Educación y amor, claves para erradicar violencia contra la mujer: CEM

La violencia lesiona a la familia y a toda la sociedad, sobre todo cuando va dirigida contra las mujeres, alertó la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), que consideró la educación como el medio clave para erradicar este mal.

Con ese mismo objetivo es necesario crear una red de amor y solidaridad, con apoyo de la oración, que permita defender la vida, la dignidad y los derechos de todas las personas.

El Episcopado advirtió que una de las expresiones más viles de esa violencia es la trata de personas, que afecta sobre todo a las mujeres y ha sido calificada por el papa Francisco como "vergüenza para nuestras sociedades que se dicen civilizadas".

"¡Y qué decir de la violencia que padecen tantas mujeres, provocada por el crimen organizado!", citó la CEM a través de un comunicado en la víspera del Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, proclamado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) el 25 de noviembre.

Los efectos de la violencia son muchos: lesiones físicas, miedo, dolor, confusión, desilusión, angustia, impotencia, soledad, odio, rencor y a veces hasta sentimiento de culpa, lo que puede hacer pensar a la mujer que no vale y que no hay esperanza, refirió.

Además de herir a la mujer, continuó, la violencia lesiona a la familia y a toda la sociedad, ya que aumenta la falta de respeto a la persona humana, a su vida y a sus derechos fundamentales.

Aunque la violencia puede tener diversas causas, ésta es una conducta que se aprende en casa y en la vida social, donde muchas veces se reduce a la mujer al rango de "objeto", advirtió la CEM.

Por ello exhortó a fomentar la educación, como medio clave para erradicar este mal. "Es preciso educarnos en el ámbito personal, familiar, de noviazgo, de amistades, de estudios, de trabajo y social, para valorar la dignidad de todas las mujeres, hablarles, hablar de ellas y tratarlas con respeto y justicia", expuso.

Se trata de luchar contra el grave mal de la violencia que afecta a miles de ellas y que lesiona a toda la sociedad, insistió el Episcopado Mexicano.

De esta forma, la CEM encomendó sus oraciones para formar "una red de amor y solidaridad para defender la vida, la dignidad y los derechos de todas las personas, y erradicar así el terrible mal de la violencia contra las mujeres".

En la edificación de una cultura así, abundó, las mujeres tienen un papel protagónico; "cada una debe descubrir su grandeza y vivir conforme a su dignidad, respetándose, dándose a respetar, respetando a los demás y exigiendo de todos el respeto que merece".

En este sentido, la Conferencia instó a denunciar, "y si alguna mujer es víctima de la violencia, ¡no deje de quererse! Pida ayuda y denuncie lo que le sucede, recordando que no está sola; todos estamos para ayudarla".

Además, citó al beato Juan Pablo II, quien constataba con dolor que "desgraciadamente el mensaje cristiano sobre la dignidad de la mujer halla oposición en la persistente mentalidad que considera al ser humano no como persona, sino como cosa, como objeto de compraventa, al servicio del interés egoísta y del solo placer".

Y es que la violencia reviste muchas formas: física, psicológica, sexual, moral o patrimonial, y puede manifestarse en humillaciones, burlas, gritos, insultos, amenazas, empujones, golpes, aislar a la mujer o controlar sus salidas, acosarla, forzarla a sostener una relación sexual contra su voluntad.

También se le discrimina laboral o salarialmente, es condenada a la pobreza, le obligan a emigrar e incluso le imponen parámetros de belleza que la presionan a arriesgar su salud y su vida, lamentó la CEM.