Remedios, la negra boliviana que salió de la miseria vendiendo chocolate

Remedios, la negra boliviana que salió de la miseria vendiendo chocolate

Remedios Pinto Ballivian, es una negra que desde hace 15 años se convirtió en microempresaria junto a sus hermanas para salir de la miseria y garantizar la educación de sus hijos con la venta de...

Remedios Pinto Ballivian, es una negra que desde hace 15 años se convirtió en microempresaria junto a sus hermanas para salir de la miseria y garantizar la educación de sus hijos con la venta de chocolate orgánico en la provincia de Caranavi Nor-Yungas, en la cordillera oriental de los Andes bolivianos.

Esta mujer con 49 años de edad, que siempre tiene una sonrisa dibujada en el rostro, es una madre cabeza de familia con cuatro hijas, tres de ellas profesionales (una chef, una comunicadora y una trabajadora social), así como una adolecente que sueña con ser artista de teatro y danza para mantener el legado de la cultura afro boliviana.

La región de los Yungas es el principal asentamiento del afro boliviano que se caracteriza por ser un valle con variaciones que están entre los 600 y los dos mil 500 metros sobre el nivel del mar en la cordillera oriental de los Andes y en donde se destaca la producción de coca, cítricos y cacao silvestre, un grano único en Sudamérica.

Es en esta región donde tuvo origen la microempresa familiar Chocolate Silverias, un producto transformado de forma artesanal que la familia ofrece en las calles, en las plazas de mercado, en las ferias agropecuarias de productos orgánicos en la provincia de Nor- Yungas y en Cochabamba.

Como la mujer líder de esta microempresa, Remedios ganó el premio “Relatos de Vida” del concurso que convocó en mayo de 2017 la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) denominado: “Historias de Mujeres Rurales en América Latina y el Caribe”.

Pero Remedios y sus hermanas en esa búsqueda y lucha por la equidad económica, social y cultural de las mujeres afrodescendientes empezaron hace 15 años a abrirse nuevos caminos, nuevos horizontes con esta microempresa de cacao silvestre, una de las materias primas alimentarias con una demanda creciente en el mercado nacional e internacional.

Este grano del Nor Yungas tiene la peculiaridad de ser silvestre/orgánico y representa una alternativa económica con bajo impacto ambiental para las familias y la comunidad, mejorando por un lado su calidad de vida y por otro fortaleciendo la identidad afro boliviana.

En la microempresa Chocolate Silverias de las hermanas Pinto Ballivian está escondida una historia de mujeres emprendedoras, que desde niñas lucharon contra el racismo, contra el desconocimiento de sus derechos humanos y civiles.

“Desde muy niña empecé a trabajar. Entré a la escuela hasta quinto básico en Caranavi, había racismo también y algunas niñas me preguntaban: ¿Tú por qué eres negra? Y yo les decía: 'Porque Dios nos ha hecho así' y las profesoras me decían que yo era negra porque era del barro negro hediondo”, recordó Remedios cuando Notimex la visitó en su casa ubicada en un modesto barrio en Cochabamba.

Remedios con sus trajes típicos con influencia africana, sus coloridas trenzas y collares, respira hondo, pero no puede contener las lágrimas cuando recuerda su niñez…mira al infinito y dice: “Nunca me voy a olvidar de esto porque está marcado en mi vida. Solo llegué hasta quinto básico porque yo tenía que trabajar para mis hermanas menores y ayudar a mi mamá”.

Guillermina la hermana mayor de la familia Pinto, fue la primera que salió de Caranavi con destino a Cochabamba para trabajar en las minas y luego Remedios también dejó su pueblo después de la muerte de su madre.

"Mi madre se murió y yo salí primero a Santa Cruz. Vivía en la calle, no tenía dinero, me vine con mis hijas, hemos dormido con mis hijas en la calle y Dios es tan grande y me encuentro con una amiga de infancia y me dice ¿Qué estás haciendo aquí?”

“He venido a trabajar pero no encuentro trabajo. Me lleva a su casa y me dice tienes que vender pescado. Te voy a enseñar”, recordó.

Su amiga de Santa Cruz de la Sierra le enseñó a vender “pescado de Villamonte y mis hijas entran a la escuela, entran al atletismo. Era un colegio particular de convenio y de ahí salen mis hijas y han podido estudiar sin que yo pague. Pero ha sido fuerte, muy fuerte”.

Remedios contó que sus hijas también empezaron a vender pescado en las calles para ayudar con sus estudios y con la frente en alto resistieron el racismo contra la población negra. “La discriminación en Santa Cruz es demasiado fuerte”, afirma.

En los días que vivieron en la calle, sus hijas “tomaban agua con pan o yupi como desayuno. Compraba cuatro panes por un peso y eso les daba”.

Después que sus tres hijas terminaron sus estudios escolares en Santa Cruz de la Sierra, gracias a la venta de pescado, viajaron a Cochabamba pero no encontraban trabajo y la discriminación contra las negros era igual que en el resto de Bolivia.

Cuando Remedios llegó a Cochabamba su hermana Guillermina le sugirió que trabajara con el chocolate, como se los enseñó su madre y empezó a traer desde Caranavi chocolate en barra, pero como “no podía viajar a cada rato, me traje algunos quintales de cacao y me puse a trabajar con mis hijas”.

“Puse los moldes y las hojas de plátano -dijo- y salimos a la calle a vender. Aquí la gente no los conocía y hemos andado por calles, tocando puertas y decirle a la gente para qué sirve el cacao, qué de bueno tenía el cacao y les hacíamos probar el cacao que llevábamos preparado. Se sufre, pero se puede”.

En esa época en Cochabamba, cuando Remedios salía a ofrecer sus pastas de chocolate, la gente se burlaba de ella y le decían: “Suerte negrita… Se pellizcaban y se reían de mi color. Y yo les decía 'pero ¿por qué se pellizcan?' y me decían que eso era suerte para ellas. Pero me compraban”.

Remedios recordó que en una ocasión un hombre le tocó los senos cuando le ofreció chocolate: “Yo quería romperlo. Yo quería sacar mi cartera y darle, pero no puedo rebajarme. Entonces le dije que tiene que haber mucho respeto, usted nació de una mujer y yo pienso que merezco respeto como su madre”.

“Usted no puede venir a tocarme los pechos. Esto es algo indignante, hasta con piedra quería darle. Salí enojadísima de ahí. Era un taller de mecánica y dije no voy a vender más. Pero por la necesidad tenía que vender y sacar adelante a mis hijas y seguir adelante”, apuntó.

A la iniciativa de la microempresa Chocolate Silverias se sumaron sus hermanas, tíos, primas y cada uno aporta en lo suyo en la cadena productiva: separación de las habas, fermentación, secado, tostado, molienda y la venta en las calles, plazas mercado y en las ferias de productos orgánicos en diferentes ciudades de Bolivia.

Así como Remedios garantizó el estudio a sus hijas, hay otros casos en la familia que hicieron lo mismo con el chocolate, como su hermana Natividad, que se siente orgullosa de presentar a su hijo Marcelo, que este año se graduó de médico general.

Natividad es la responsable de la venta del chocolate en las plazas y en las ferias de productos orgánicos y como Marcelo aún no se emplea como médico, es el nuevo socio de la microempresa, y dejando su timidez todos los días sale a vender chocolate. Se ha convertido en un orgullo de la familia.

En la familia Pinto todos están en algún eslabón de la cadena productiva y hasta Suiza ha llegado el Chocolate Silverias, de la mano de Silvana, una de las hijas de Remedios, quien es chef y casada con un suizo que conoció vendiendo sus chocolates en una de las calles de Cochabamba.

Pero Remedios y toda su familia no solo son microempresarios del chocolate orgánico, son defensores de la cultura afro boliviana de los derechos de los negros que solo en 2009 fueron incorporados a la Nueva Constitución Política del Estado.

En esta nueva constitución el Pueblo Afro boliviano es considerado como sujeto jurídico, individual y colectivo, lo que le está posibilitando constituirse como un nuevo actor político en el ahora denominado Estado Plurinacional.

“Para mí -dijo- es un orgullo ser negra, es algo que no puedo explicar con palabras. Es algo fuerte que va con mi identidad, con mi cultura con mi raza, con mi gente. Eso es ser negra (…) muestro mi cara, me gustan que me digan negra, me encanta”, enfatiza con orgullo.

Ese orgullo de su origen africano lo vive y lo siente en su corazón y en su piel y siempre está cantando y bailando con sus hijas “La Saya”, el ritmo negro himno de los Yungas que viven en los Andes bolivianos.

"El ritmo negro de corazón/ el ritmo negro/ saya boliviana saya/saya de los yungas/ eh,eh,eh,eh,eh,eh,eh/ El ritmo negro de corazón (…) / afro boliviana, sabor moreno/ vamos a bailar la saya del ritmo negro/ que no se acabe la fiesta de los morenos/eh,eh,eh,eh,eh,eh,eh/El ritmo negro de corazón”, canta Remedios con desenfado.

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