una experiencia inolvidable”.

La Federación Internacional de Baloncesto (FIBA), le brindó el reconocimiento que en México se le ha negado en forma gigante.

“He sido un tipo apartado de ciertas cosas, la satisfacción –de ser un triunfador- es muy personal, y este reconocimiento es muy personal y también para mi familia, mis amigos, mis compañeros de equipo desde chiquillos y también a los que tuve de adversarios en todo el mundo”, expresó.

Sobre ingresar al Salón de la Fama, aseguró que es el premio a toda aquella buena relación que tuvo con sus compañeros y adversarios, “con los públicos adversos y a favor y creo que dejé una bonita huella a través a través de todo mi recorrido en Europa”.

También dijo que le llena de satisfacción el poner en lo más alto al nombre de México, porque le llena haber representado a su país en muchas ocasiones.

“Te voy a ser sincero, cuando me fui a Europa –al equipo Pallacanestro Vallede de Italia- no me prestaban. Me decían ‘Manuel tenemos una serie de partidos amistosos en esas fechas y tú eres la persona que debe estar ahí’, entonces, qué podía decirles”, compartió.

Sin embargo, representó a México en los Juegos Olímpicos Tokio 1964, México 1968 y Montreal 1976, además en el Campeonato Mundial de 1967.

“Siempre aproveché mis vacaciones para jugar con mis ex compañeros y también con los seleccionados. Pienso que siempre tuve los pies sobre la tierra y la gente reconocía mi sencillez y lo puedo decir ahora porque ya no juego, ni nada de eso”, expresó.

Indicó que la base de su triunfo consistió en que todos los días se la pasaba jugando, porque entrenaba de lunes a domingo y recuerda que después de la práctica dominical de tres horas sus compañeros se iban a la playa, regresaban y él seguía con su balón y ante el tablero.

“Fue un aprendizaje lírico, porque a mis 18 años apenas veíamos la televisión y pasaban los juegos del campeón Milwaukee y yo me emocionaba mucho y me acostaba, soñaba y le pedía a Dios ‘dame mucho salto, mucha velocidad, dame buena puntería’ y creo que un poquito me le concedió y suficiente. Estoy agradecido con Dios”, concluyó.