Benedicto XVI, un "monje protagonista" en el Vaticano

Pese a que transcurra sus días como "monje", retirado en una residencia en la parte norte del Vaticano, el Papa emérito Benedicto XVI no desapareció y en los últimos días ha protagonizado -voluntaria o involuntariamente- diversas actividades.

El más reciente de los actos, que tuvo a su figura como centro de atención, se llevó a cabo este lunes en la Casina Pío IV, un histórico edificio ubicado en el corazón de los Jardines Vaticanos y que es sede de la Pontificia Academia para las Ciencias.

Allí mismo, la mañana de este lunes, el Papa Francisco develó un busto de bronce en su honor y, durante un discurso, expresó una "emoción gozosa" por el "reconocimiento y gratitud" que representa la obra del escultor Fernando Delia.

"Este busto de Benedicto XVI recuerda, a los ojos de todos, la persona y el rostro del querido Papa Ratzinger. Recuerda también su espíritu: el de sus enseñanzas, de sus ejemplos, de sus obras y de su devoción a la Iglesia, en su actual vida monástica", dijo Jorge Mario Bergoglio.

"Este espíritu, lejos de desmoronarse con el pasar del tiempo, aparecerá de generación en generación cada vez más grande y poderoso. Benedicto XVI: un gran Papa. Grande por la fuerza y la penetración de su inteligencia, grande por su relevante contribución a la teología, grande por su virtud y su religiosidad", agregó.

El Pontífice destacó que el "amor por la verdad" de Ratzinger no se limitó a la teología y a la filosofía, sino que se abrió a todas las ciencias.

Añadió que, de él, no se podrá decir que el estudio y la ciencia hayan "secado su persona y su amor hacia Dios y el prójimo" sino al contrario, más bien la ciencia, la sabiduría y la oración "dilataron su corazón y su espíritu".

Por ello agradeció a Dios "por el regalo" que hizo a la Iglesia y al mundo con la existencia y el pontificado del Papa Benedicto.

Además de un reconocimiento a su antecesor, el discurso pronunciado este día por Francisco constituyó el sello definitivo a la "normalización" de la convivencia de dos Papas en el Vaticano, con un emérito que lejos está de vivir encerrado y sin contacto con el mundo.

El primero en convencer a Ratzinger sobre la importancia de su presencia, discreta pero real, ha sido Bergoglio. El Papa reinante en persona le ha convencido para que reciba visitas e incluso aparezca en público.

La más reciente ocasión data del 19 de octubre pasado, durante la misa con la cual Francisco clausuró la asamblea extraordinaria del Sínodo de los Obispos y proclamó a Pablo VI como beato de la Iglesia católica.

Como en varias ocasiones previas, el Papa emérito apareció en la Plaza de San Pedro y se sentó a un costado, junto a cardenales y obispos. De todas maneras su presencia captó la atención, especialmente porque Bergoglio lo saludó con calurosos abrazos al inicio y al final de la ceremonia.

Estos gestos han reforzado la "normalización" del emérito y han, de hecho, alejado las especulaciones de una posible convivencia incómoda entre ambos.

En este proceso han tenido su parte tres mensajes de Benedicto conocidos en los últimos días: dos dirigidos a auditorios universitarios y uno, quizá más privado, dirigido a un grupo de fieles seguidores del rito antiguo de la misa en latín.

"Mi estado de 'monje de clausura' no me permite una presencia exterior. Salgo de mi clausura solamente en casos particulares, invitado personalmente por el Papa", respondió Ratzinger a los participantes en una peregrinación a Roma de los feligreses que siguen el rito antiguo autorizado por su decreto "Summorum Pontificum".

Así Benedicto declinó una invitación a participar en las actividades de los peregrinos. Por otra parte no declinó escribir un saludo al congreso internacional "El respeto por la vida, camino para la paz", organizado en la Pontificia Universidad Bolivariana de Medellín (Colombia).

"El compromiso por la paz -tan fundamental en un mundo acosado por la violencia- comienza con el respeto incondicional de la vida del hombre, creado a imagen de Dios y así dotado con dignidad absoluta", indicó en ese texto.

El otro mensaje lo envió a la Universidad Urbaniana de Roma, que intituló en su honor el aula magna. En el mismo se refirió a una concepción "letal para la fe", que considera a las diferentes religiones como variantes de una única e idéntica realidad.

"La fe pierde su carácter vinculante y su seriedad cuando todo se reduce a símbolos intercambiables, capaces de aludir de lejos al inaccesible misterio divino", reflexionó.

Al mismo tiempo aclaró que los cristianos anuncian a Jesús "no para procurar a nuestra comunidad la mayor cantidad de miembros posible; y mucho menos por el poder".

"La Iglesia crece no por proselitismo, sino por atracción. Así pues, la Iglesia no se plantea el problema de los números, de la estadística, no estudia estrategias de mercadeo, sino que ofrece el testimonio de la belleza y de la plenitud de la vida cristiana, sin preocuparse por conquistar espacios de poder", apuntó.