Fue Charles Miller el padre del futbol brasileño

Charles Miller fue el primer brasileño en dominar en serio y con disciplina el complicado arte de controlar una pelota de cuero y realizar jugadas que hoy pertenecen al museo de la historia del balompié mundial.

De padre inglés y madre escocesa, nacido en el municipio paulista de Brás, no sólo enseñó las reglas inventadas en Londres en 1863 -hace un siglo y medio- e hizo goles atronadores, sino que fundó el primer equipo organizado y puso en marcha, con el alemán Hans Nobiling, el primer campeonato disputado en Brasil en 1894, reorganizado y con reglas más estrictas en 1902.

A ellos se sumó el británico-carioca Óscar Cox, quien ese año puso en marcha la celebérrima rivalidad Río-Sao Paulo entre cuadros aguerridos que componían las incipientes ligas locales que, jubilosos, jugaban en potreros terregosos y lodazales infames, pero que dejaron de existir hace muchísimos años.

Y sin embargo, en los anales históricos del futbol de Brasil quedó, entre otros, el nombre del Sao Paulo Athletic Clube, monarca tricampeón -1902, 1903 y 1904-, fundado, dirigido y siempre encabezado por Miller, quien en 1911 lanzó la iniciativa de profesionalizarlo.

Miller compartió esa idea con los socios del Paulistano, Mackenzie y Germania, en un deporte cuyas raíces crecieron profundamente y para siempre, haciendo que día a día creciera la pasión nacional por el futbol y, si se considera que la primera Copa del Mundo fue en 1930 en Uruguay, el promedio fue de un cetro universal cada 16 años en su primer siglo de existencia en Brasil.

Charles trajo al país las primeras pelotas de las marcas Fussball, Dupont, McGregor y Shoot, propiedad de él y de jovencitos que habían estudiado en Europa, donde también aprendieron a jugar este deporte.

Aunque no empezaron a rodar sino hasta 1895 en un partido oficial en el que se enfrentaron el Sao Paulo Railway y el Team do Gás, venciendo el primero por 4-2, con tres goles de quien es considerado el padre del futbol brasileño en su fase más lejana.

Los únicos testigos de ese juego pionero fueron algunos conductores de la empresa local de tranvías y las mulas que tiraban de ellos, las cuales vieron invadido por muchachos de calzones larguísimos el histórico césped que les servía de pastura en las orillas de una urbe donde la industria, el comercio, el cultivo del café y el futbol florecían para orgullo de sus habitantes.

Charles Miller viajó a Inglaterra a los nueve años, volvió a los 18 y, en los juegos oficiales de su colegio londinense, marcó 41 goles en 25 partidos estudiantiles con ataques arrolladores, dribles rápidos y disparos sobre las marcha que lo llevaron a jugar al Corinthian, que inspiraría la fundación del Corinthians paulista.

A su regreso a Brasil, Miller se sorprendió de que pocos chicos jugaban futbol, de modo que empezó la catequización de sus compañeros de trabajo y de cricket para iniciarlos en el deporte de las patadas hasta conseguir el apoyo del Sao Paulo Athletic Clube y trasladarse del llano al campo Dulley, en el barrio de Bom Retiro.

Éste fue especialmente demarcado para la práctica del balompié entre los alumnos del equipo Mackenzie College, primer gremio deportivo formado, como Charles Miller, por hijos de ingleses nacidos en Brasil, es decir, de brasileños y para brasileños, aunque nunca fue campeón de nada, acaso de elegancia.

Integrada la llamada Associaçao Atletica por el capitán Miller, ésta aceptaría al tercer equipo fundado en la ciudad por Hans Nobiling, llegado a Sao Paulo en 1897, para hacer sólidos y vigorosos los primeros años de un futbol que hasta la fecha no se parece ni quiere parecerse a ningún otro.