Rescata montaje infantil a alebrijes y títeres de varilla

La pesadilla que Pedro Linares tuvo tras una fuerte fiebre, en la cual el cartonero creador viaja a un bosque del inframundo, es retomada en la propuesta escénica infantil de "Cuanto canta un alebrije".

En el marco de las actividades de la 33 edición de la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil (FILIJ), la obra presentada por el Museo de Arte Popular (MAP) y la Compañía Teatral La Trouppe, busca rescatar el valor que tienen dos artes populares en la cultura mexicana: los títeres de varilla y los alebrijes-títeres, creados por los artesanos Susana Hernández e Isidoro Negrete Reynoso del taller Los Negretes.

Enriquecida por el colorido y la picardía del folclor nacional, la obra no sólo cuenta la historia del nacimiento de los Alebrijes, sino rinde un pequeño homenaje al artesano-cartonero Pedro Linares López.

Sin la presencia de actores y sí de títeres de varilla, el protagonista, (Pedro) transita con seres extraños, de colores, con alas, plumas y cuernos: los alebrijes, atrapando las miradas de los pequeños.

Engañado por el mismísimo Diablo, Pedro llega hasta el infierno, donde, demonios y seres históricos, le realizan un juicio para deliberar: Sí regresará y cómo, al mundo de los vivos.

De la mano de los trupos, la obra adentra a los pequeños a una narración en la que descubren la historia que guardan los alebrijes y después son testigos del desenlace del señor cartonero.

Y es que Pedro es tan distraído que en lugar de comprar un kilo de tortillas y dos chiles, llega a su casa con dos tortillas y un kilo de chiles, por lo que toda la semana deberá comer "tortillas con chile, chile con tortillas y chilaquiles".

Debido a su gran talento, el mismísimo Diablo se le aparece en medio de truenos, humo y relámpagos, para ofrecerle trabajo, pues el infierno anda mal, "ya no caen tantos clientes como antes" y requiere una gran estatua para decorar el Salón de las Llamas.

El chamuco desea algo diferente y novedoso, una estatua verde y no roja y ofrece a Pedro el pago por adelantado y hasta prestaciones de ley. El problema es que deberá estar en el infierno por tiempo indefinido, en realidad por toda la eternidad.

Como el "Libre Tratado de Almas" señala que para entrar al cielo o al infierno, se debe hacer por propio pie, el diablo decide engañar a Pedro y en una pesadilla lo lleva a la antesala del inframundo, un tétrico bosque donde conoce a simpáticos alebrijes que hacen un sonido extraño, un "tu, tu", para después empezar a cantar "tu, tuvimos un sirenito, justo al año de casados".

Allí, los alebrijes se presentan e interpretan una divertida canción, la cual dice que "cuando cantan los alebrijes, suceden cosas increíbles" y que ellos simplemente "son un sueño, que se hizo arte".

Tras este primer encuentro, donde surge cierta rivalidad, Pedro y uno de los alebrijes protagonizan un duelo, a través del canto de coplas muy al estilo de los ídolos del cine mexicano Pedro Infante y Jorge Negrete.

Enseguida, los alebrijes explican a Pedro que su espíritu se separó de su cuerpo y que para regresar a casa debe elegir entre dos puertas: una lo llevará de regreso a la Tierra y la otra, directo al infierno. Lamentablemente, Pedro elige mal y va a parar al hogar del Diablo.

Para salir del infierno, el protagonista aún tiene una oportunidad, llamar al Tribunal Máximo de Almas, conformado por Dante, Sor Juana y Nezahualcóyotl, ante el cual Pedro debe contestar tres preguntas hechas por el Diablo.

Instantes después, Pedro responde cada una de las preguntas, una de ellas es cómo obtener oro del plomo, a lo que contesta que yendo al Monte de Piedad, a empeñar soldaditos de plomo y con los recursos obtenidos, comprar un collar del metal dorado.

Al final, el protagonista puede regresar a su casa, donde su hermana asegura que sus vivencias sólo fueron un sueño, sin embargo, aparecen los divertidos alebrijes, para seguir cantando.