'La metamorfosis': cien años después sigue siendo 'desafortunadamente' actual

Ilustración de Scafati
Ilustración de ´La Metamorfosis´ (Scafati)
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  • Un siglo se cumple este 2015 de la publicación de la obra cumbre de Kafka.
  • Una novela corta que reflejó la angustia del hombre moderno como pocas.

Como un insecto repugnante: querer serlo, querer estar en tal caparazón sin nombre, llevó a Franz Kafka (Praga, 3 de julio de 1883 – Kierling, Austria, 3 de junio de 1924) a crear su gran obra y una manera de dar nombre a un sentimiento universal. Y muy propio de la modernidad y sus avances y todos los amarres que acumulamos, quizá no todos, pero sí unos cuantos, que han deseado convertirse en un animal como el de La Metamorfosis (o para ser más justos y exactos a la traducción: La transformación).

Gregor Samsa y ese hombre que se vuelve bicho y huye así de todas las obligaciones pero a un elevado precio; obligaciones demasiado parecidas a las de su creador, Kafka, sin tiempo para escribir por un trabajo en una compañía de seguros que le dejaba sin márgenes. Y él, que era margen, y que conocía bien los pasos que no daría fuera de sus textos, al fin logró ser bicho y así hacerlo, escribirlo y con ello dar a la historia una de las obras más famosas de la historia.

La historia ya ha sobrepasado algo su mitad no estoy descontento de ella, pero resulta ilimitadamente repugnante...Era 1912, 23 de noviembre, cuando escribió a Felice Bauer: "Querida: ¡Qué historia extraordinariamente repugnante es la que acabo de dejar, para recrearme ahora pensando en ti! La historia ya ha sobrepasado algo su mitad y en líneas generales no estoy descontento de ella, pero resulta ilimitadamente repugnante... No te entristezcas por ello, porque, quién sabe, cuanto más escriba y cuanto más me libere, más puro y digno seré quizás de ti. Pero a buen seguro todavía queda mucho por desarraigar de mí, y las noches no pueden ser lo bastante largas para esta tarea, por lo demás en extremo voluptuosa".

Ni La Condena ni América llegarían tan lejos ni conquistarían esa magnífica repugnancia que daba nombre al sentir de muchos de los hombres modernos, sepultados en y por sus horarios, rutinas, obligaciones, deberes (que no derechos)... Y por los lunes... Esos lunes que en el autor de El proceso culminaron en el del 5 de noviembre de 1912, cuando Samsa le sujetó con tanta su fuerza que acabó poseyendo sus paréntesis.

Un bicho que no quiso el escritor que fuera representado nunca en portada, para Kafka la opción era un hombre torturado, parecido al de El Grito, De Munch. Sí, las torturas se tocan (casi) siempre.

Así Kafka se vuelve Samsa y con ello, al menos para muchos, da forma a la angustia más que existencialista. El ahogo de lo cotidiano, la imposibilidad de escape. Y en el caso del escritor además hay que añadir su timidez, su ahogo, su tortura interior (y también exterior) y sus desencuentros familiares además de una inseguridad que aunque asfixiante fue la madre de su arte.

Un arte que no se agotaría en o con Samsa, El proceso (1925) o El castillo (1926), inacabados o no, son obras también capitales del escritor. Y la angustia, el sello, la marca, y el detonante de una obra que hizo de puente y catarsis, sin que se notara jamás que ese laberinto era el propio.

En Carta al Padre (1919) Kafka explica la ansiedad provocada por un progenitor que lo consideraba un parásito, una carga, un ser incómodo. Ese repulsivo animal que el hijo creó ¿a imagen y semejanza de lo que el progenitor 'dibujaba'? Acabaría reconciliándose con él, pero marcó su vida, también la muerte en su niñez de dos hermanos, y su obra. Una obra que apenas vio publicada en vida pero que le granjearía fama mundial y posiblemente eterna. ¿O es posible imaginar un siglo XXII o XXIII sin Kafka?

La historia, real que no leyenda, de que el autor pidió a Brod, su amigo y editor, que quemara todo lo escrito cuando muriera (hecho que se produjo en 1924) no se cumplió.

La pregunta es: ¿de verdad quería quemarlo? Y si así era, ¿por qué no lo hizo él? En cualquier caso, incluso habiendo llevado a cabo la palabra pedida del escritor checo descendiente de judíos que escribía en alemán La metamorfosis sí había sido publicada en vida. Hace este año exactamente 100 años que lo publicaba en una revista, tres años después de haberlo concluido y haberse quedado en un cajón a la espera del editor. Un centenario que editoriales y exposiciones no han edsaprovechado y de las que hay auténticas maravillas, pero hay una muy especial, la edición de La Metamorfosis ilustrada por Scafati y publicada por Libros del zorro rojo.

Lo más triste de todo, cien años después y aunque estemos de cumpleaños: sentir que Samsa podríamos ser (o quererlo) casi cualquiera.

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