Depresiones, tormentas, huracanes, cíclicos en costas mexicanas

Con vientos sostenidos que pueden superar una velocidad de 200 kilómetros por hora, los huracanes causan cada año muertes y pérdidas materiales innumerables en varios países de América, El Caribe y Asia.

Este año, la temporada de huracanes en el Océano Pacífico inició el pasado 15 de mayo, mientras que en el Océano Atlántico fue el 1 de junio. Desde épocas remotas, México es golpeado cada año por estos fenómenos en ambas costas. El libro de leyendas quichés Popol Vuh se refiere al huracán como el "el más grande de los dioses".

Estos remolinos gigantes se forman en la superficie de los océanos cuando chocan corrientes de aire de diferentes presiones y temperaturas. Dependiendo del tamaño y velocidad es su capacidad destructiva, y para medirlos se utiliza la escala Saffir-Simpson.

Los huracanes o ciclones tropicales de categoría uno tienen vientos de 118 a 154 kilómetros por hora, que provocan que la marea suba de 1.2 a 1.5 metros. De esta clase fueron los recientes "Bárbara" y "Cosme".

La categoría dos se alcanza cuando los vientos llegan a entre 154.1 y 178 kilómetros por hora y ocasionan que la marea suba de 1.8 a 2.5 metros, de esta magnitud fue el huracán "Miriam" que tocó costas del Pacífico mexicano el año pasado.

En el listado jerárquico de los huracanes, la clase tres es cuando las corrientes de aire que oscilan entre los 178.1 a los 210 kilómetros por hora y alcanza marea de tormenta de 2.5 a 4 metros.

De esa magnitud fue el meteoro "Paul", que alcanzó esa categoría mientras se dirigía a la península de Baja California a finales de 2012.

Uno de los huracanes más devastadores ha sido "Paulina", el cual se originó en las costas de Oaxaca y alcanzó la categoría cuatro en 1997. A su paso provocó múltiples daños en este estado y Guerrero.

Un ciclón de clase cuatro en la escala de Saffir-Simpson es aquel que desarrolla vientos máximos que van de los 210.1 a los 250 kilómetros por hora y genera oleajes de 4 a 5.5 metros.

Los deterioros que causa este tipo fenómeno, de acuerdo con el Servicio Meteorológico Nacional son: desprendimiento de techos en viviendas; erosiones importantes en playas, cauces de ríos y arroyos. Daños inminentes en los servicios de agua potable y saneamiento.

La categoría más peligrosa de un meteoro es la cinco, en la que se presentan vientos mayores a 250 kilómetros por hora y marea de tormenta mayor a 5.5 metros, lo que ocasiona daños severos a las residencias y edificios industriales, consecuencias vistas en el 2005 cuando "Wilma", huracán de esta magnitud, tocó las costas mexicanas y de Florida, Estados Unidos.

De acuerdo con la Comisión Nacional del Agua el área nubosa cubre una extensión entre los 500 y 900 kilómetros de diámetro, produciendo lluvias intensas, además destaca que el ojo del huracán alcanza normalmente un diámetro que varía entre 24 y 40 kilómetros, sin embargo, puede llegar hasta cerca de los 100 kilómetros.

La publicación "Teoría sobre la formación de ciclones tropicales" de la Secretaría de Marina-Armada de México (Semar), específica de manera breve y clara cómo se origina un ciclón tropical.

"Los ciclones se forman y se intensifican cuando están situados sobre océanos tropicales o subtropicales en ambos hemisferios, en donde la fuerza de rotación de la tierra es suficientemente fuerte para que se inicie el movimiento de rotación alrededor del centro de baja presión y cuyas temperaturas de agua a nivel de la superficie son de 27 grados centígrados o más".

En cuanto a las etapas evolutivas de este fenómeno, la Conagua precisa que un huracán va precedido de cuatro fases: perturbación, depresión y tormenta tropical, cuyo grado superlativo es un huracán.

Por su ubicación geográfica, el Distrito Federal, rodeado por una cadena montañosa, son casi nulas las probabilidades de que un meteoro cause estragos como en las costas, sin embargo, se perciben las consecuencias en lluvias, torrentes e inundaciones, que afecta a los capitalinos cada temporada de tormentas tropicales.

En este sentido, el Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred) en el folleto "Inundaciones" indica que una anegación es la consecuencia de una precipitación que causa un aumento en el nivel de la superficie del agua, lo que origina daños en la población.

Aunque son diversas las razones que provocan las inundaciones, el Cenapred detalla que en el periodo comprendido de mayo a noviembre, la época de ciclones tropicales, es el móvil principal.

Al tipo de anegaciones que ocurren a causa de la lluvia se les conoce como inundaciones pluviales y se caracteriza por la acumulación abundante de agua en el suelo.

Aunque es complicado establecer cuántos milímetros de agua provocan una inundación, si es posible prever que ésta se presentará en la medida de que la lluvia tenga mayor duración o sea más intensa.

Las precipitaciones acuosas, que son benéficas para el planeta, cuando caen en exceso se pueden convertir en dañinas, pues ocasionan inundaciones severas, perjudica las producciones agrícolas y las zonas urbanas.

En ese sentido, una precipitación pluvial se califica con respecto a la cantidad de precipitación por hora (mm/h), precisa el Instituto Mexicano de Tecnología del Agua (IMTA).

El IMTA señala que es débil cuando su intensidad es menor o igual a dos milímetros por hora, moderada cuando es mayor a dos y menor o igual a 15 milímetros por hora.

Detalla que es lluvia fuerte cuando es mayor a 15 milímetros y es igual o menor a 30 milímetros por hora; mientras que se clasifican como muy fuertes las que son mayores a 30 milímetros y menor o igual a 60 milímetros por hora.

En la capital mexicana, además de la precipitación pluvial, otros factores son los que coadyuvan para ocasionar un encharcamiento, como la falta de un sistema de drenaje que capte más agua o la irresponsabilidad de sus habitantes que al tirar basura en las calles generan que las coladeras se tapen.

Más allá de las consecuencias que pueden ocasionar los huracanes en las costas y las lluvias, chubascos, tormentas o trombas en otras latitudes del país, es posible prevenir para minimizar los estragos de estos fenómenos naturales, más aún, en esta época de ciclones tropicales.

Una de las acciones que se deben emprender para mitigar los remanentes de los acontecimientos hidro y meteorológicos es mejorar las obras de ingeniería urbana, exhortar a la población a que se informe sobre estos eventos, así como mantener y ampliar la infraestructura hidráulica, recomienda el IMTA.

Asimismo abunda que es importante la cooperación entre las instancias gubernamentales para salvaguardar a los habitantes que viven en zonas de alto riesgo.