Pequeñas niñas momificadas son guardianas de Santa Elena, Yucatán

Rodeadas por el misterio de su origen y de su muerte, así como por su fortuita localización y momificación, los cuerpos de cuatro infantas se han convertido en custodios y defensores de esta población de origen maya.

Con su descubrimiento en 1980, los abuelos creyeron confirmar la existencia de los "aluxes" -duendes mayas-, otros aseguraron que eran enanos.

Al encontrar los cuerpos durante unas obras en el templo franciscano de San Mateo, existió el consenso general de que estas niñas deberían permanecer en la comunidad para protegerlos de epidemias y enfermedades, posible causa de su propio deceso.

El antropólogo e investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), José Huchim Herrera destacó que la localización de 12 pequeños ataúdes en el templo parroquial -sólo cuatro de ellos recuperados y exhibidos-, son muestra de la amplia riqueza cultural e histórica que ofrece el sur de Yucatán.

Ubicado sobre elevación natural, el templo franciscano de San Mateo, edificado entre los siglos XVII y XVIII, alberga el "Museo de las momias de Santa Elena", un pequeño espacio, donde también se exponen elementos de los ritos funerarios que se practicaban desde la época Prehispánica hasta el siglo pasado.

"En 1980 se decidió cambiar los pisos de esta iglesia y al levantarlos muy cerca del altar, se encontraron 12 pequeños ataúdes", indicó Huchim Herrera, quien en la actualidad es el encargado de la investigación, preservación y restauración de la llamada Ruta Puuc.

Recordó que según narraciones del sacristán del templo católico, una vez localizadas las cajas mortuorias, la propia población decidió abrirlas, encontrándose en ellas los cuerpos de los menores, cuyas edades oscilarían entre los 2 y 8 años.

Convertidos hoy en motivo de exposición, cinco de los cuerpos fueron sacados de sus ataúdes y enterrados en el cementerio del pueblo; tres más fueron confiscados por la Procuraduría de Justicia estatal -sin que se conozca su paradero- y cuatro más fueron recuperados por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

Tras su descubrimiento, muchos pobladores consideraban que los cuerpos pertenecían a los "aluxes" -duendes mayas-, otros decían que eran enanos, sin embargo, nadie pudo establecer el origen exacto.

En 1865 y 1866, una epidemia de viruela negra diezmó a la población, lapso en que una colonia de alemanes procedentes de Hamburgo llegó a vivir en esta comunidad, en la cual, sus integrantes permanecieron poco tiempo por ser víctimas de rechazo de la población.

Sin embargo, otra de las teorías es que su muerte estaba asociada a la escasez de agua.

Una de las razones que hace suponer que los cuerpos de niños y niñas pertenecían a la comunidad alemana -aunque sólo se lograron recuperar el de cuatro niñas- se sustenta en el hecho de que los entierros en la iglesia sólo estaban destinados para la gente importante y los extranjeros.

Otra de las características, expone el especialista, es que estaban ataviados con ropones, gorros y otras indumentarias propias del siglo XIX y características de la gente con recursos económicos, como se demuestra en fotografías de la época.

Las cajas mortuorias, añadió, también dejaban ver un nivel económico alto de los deudos, ya que se elaboraron con cedro, estaban pintados de blanco y sobre este color, se dibujaban diversas figuras geométricas y flores, lo que no era propio de la población común.

Respecto al proceso de momificación, el investigador establece que fue un hecho accidental, asociado a diversos factores como el empleo de la cal, cortes en el fondo de los ataudes y a la utilización de hojas de roble.

En esa época, se acostumbraba que en la fosa se pusiera una capa de cal, para evitar olores; sobre ésta se colocaba el ataúd con el cuerpo del difunto, que a su vez, había sido puesto sobre una cama de hojas de roble.

El proceso de momificación parece que se debió al hecho de que todos los líquidos del cuerpo se filtraron al suelo por aberturas; a la vez que las hojas de roble contienen taninos que ayudaron a su conservación, que gracias a la cal estaban en un ambiente seco.

Luego de realizarse diversos estudios en la década de los 80, la población solicitó la devolución de las momias que estaban bajo resguardo del INAH, lo que se concretó en 2010, luego de que las autoridades crearon un espacio ex profeso, con las condiciones adecuadas para evitar que sufran deterioro por hongos.

Huchim Herrera estableció que aún queda mucho por saber de estas pequeñas, por ejemplo, su origen étnico y la causa de su muerte, ello mediante pruebas de ADN, pero también quiénes pudieron ser en vida, lo que habría que investigar en los registros parroquiales de la época.

Por lo pronto, estas niñas de Santa Elena, se han convertido en uno de los principales atractivos turísticos del Puuc, cuya ubicación es muy cercana a Uxmal, y una fuente de inspiración de numerosas leyendas, con las que la población trata de mantener vivas a estas pequeñas.