Un año de pesadilla fue el que vivió Atlas en 2018, en el que ocupó los últimos sitios de la clasificación de los torneos Clausura y Apertura, sin posibilidad alguna de acceder a la liguilla del futbol mexicano.

La directiva tapatía nunca pensó que el cese de José Guadalupe Cruz en la segunda fecha del primer certamen desencadenaría un fracaso total en el año, pese a las altas expectativas que ellos mismos se pusieron.

Nunca se dieron cuenta que el “Profe” Cruz hizo competitivo a un equipo limitado en su plantel, al que en años anteriores llevó hasta la liguilla, pensaron que cualquiera podría hacerlo, un grave error que pagaron con pobres resultados y el rechazo de la afición.

Todo empezó desde la elección de los refuerzos, ya que los chilenos Ángelo Henríquez y Cristopher Toselli, así como el peruano Edwin Gómez nunca dieron lo que se esperaba de ellos.

Además, dejaron ir gente importante como José Madueña, Javier Salas, pero principalmente al argentino Gustavo Matías Alustiza, su referente a la ofensiva.

Luego de la salida de Cruz, el testigo quedó en manos del argentino Rubén Omar Romano, quien no pudo levantar al equipo y fue cesado en la fecha 12, por lo que Gerardo Espinoza entró al quite con una actuación aceptable, la cual, sin embargo, no evitó que la escuadra terminara en el lugar 15.

Para el Apertura 2018, ya con el Rafael Márquez en la Dirección Deportiva, Espinoza se mantuvo en el banquillo, pero el club siguió con la política de austeridad en cuanto a los refuerzos y dejaron ir a gente importante, como el argentino Milton Caraglio y Luis Reyes.

La mala racha que arrastraba continuó en el segundo semestre, en el que durante 10 jornadas solo logró dos empates a cambio de ocho derrotas; no fue sino hasta la fecha 11, ya bajo el mando del argentino Ángel Hoyos, que sumaron su primera victoria al dar cuenta 2-0 del Atlas.

Y pese a que sumaron dos triunfos más, sus números fueron muy pobres, con solo 18 puntos, que los colocaron en el décimo quinto escalón.