Violencia contra los árbitros: "No ha cambiado nada en veinte años"

  • Sanciones irrisorias, mecanismos preventivos inexistentes, deficiente cultura deportiva...
  • Muchas razones explican las agresiones contra los árbitros en la base.
  • Javier Raluy, criminólogo español que elaboró en los años 90 el primer estudio sobre la violencia en el fútbol, no percibe mejoras.

A Israel Mingo, árbitro madrileño de Preferente que también ejerce de juez de línea en Tercera en la actualidad, le sancionaron la pasada temporada durante un mes por suspender un partido de categoría cadete ante las reiteradas amenazas e insultos de un aficionado. Antes de que concluyera la campaña tuvo que recurrir a la policía por otro lance que saltó a los juzgados, donde le condenaron a pagar 200 euros a un aficionado que aseguraba que le había agredido.

"Según él, claro, cuando fue al revés porque él me dio una patada. ¿Realmente un juez se cree que un árbitro va a pegar a alguien, y más en un ambiente hostil?", expone recordando que una de las recomendaciones es la de no dialogar con la grada: "¿Hablar con una persona? Acabas haciéndolo contra quince, con su versión inamovible…".

El fútbol es interpretación, esto es un circo y va a ser así siempre. Y  hablamos de lo profesional. En lo no profesional no puede ser igual...

Sus casos no son excepciones aisladas, sino episodios que asaltan con regularidad al mundo del fútbol. Y muchos, delitos tipificados en el Código Penal. Vejaciones, exabruptos, violencia machista, agresiones… No hay datos oficiales, solo alguna estimación. Este periódico, por varias vías, ha intentado recabar la opinión de la Federación Española de Fútbol y su Comité Técnico de Árbitros sin éxito. Si el fútbol es una pirámide, la frecuencia es mayor cuanto más abajo nos encontremos.

La élite, el profesionalismo, presenta esos problemas, a veces de forma accidental, siempre mediática, pero la forma de abordarlos es distinta y su aparición, más esporádica. En los cimientos, coinciden diversas fuentes, el eco ha sido inexistente, un cuentagotas que gana peso en la era de las redes sociales.  No es algo nuevo en el fútbol con niños o jovénes. Los hombres del mañana, expuestos a la estupidez del hoy. "Es un problema de seguridad pública que no es nuevo, que está ahí y que se percibe con facilidad en cualquier grada", lamenta el criminólogo canario Javier Raluy, exárbitro y autor del primer estudio serio sobre la violencia en el mundo del fútbol allá por la década de los 90.

Su análisis acotado al ámbito grancanario reveló que, sobre un universo de 1.583 actas, se habían registrado 38 agresiones, 64 conatos y más de 200 agresiones verbales. "Han pasado 20 años y el escenario no ha cambiado absolutamente nada; no existe ningún tipo de inversión pública en materia de protección o  concienciación, no hay cultura preventiva", concluye al recordar cómo unos cursos que se impartían para la policía local se dejaron de dar por cuestiones de fondos. "En un mes acaba la competición y por las alturas de temporada en la que estamos es seguro es que se producirán más casos. Después, las vacaciones, el silencio y hasta la temporada que viene…  un volver a empezar y ninguna medida", reflexionan desde el Sindicato de Árbitros. "Yo elevo la crítica a las administraciones, muchas ligas son en campos de titular municipal. Es un páramo. La LFP ahora se está moviendo, pero a nivel profesional y centrándose en el tema cánticos. Es un paso importante en el sentido de que antes no había nada, pero queda mucho por hacer…".

¿Dónde está el origen del problema?

En un asunto donde las ‘competencias’ son de las Federaciones Territoriales, para Mingo, un trencilla por amor al fútbol al que no podía dedicarle el tiempo de los entrenamientos, la problemática tiene dos explicaciones: "Por un lado está el típico frustrado con su vida que va a desahogarse con insultos y demás; claro, como no le pasa nada ni nadie le dice nada,  como no hay límite, pues se crece y va a más. Por otro, que se crea que todos los niños van a llegar a Primera División, ese olvidarse del juego, de la diversión, de los valores, para solo pensar en ganar".

Al principio se hace duro. Ahora, cuando estás concentrado, ni te enteras del entorno

Desde una de esas ligas organizadas amateurs por una asociación deportiva en Madrid, Kike, dorsal 11 del equipo Vicalvarock, es más contundente: "Es un problema de educación. De educación en los jugadores y de preparación de los árbitros". A caballo entre el rol de jugador y de entrenador, su equipo ha ganado su Liga: "Jugador que hace de menos al árbitro o al contrario, directo al banquillo. Con esto no digo que jueguen sin contundencia, porque esto es competición y el árbitro está para impartir justicia, o que no hablen con él. Pero no admito insultos".

"Desde mi punto de vista", añade, "en la base los árbitros no están preparados en un 99% de los casos para pitar un partido. Son muy muy malos y tratan de parar la agresividad a base de tarjetas sin diálogo. Se enfrentan solos a gente que tiene la mano fácil, que descargan sus frustraciones hacia ellos… o hacia el contrario".

"Ante los casos de agresiones, muchas Federaciones Territoriales desaconsejan la denuncia. Parece que lo importante es que los partidos salgan adelante como sea. Y poner a un chaval de 14 o 15 años a arbitrar en ocasiones es ponerle a los pies de los caballos", aportan desde el Sindicato. La edad es un mal necesario en parte consecuente de los mandamientos de la FIFA, que busca colegiados internacionales que frisen los treinta años; eso obliga a que chavales menores de edad impartan justicia en categorías juveniles y aficionadas. Necesario, pero no condicionante. Algunos agredidos 'pasan' del tema no ya por miedo, sino por la resignación ante una fase más de su crecimiento en el mundillo. "Me gusta esto. Y quiero subir de categoría. Y para subir tienes que tragar con situaciones así, no hay otra", declaró a este medio desde Ceuta Jorge Villanúa Gaona.

Un emergente movimiento protector

El arbitraje es una vocación que nace de la pasión, sí, pero que te carga con una penitencia y te empuja a un limbo donde se mezclan indefensión, estigmatización y necesidad. Porque sin árbitros no hay balompié, tal cual. Y sin embargo las denuncias de agresiones físicas o verbales no dejan de aparecer después de cada fin de semana. Muchas ha encontrado un altavoz desde hace un año y medio en el Sindicato de Árbitros, un movimiento  que ni es oficial, ni representa legamente a nadie ni está constituido como tal, de momento, pero lucha desde el anonimato por cambiar las cosas. Hasta 220 casos han publicitado hasta la fecha, todos documentados con pruebas que van desde las actas hasta vídeos colgados en Internet. Es un compromiso, cuentan.

El problema de fondo es el poder, el dinero. De Segunda B para abajo se mueve mucho dinero de forma alegal

El Sindicato se muestra crítico con los dirigentes del fútbol y por eso tienen que moverse en el anonimato. "Los agresores de los colegiados no son los presidentes ni los directivos, está claro, pero sí denunciamos que están permitiendo y tolerando estos casos porque no existen proyectos de educación, no hay medios para combatir esa violencia.  Y las sanciones son irrisorias: entre 10 y 50 euros, para los clubes; entre uno y cinco partidos, para los jugadores. Estamos perseguidos por todos, defendidos por nadie y cada semana no encontramos fácilmente 50 nuevos casos", aporta uno de sus portavoces. "Lo peor es que la mayoría de los que rodean este mundillo, incluso entre los propios jugadores, no se sabe el reglamento, no es capaz de interpretarlo. Y no digo ninguna locura", añade Raluy.

El Sindicato de Árbitros incide en la dejadez institucional como factor importante y califica de "indignante" que el fútbol no profesional se paralizase por una cuestión económica con trasfondo de guerra entre instituciones sobre el campo de batalla del balón, mientras ignora la indefensión arbitral. "El problema de fondo es el poder, el dinero. De Segunda B para abajo se mueve mucho dinero de forma alegal, que no ilegalmente. Los clubes pagan un dinero y si pensamos en toda una temporada ya nos plantamos en una cifra importante. Pensemos en 20.000 partidos o más cada semana. Y que una Comunidad Autónoma como Andalucía tiene unos 5.000 árbitros…".

¿Y qué pasa con los colegas en la élite? ¿Esos Undiano Mallenco, Clos Gómez, Mateu Lahoz y compañía? "Nos constan comentarios y valoraciones. Pero un árbitro en activo en Primera o en Segunda División no mostrará nunca su opinión sobre este tema en público. No se muestran. No les interesa. No les conviene. Los exárbitros sí se mojan, pero...", concluyen con un evidente pesar.