Una pequeña ilusión que se hizo grande en Lima

Por Lorenzo Rodríguez Blancas. Enviado

Por Lorenzo Rodríguez Blancas. Enviado

Se recoge el cabello de manera sutil, se pone el traje y luego se integra al grupo. En el escenario, el equipo de Estados Unidos ejecuta su rutina y parece que lo hace de manera brillante. Las mazas caen del aire como dos pesadas manzanas que se enhebran en los aros.

Blajaith Aguilar, quien desde hace años ha comenzado la formación de las pequeñas, sólo las observa y las encomienda a Dios. Sabe que pueden hacer algo extraordinario porque así su corazón lo dice.

Ana Galindo, Adriana Hernández, Mildred Maldonado, Britany Sainz y Karen Villanueva esperan su paso.

“No fallen, vamos, ustedes pueden”, dice Aguilar, quien se traslada a la zona de espera a observar a sus niñas, como ellas les dice, mientras el público está en su punto de ebullición por lo que acaban de hacer las estadounidenses. Tras la actuación del viernes, ellas ya registran 45.975 puntos. Se ven con el oro.

Su auxiliar, Estefany González, también las sigue con la mirada y las alienta. Toca el turno del equipo mexicano. Seguras en su andar. Inicia el ballet de las pequeñas niñas que están para agigantarse y pasar a la historia.

Y es que sería la primera vez en la historia de la gimnasia rítmica mexicana que un conjunto esté en una final de Juegos Panamericanos. Blajaith se frota las manos, está echa un manojo de nervios. Su rostro lo dice todo y como quien tiene algo pendiente, mece la cabeza y en la imaginaria toma el tiempo.

El frío que se siente en el escenario del gimnasio Villa El Salvador no parece tener efecto en la entrenadora. Los dos minutos y medio de rutina parecen una eternidad porque ve cómo sus niñas hacen lo inimaginable.

Se bajan de la lona. Sobre sus caras se ve un ligero resplandor, es el esfuerzo de esos cerca de dos y medio minutos. “Es mi pasión y la de mis niñas”, asienta Aguilar, mientras trata de ver las calificaciones en la pantalla. Los dígitos marcan 48.375 unidades, las abraza y juntas brincan de emoción, hay lágrimas de felicidad. Han hecho historia.

“Gracias a Dios, se logró. Esto representa mucho trabajo. Son unas niñas súper comprometidas que siempre van por más”, señala la entrenadora, quien no aguanta el júbilo y sus ojos se cristalizan.

Ya con tres años de intenso trabajo, los resultados han comenzado a fluir y se ha visto reflejado en los Juegos Centroamericanos y del Caribe Barranquilla 2018 y ahora en los Panamericanos Lima 2019.

“Vamos paso a paso. Se han ido acumulando niñas y la más veterana, por decirlo así, es Karen (Villanueva), quien inició este proyecto. Ocho o 10 horas al día son los que se invierten en el trabajo”, recuerda.

Mientras tanto, las gimnastas se abrazan, festejan el triunfo porque lo ha hecho perfecto.

“Se siente súper chido”, asegura, espontánea, Karen Villanueva, quien no cabe de emoción. “Estoy muy orgullosa de lo que hemos hecho, de mí y de mi equipo. Todas somos uno mismo en este momento”, continúa.

Ella sabe que para llegar a la cima se debe escalar seguro y “también se sacrifica familia, escuela, bueno una escuela normal por así decirlo”, sí, porque ellas deben concentrarse horas y horas para fraguar las batallas.

Mildred Maldonado no lo puede creer, “es algo muy bonito. No puedo describir este momento. Súper contentas. Es emocionante escuchar el himno nacional”.

De nuevo se juntan y lanzan el grito de batalla. Se abrazan y siguen con la emoción en el rostro. Han hecho grande una pequeña ilusión en Lima, ante un frío intenso y que se hace acompañar de una ligera neblina que cubre el templo en donde las mexicanas han hecho historia.

Aquí, en Villa Salvador, uno de los 43 distritos de Lima, que tal vez no sabe que un grupo de jovencitas, casi niñas, ha escrito su historia. Mildred se recoge el cabello y se marcha.