Sufren en Río de Janeiro triunfo de Brasil sobre Uruguay

La gente que asistió al estadio Mineirao en Belo Horizonte no sufrió sola, estuvo acompañada por millones en todo el país y Río de Janeiro no fue la excepción, ya que se vivió al máximo el duelo de semifinales de la Copa Confederaciones entre Brasil y Uruguay.

Poco antes de que comenzara a rodar el balón en el estadio Castelao, la actividad en el centro de esta ciudad disminuyó en gran medida, ya que muchos buscaron el sitio adecuado para ver este duelo de semifinales de la Copa Confederaciones Brasil 2013.

Inclusive, las amas de casa se olvidaron de hacer la compra de la despensa o lo hicieron sin buscar mejores ofertas o, de plano, ahora no le regatearon a los vendedores de fruta y verdura.

Su prioridad era estar en casa para poder seguir las acciones del encuentro, mientras preparaban la feijoada o la picanha para el jefe de la familia, sin saber que éste seguramente ya estaba con sus amigos en algún bar con cerveza en mano.

Pequeños bares y restaurantes de mayor jerarquía se convirtieron en el resguardo de la mayoría de los aficionados al futbol, quienes no dudaron en exprimir un poco sus dañadas carteras ante la proximidad del fin de mes, para poder apreciar en vivo este juego.

De hecho, algunos ya no regresaron a sus oficinas, se tomaron la tarde para seguir las incidencias y con el triunfo consumado echarse la "caminera", aprovechando que este jueves no hay manifestaciones en esta ciudad y, por lo tanto, no hay avenidas cerradas.

La explosión de cohetones, que parecen haber sido importados directamente de Tultepec, Estado de México, retumbaron en las calles, como muestra de la alegría por el triunfo.

La algarabía fue señal inequívoca de que este deporte no se olvida, más allá de la inconformidad que muchos expresan por la inversión hecha para la Copa del Mundo 2014 y el descuido que hay en los sectores de transporte, salud y educación.