Se devela el flautista Horacio Franco como intérprete de jazz

Dentro del Ciclo de Conciertos que organiza el Lunario del Auditorio Nacional, Horacio Franco (flauta de pico), Abraham Barrera (piano y clavecín), Aaron Cruz (contrabajo) y Adrían Oropeza (batería) ofrecieron anoche una velada de "jazz barroco", la cual sirvió como pretexto para presentar el disco "H 3 A" (Fonarte, 2013), donde el virtuoso concertino Franco, director de Capella Cervantina, debuta como jazzista.

Formato singular de cuarteto de jazz por la inclusión de clavecín y flauta dulce. Franco no necesita presentación: uno de los artistas mexicanos más acreditados a nivel mundial, especialista en música antigua, renacentista, barroca, colonial latinoamericana, folclórica y popular.

Barrera, pianista graduado de la Escuela de Nacional de Música (UNAM) con reconocida trayectoria en las plazas del jazz mexicano; Cruz, bajista y contrabajista de formación autodidacta con más de 20 años de trabajo en escenarios de México, Estados Unidos, el Caribe, Europa y Sudamérica; y Oropeza, baterista licenciado en Jazz por la Escuela Superior de Música del Instituto de Bellas Artes (INBA) de presencia frecuente en festivales nacionales e internacionales.

Ayer escuchamos a un ensamble de reconocido oficio. Lo clásico empalmado con las síncopas de New Orleans y con lo popular afrocubano (danzón). Ejecución de ocho piezas rubricadas por Barrera desde palpitaciones neoclásicas y aires barrocos de singulares concordias.

Empezó el festín con "Elocuencia", una composición suscrita en sonoridad de habanera/danzón que la flauta de Franco dilucida con suaves silbos: construcción melódica de blanda belleza y sutil prosodia barroca. El clavicémbalo de Barrera conformó un solo bachiano que reta a la flauta a un remate de articulaciones procelosas.

Prosigue "Franco", fantasía instrumental --dedicada al flautista-- de vigores vivaldianos en el preludio, e intermedio bop y tumbao afrocubano en el solo del piano. Habla de facundia de un Franco animado por senderos sincopados. Cruz irrumpe en la coda con solo de ánimo carteriano que pone el Lunario en vilo.

"El pintor": flauta y clavecín suscriben contrastes de raigambre haydniana/mozartiana en la edificación de una atrayente melodía de "adagioso" trazo. Clavecín en discurso de azaroso rumbo evansiano. "Primeros latidos", clavecín en prólogo florido y lúdica entrada de la flauta piccolo en trinos provocadores.

Habían pasado unos 40 minutos de la recepción y todavía no se escuchaban, propiamente, referencias jazzísticas. De momento, los gorjeos de Franco se asomaron por los albedríos del jazz en la coda de "Primero latidos", pero desde los diseños de la música de concierto. Los solos de Barrera en el clavicémbalo intentaban conformar un "clima neworleansiano", pero las "limitaciones" del instrumento se lo impedían.

Reanudó el espectáculo "Danilo", huapango que el cuarteto glosa con liberadora concepción en cadencias de compás ternario muy bien signado por bajo y batería. El piano hace mudanzas a una invitación bailable de 6/8 (huapango norteño) y cede el tempo a la flauta (elocuente arenga jazzística) que florea el motivo melódico desde prodigiosas escalas.

Siguen "Por amor al arte" (espléndido tributo a Bach; coda en frondoso diálogo entre el clavecín y el contrabajo) y "Aquel amigo" (hermoso motivo melódico: arropador "adagio", cántico que el contrabajo asume con maestría y la flauta apostilla con vehemente habla). "Coincidencias" (Adrián Oropeza) ultimó el agasajo: composición dentro de parámetros de bebop que Franco aprovecha para "jazzear" con loable resultado.

El mejor momento del recital en una exposición de cruzamientos elípticos del tempo armónico que dan como resultado un seductor y axiomático timbre: solo de contrabajo que hace referencia a Brown/Haden/Holland; batería haciéndole guiños a DeJohnette y piano en abrazos silverianos.

Ovación. Algunos alzan sus copas de vino y sus vasijas de tequila: gritan elogios a Franco. Encore: un danzón de Barrera dedicado a su profesora cubana de piano Ninowska Fernández-Brito y, por insistencia de los asistentes, una descuidada interpretación del estándar basado en la canción francesa "Las hojas muertas", de Jacques Prévert/ Joseph Kosma.

Delirio del público que compra --larga fila en el vestíbulo-- el disco "H 3 A". El crepúsculo adornó una velada harmoniosa que poco tuvo de jazz; pero, sí mucho virtuosismo técnico de Horacio Franco en la flauta de pico. Valió la pena.