Definen importancia de registro de equinoccios para cultura Aztatlán

Con la localización de un observatorio astronómico vinculado con el culto solar en el sitio arqueológico del Cerro de Coamiles, un grupo de especialistas definió la importancia que tuvo para la cultura Aztatlán el registro de los equinoccios.

El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) informó que el hallazgo se efectuó en lo que representó uno de los centros rectores de la antigua civilización, ubicado en la costa central de Nayarit, donde también se llevaron a cabo monumentales obras de remodelación en la época prehispánica.

Mauricio Garduño Ambriz, arqueólogo del INAH, precisó que el hallazgo representa un significativo avance en cuanto a la comprensión de la connotación simbólica de la arquitectura ceremonial Aztatlán vinculada con el calendario solar y el ciclo ritual anual.

Agregó que hasta el momento los estudios del cerro, que comenzaron en 2005, se han centrado en las plataformas superiores: un sistema escalonado de terraplenes de grandes dimensiones donde se encuentran los principales conjuntos arquitectónicos de carácter ceremonial.

Dentro de este conjunto, en la Plataforma 5 o Acrópolis Norte, el cuerpo arquitectónico ubicado a mayor altura, se localiza el observatorio, del cual se cree fue edificado entre los años 900 a 1100 d.C., y que permaneció en uso por lo menos hasta mediados del siglo XIV.

Los antiguos habitantes modificaron culturalmente la cima del cerro recortando los afloramientos naturales para formar un bloque vertical a manera de estela, que funcionó como marcador solar de uso calendárico, detalló.

El diseño arquitectónico se basó en la observación y registro de la aparición del disco solar por el horizonte oriental en los equinoccios, lo que sacralizaba el lugar desde una perspectiva espacio-temporal.

La importancia simbólica que el registro de los equinoccios, el cual marcaba el inicio del ritual agrícola de carácter propiciatorio, también se confirma por la frecuente representación en esculturas cerámicas y en escenas pintadas en vasijas de uso ritual de "Xipe-Totec", dios solar vinculado con la etapa de primavera.

En la tradición religiosa mesoamericana, las montañas o pirámides escalonadas eran conceptualizadas como templos solares, en alegoría a los pasos o escalones por los que ascendía y descendía el sol en su tránsito diurno por la bóveda celeste.

Para los indígenas contemporáneos del Gran Nayar, esta asociación sigue vigente.

Garduño Ambriz indicó que también se ha excavado en la Plataforma 4 una plaza de uso ceremonial, donde se encontraron cuatro muros paralelos de contención correspondientes a cuatro etapas constructivas. Estas ampliaciones corresponden con el apogeo constructivo del sitio.

Las remodelaciones en el Cerro de Coamiles requirieron instituciones políticas centralizadas y mecanismos internos de control ideológico a cargo de los segmentos sociales de elite colocados en la cúspide de las jerarquías locales y regionales de la sociedad Aztatlán, refirió el especialista.