Exponen la colección de arte mexicano del magnate Jacques Gelman, productor de Cantinflas

Exponen la colección de arte mexicano del magnate Jacques Gelman, productor de Cantinflas

Retrato de la Señora Natasha Gelman (Portrait of Mrs. Natasha Gelman), 1943
Retrato de Natasha Gelman pintado por Diego Rivera (The Jacques and Natasha Gelman Collection of 20th Century Mexican Art. The Vergel Foundation. Conaculta/INBA  © 2013 Banco de México Diego Rivera Frida Kahlo Museums Trust, Mexico, D.F. / Artists Rights Society (ARS), New York)
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  • El millonario, de la nobleza rusa huída tras la Revolución Soviética, fue un gran mecenas y amigo de Frida Kahlo, Diego Rivera y otros artistas mexicanos.
  • Produjo casi todas las películas del cómico Mario Moreno, 'Cantinflas'.
  • Junto con su mujer, atesoró una enorme colección de piezas artísticas, que se convirtieron en objeto de envidias, robos, estafas y oscuras maniobras judiciales.

Jacques y Natasha Gelman eran dueños de una de las colecciones privadas más importantes de arte mexicano contemporáneo.

Les sobraba el dinero para comprar piezas de pintores como Frida Kahlo, Diego Rivera y José Clemente Orozco, cuya amistad, además, cultivaron y a quienes ayudaron como mecenas y protectores financieros.

Él había nacido en 1909 en San Petersburgo, en el seno de una familia de la nobleza rusa que había preferido escapar tras la Revolución Soviética de 1917.

Tras tantear con la fotografía y el cine en Francia, la cercanía de la II Guerra Mundial empujó a Jacques a una segunda emigración.

En 1938 llegó a México, donde se casó, tres años después, con Natasha Zahalka, una escultural rubia checoslovaca. Ambos eran de ascendencia judía, de modo que el regreso a Europa estaba descartado y adquirieron la nacionalidad mexicana en 1942.

24 películas de Cantinflas

Los Gelman amasaron una inmensa fortuna hasta que murieron —Jacques en 1986 y Natasha en 1998—.

Con el dinero que él ganaba con sus producciones cinematográficas —asociado en lo económico con la estrella que protagonizó 24 de ellas, el cómico Mario Moreno Cantinflas—, la pareja inició una colección de arte.

Eran pocos quienes podían permitirse tal afición en México a mediados del siglo XX y encontraron a buen precio obras de artistas europeos y, todavía a mejor cotización, de creadores nacionales.

La mansión de los Gelman era en la práctica un museo de arte mexicano Al fallecer tenían 85 cuadros de grandes maestros internacionales —la mayoría están en poder el MET de Nueva York y hay obras de, entre otros,  Renoir, Matisse, Kandinski, Modigliani, Picasso, Dalí y Miró— y más de un centenar de mexicanos. La colección era, en este segundo apartado, la mejor y más completa de las privadas.

La mansión de los Gelman en el Paseo de la Reforma de la capital se convirtió en un museo donde era posible repasar la historia y los estilos de todos los artistas de México durante el siglo, además de algunos que habían encontrado refugio en el país huyendo de la convulsa Europa, como la surrealista Leonora Carrington.

Según los dictados del corazón

La pareja, uno de los vértices de la vida social y de la farándula del país durante décadas, no se conformaba con adquirir cuadros según los dictados de su corazón —nunca se dejaron aconsejar por galeristas o marchantes y siempre trataban en persona con los artistas—, sino que encargaban retratos de ellos mismos. Rivera firmó uno de los más notables en 1943, Retrato de la Señora Natasha Gelman, con un sensual óleo en el que la millonaria descansa, reclinada en un sofá, rodeada de calas y vestida con un traje largo blanco, como si ella misma formase parte del grupo de flores.

La colección de arte mexicano de los Gelman se exhibe en Frida Kahlo, Diego Rivera and the Masterpieces of Modern Mexico (Frida Kahlo, Diego Rivera y las obras maestras del México moderno), que el Nelson-Atkins Museum of Art, en Kansas City (EU), acaba de anunciar en su programación cercana. La muestra, del uno de junio al 18 de agosto, estará acompañada por un ciclo de cine en el que se proyectarán algunas de las películas en las que Gelman estuvo involucrado.

Las obras nunca llegaron al museo

Las piezas que componen la deslumbrante colección privada fueron objeto de un rosario de envidias, maniobras judiciales, estafas y sucesos tras la muerte de los Gelman, que habían testado la cesión de las obras al patrimonio público mexicano. Llegó a construirse un museo en Cuernavaca para que albergase el legado, pero las obras nunca llegaron a sus paredes.

En el intento de rapiña de la colección hubo un asesinato En el caso, que, para resumir, se reduce a varios intentos paralelos de rapiña y que se prolongó durante varios años, intervinieron un hijo adoptivo de Cantinflas y un abogado relacionado con asuntos turbios y corrupciones, se registró el asesinato de un notario relacionado con el caso y desaparecieron cuadros. Los tribunales fallaron en 2009 que la colección debe ser administrada por el albacea señalado por Natasha Gelman en su testamento.

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