Se va una gran mujer que dejó un legado al deporte olímpico

Por Lorenzo Rodríguez Blancas

Por Lorenzo Rodríguez Blancas

Dos grandes fotografías que inmortalizaron a Enriqueta Basilio sirven de marco en el sepelio de la exvallista que rompió el esquema de la mujer en el deporte y en la sociedad al ser la primera en encender un pebetero olímpico.

Sólo familiares y amigos son los que acompañaron en el último momento a la mujer que entregó parte de su vida al deporte y que hizo que el papel de la mujer se enalteciera ante un México convulsionado socialmente en 1968.

“Compartimos grandes momentos. Previo a los Juegos Olímpicos estuvimos trabajando juntos de cómo llegar para esa justa”, recordó Pablo Garrido, aquel hombre que compartió el atletismo con la actuación y que además leyó el juramento de los deportistas en México 68.

Garrido fue uno de los primeros amigos de Queta, como cariñosamente le decían, quien llegó a la funeraria. Platicó de los momentos que pasó en el deporte y que luego de la justa olímpica deportiva llegó a velar por los intereses de los atletas mexicanos.

Recuerdos imborrables en la memoria de Pablo, quien bien habla de política, como libros, escritores, pero sobre todo, de deporte. “Cuando vi que las palomas comenzaron a salir de las jaulas, dije, ya me toca. Pero no me habían avisado”.

Así que subió al estrado y casi de memoria y un poco de improvisación pronunció su discurso. Lo adelantado del acto se debió a que un periodista en su afán por tomar una fotografía, tropezó con una jaula y salieron las palomas.

Daniel Aceves, medallista olímpico de Los Ángeles 84, consideró que se va una mujer que pasó la historia del Movimiento Olímpico al ser la primea mujer en encender un pebetero olímpico. Acto que se repitió hasta en la cita de Sydney 2000 con la velocista Cathy Freeman.

“Se platicará con la familia y sus hijos para hacer un homenaje a Enriqueta Basilio. El Comité Olímpico Mexicano seguro decidirá cuando se realizará”, dijo.

En la sala sólo recuerdos de aquella mujer que cambió el rumbo de la mujer en el olimpismo. Arreglos de personalidades como la familia Zedillo Ponce de León, de organismos como el Comité Olímpico Mexicano y de amigos cercanos.

El también medallista olímpico de aquella justa de México 68, Felipe Muñoz, arribó a la funeraria para estar, por última vez, con aquella mujer que hizo historia.

Jimena Saldaña, vicepresidente del COM, también asistió al velatorio y dijo que “fue una mujer que encendió un pebetero olímpico en un momento tan especial para nuestro país, pero sobre todo que fue un parteaguas para el movimiento olímpico internacional, creo Queta nos enseñó muchas cosas en la vida”.

Luego una pequeña ceremonia en donde en la intimidad familiar sus hijos, entre ellos el exwaterpolista y exseleccionado nacional Oliver, se despidieron de su madre.

Las dos fotografías a blanco y negro con la imagen de Enriqueta Basilio en donde enciende el pebetero del estadio olímpico de Ciudad Universitaria y otra en donde sube cada uno de los escalones para cumplir con la historia sirven de marco en el sepelio de la exvallista. Ella falleció por complicaciones de neumonía.