Trapiche “La Palmereña”: Resistencia de mujeres afro premiado por la FAO

Trapiche “La Palmereña”: Resistencia de mujeres afro premiado por la FAO

Un grupo de 17 mujeres y ocho hombres afrocolombianos -víctimas de la guerra que sacudió Colombia por más de cinco décadas- se organizaron en 1993 para trabajar en proyectos productivos y mejorar la...

Un grupo de 17 mujeres y ocho hombres afrocolombianos -víctimas de la guerra que sacudió Colombia por más de cinco décadas- se organizaron en 1993 para trabajar en proyectos productivos y mejorar la calidad de vida de su comunidad, defender su territorio y su cultura.

La iniciativa se concretó en la Asociación de Productores Las Palmeras (Asolpas), ubicada en la vereda El Palmar del municipio de Santander de Quilichao, en el departamento del Cauca en el sur-occidente de Colombia -una de las zonas donde se vivió con gran crueldad la lucha con la guerrilla izquierdista y los paramilitares de extrema derecha.

Tres años después de que este grupo de mujeres y hombres conformaran Asolpas, pusieron en funcionamiento un trapiche comunitario que se conoce con la marca “La Palmereña” que hoy produce 28 toneladas de panela (que en México se conoce como piloncillo) al mes, genera 14 empleos directos y beneficia a 220 familias productoras de caña.

“La Palmereña” ya logró entrar a los almacenes de cadenas comerciales de Cali, la ciudad más cercana a Santander de Quilichao, y comenzó a exportar panela granulada orgánica al mercado europeo, especialmente a España e Italia.

Con estos logros Asolpas ganó este año uno de los premios del Concurso Regional Relatos y Experiencias de Mujeres Rurales y sus Organizaciones, que fue convocado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Asolpas ganó la categoría de Experiencias de Organizaciones, por ser un proyecto -según los requisitos de la convocatoria de la FAO- que “lucha por la igualdad y el derecho de las mujeres rurales a los recursos naturales, la salud, educación y el trabajo, entre otros”.

Es una iniciativa que valora lo colectivo y le da importancia al trabajo asociativo con logros y desafíos para trabajar desde la comunidad y reducir la brecha de género.

Pero son las propias mujeres y hombres de este colectivo quienes narraron a Notimex sus experiencias, sus angustias y los retos que tienen de cara al futuro con su trabajo comunitario.

Las líderes de este proyecto María Fernanda Carabalí, Adriana María Téllez, Maritza Gómez y el administrador del trapiche “La Palmereña”, Edgar Casanova, contaron que en los orígenes de Asolpas se encontraron con la apatía y resistencia de integrantes de la comunidad.

Pero con el tiempo mostraron resultados, rompieron con esquemas de pasividad y subordinación de las mujeres en sus núcleos sociales y familiares.

“La verdad tuvimos muchos problemas. Cuando empezamos nos reuníamos en la caseta comunal y nos quedamos hasta tarde y allí reunidos nos golpeaban las puertas. Nos tiraban piedras y nosotros –aun así- no desistimos y seguimos trabajando hasta que logramos lo que queríamos”, recordó la señora Carabalí.

Las críticas también llegaron de sus propios hijos que les decían: “Mamá si a vos te pagaran por todas las reuniones a las que vas, seríamos ricos”, recuerdan los fundadores.

Para Maritza Gómez, fiscal de Asolpas y del trapiche comunitario, la gente en El Palmar “no creía y pensaban que no se iba a dar. Nos decían que éramos gente “sin oficio” cuando hacíamos las reuniones. Nos decían que pasarían los años y no veríamos (realizado) el propósito que tuvimos”.

“Estamos demostrando que si era posible y ahora esa gente que no creía en nosotras, es la gente que más se ha beneficiado con el proyecto. Empezaron con 25 personas en 1993 y hoy hacen parte del proyecto 35 personas”, subrayó la fiscal del trapiche.

Pero estas mujeres piensan en el futuro y desde ya empezaron con una estrategia para vincular a sus hijos y otros jóvenes de la comunidad para que como socios de Asolpas entren a trabajar en la cadena productiva del trapiche.

Adriana María Téllez, es una mujer de estatura baja, gruesa, y siempre sonriente en las labores del trapiche. Está pendiente de las actividades culturales y ambientales de la comunidad.

En su opinión la minería ilegal que se instaló en el territorio de Santander de Quilichao, con la llegada de una población que oscila entre tres mil y cuatro mil personas, es uno de los grandes impactos negativos para el desarrollo de este tipo de proyectos.

El gran reto que tiene Asolpas, sostuvo Téllez, es trabajar con mucho esmero para evitar que la minería ilegal arrase con el proyecto y reducir al máximo sus efectos negativos.

La asociación también participa de forma activa para impulsar la conformación de consejos comunitarios en el norte del departamento del Cauca, en donde Santander de Quilichao, es el principal puerto seco de la región.

El grupo musical “Violines caucanos”, con una larga tradición, es el proyecto cultural más importante con el que cuenta Asolpas y en tres ocasiones consecutivas ganó el primer lugar del prestigioso festival de música del Pacífico “Petronio Álvarez”.

“Aquí decidimos sacar adelante a nuestra comunidad. Nosotros somos orgullosamente afros, afrocolombianos”, enfatizó Adriana María Téllez, con su sonrisa y espíritu que contagia de energía, de perseverancia, a una comunidad que resistió a la voracidad, impuesta por los barones de la guerra.

Estas mujeres se muestran orgullosas de ser negras y junto a sus hombres de raza también fueron capaces de expulsar con acciones de resistencia pacífica, las retroexcavadoras que pretendieron muchas veces en horas de la madrugada entrar a su vereda.

Ellas, simplemente con su presencia altiva en las vías de acceso, lograron hacer retroceder las máquinas. Estas acciones fueron y son la defensa de su territorio, la protección del agua, la lucha contra el cambio climático, banderas que están en el ADN de Asolpas y en el trapiche “La Palmereña”.

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